Diario de La Provenza VII – Bonnieux y Lourmarin, la Provence très chic

Nuevo día, nueva ruta. Hoy nos adentramos en la Provenza más chic, nuestro destino es Aix en Provence, capital de la Provenza, cargada de un importante patrimonio cultural e histórico, musa de Cézanne e importante hito cultural del sur de Francia.

Marlene (la voz afrancesada del GPS) nos recomienda ir por autopista por lo que los paisajes no son tan cercanos. Hoy realizamos la ruta más larga en kilometros, Aix es puerta de entrada a la región de Luberon en el centro de la Provenza. El día amanece nublado pero hace bochorno. 

Mi compañero de viaje me comenta que él ya ha estado en Aix, que es muy bonita y con una rica vida universitaria. Una pequeña ciudad cosmopolita del sur de Francia, de ambiente exquisito, burguesa y tremendamente coqueta (me temo que hay que tener un buen bolsillo para vivir aquí).

Aix es una postal de la Provenza, retratada en innumerables cuadros de Cézanne, uno de sus vecinos más conocidos. Durante la época universitaria su población se triplica y hace de la ciudad un lugar con mucho ambiente. Eso me tranquiliza, como estamos en verano me imagino que todo el mundo esta de vaciones y que no habrá mucha gente…, cuan equivocada estoy.

¡Eva, Aix es ciudad de veraneo para los franceses! después me acordé que cuando estudiaba francés, los protagonistas de mis libros siempre veraneaban en Aix en Provence.

Nuestro intento de pasar el día en Aix ha sido un pequeño fracaso, al llegar a la ciudad, que realmente promete, nos hemos encontrado con calles cortadas, aparcamientos completos, cantidades infames de turistas bajando de cantidades infames de autocares.

Es día de mercadillo y Aix parece descolocada, un terrible caos se ha operado de esta tranquila y sosegada villa provenzal. Después de no se cuantas vueltas, después de no se cuantos intentos fallidos de aparcar y un poco hartos, decidimos que ya vendremos a Aix con más calma en otra época. ¡Una pena ya que la ciudad promete!

El Luberon y sus encantadores pueblos provenzales

Al encuentro con los pueblos del Luberon

Salimos de Aix con cierto mal sabor de boca y decidimos adentrarnos en la provenza pura. Nuestro nuevo destino son los pueblos de Luberon. Creo que ha sido un golpe del destino que no pudieramos quedarnos en Aix ya que el resto de pueblos y paisajes que hemos recorrido hoy ha sido espectacular.

Pequeñas colinas, campos de girasoles, de lavanda, de hierbas provenzales, olivos de color plata, maizales de colores verde y dorado dignos de un buen cuadro impresionista.

Marlene (dulce voz afrancesada del GPS) nos va indicando alegremente la ruta. Entramos en el departamento de Vauclause.

No paro de hacer fotos desde el coche. ¡Si eres amante de la fotografía aquí mueres de saturación! La climatología ayuda mucho porque pasamos de un sol intenso a nublados plateados que acentúan aún más la fotogenia. El esplendor de La Provenza que todos tenemos en la cabeza se encuentra aquí.

Tras un apacible trayecto llegamos a Bonnieux, encalamado en una colina, el pueblo parece salido de las manos de un jugador de Lego. Casas cuadradas colgantes, diferentes cubos de color miel, ocre y azul, realizan un curioso mosaico.

Aprovechamos para hacer unas fotos panorámicas y de repente a nuestra memoria nos viene un recuerdo de una película que hemos visto hace poco, “Un buen año”, protagonizada por Russell Crowe.

Bonnieux, una joya del Luberon

Bonieux y los pueblos de Luberon existen para ser disfrutados (la próxima vez que venga por la zona me alquilo una bici o rutas a caballos o hago senderismo). Son pueblos con encanto, ideales para callejear sin rumbo fijo. Tenemos suerte y los turistas son escasos, ¡deben estar todos en Aix en Provence!

La primera parada la hacemos en un conjunto de coquetas terrazas-restaurantes con unas vistas impresionantes en las que decidimos quedarnos a comer. 

A lo lejos se ve la localidad de Lacoste (vaya, de aquí debió salir la famosa marca del cocodrilo). En la terraza descubrimos que, tal y como habíamos sospechado, este pueblo sirvió de plató para la película mencionada. Sonreímos pensando que Russell Crowe, estuvo aquí.

El menú ha sido exquisito y muy abundante. Lo más recomendable en Provenza es pedir un segundo y compartir una ensalada de primero ya que los platos son descomunales. ¡Qué rica, sabrosa y saludable es la gastronomía provenzal!

La chica que nos sirve es muy agradable y su francés musical me encanta. Bicho recibe su ración de agua fresca.

Terraza mirador en Bonnieux

Tras la comida, y como hoy no hace excesivo calor, nos dejamos embrujar por este pueblo de encantador toque chic. ¡No solo Aix en Provence lo tiene!

Subimos por unas estrechas y preciosas calles hasta el punto más elevado del pueblo que es el de más altura del Luberon. El esfuerzo merece la pena. En este punto tengo que decir que Bonieux gana de momento, por goleada, la competición de todo lo visto a lo largo de la semana provenzal.

El paseo nos ha llevado a un lugar mágico, un grupo de personas permanecen, al igual que nosotros, extasiadas con el entorno.

Un par de cipreses centenarios y las vistas que proporcionan a través de sus ramas infinitas obligan a que hagamos una parada. Podría quedarme aquí para siempre, cuanta paz transmite este lugar, los árboles son especiales, te limpian el alma.

Nos sentamos en un banco, el lugar inspira, sin apenas darme cuenta dibujo la perfecta simbiosis que hacen los árboles y el paisaje (el dibujo lo he hecho en el dorso de la tarjeta del restaurante donde hemos comido). Al acabar no me he podido resistir y me he abrazado a uno de los cipreses centenarios.

Paisaje a través de los cipreses

Sopla una fresca brisa y el sonido de la chicharra termina de definir este mágico lugar, pero, no será el único sitio encantador de este pueblo. Tras relajarnos y disfrutar de una semisiesta, de un sueño estival y provenzal, continuamos meciéndonos por el casco medieval de Bonnieux. No hay casi nadie y eso acentúa su disfrute.

Bicho ha sido protagonista de nuestro paseo ya que las pocas personas que hemos encontrado nos han hecho parar para acariciarlo, preguntarnos su nombre, hablar sobre su raza. C‘est un chien très simpa, nos dicen constantemente, él me mira. Ya, ya lo sé Bicho, “están locos estos franceses” no paro de reír con la divertida y curiosa situación.

Dejamos Bonnieux, un golpe de nostalgia me invade, no me importaría vivir aquí, seguro que volvemos, aunque sea para pasar unos días.

Llevo mi cámara cargada de bellas estampas de este pueblo, la próxima vez vendré preparada con pinturas y un bloc y no pararé de dibujar. ¡Van Gogh, Cézanne y Gauguin, no estuvieron aquí, nosotros sí!

Con Bicho por las calles medievales de Bonnieux

Lourmarin, uno de los pueblos más bellos de Francia

Cae la tarde y seguimos camino por una carretera comarcal que nos tiene reservada una inesperada y atractiva sorpresa, la localidad de Lourmarin catalogada como: Un des plus beaux villages de Francia.

Pueblo de artistas, mecenas, literatos. El premio nobel de literatura, Albert Camús, se enamoró de esta villa, sus restos descansan en el cementerio de la bella localidad.

El refinamiento francés te sacude por todos los lados. ¡Pero que estilazo tiene esta gente, son los reyes del buen gusto! todo está en su sitio, incluso por una vez hasta el abundante número de turistas que llenan de bote en bote las plazas, restaurantes y tiendas  resulta agradable.

Un des plus beaux villages de France

Paseando tranquilamente, mi compañero ha identificado una plaza llena de terrazas como el lugar donde la protagonista femenina de la película anteriormente nombrada tiene su propio negocio.

La película se basa en el libro A goog year de Peter Mayle que cuenta un hecho real, un corredor de bolsa inglés recibe la noticia de que su tío ha muerto y le ha dejado como herencia unas tierras en la Provenza, él llega hasta aquí obsesionado con venderlo todo y recuperar una inversión, pero…, el destino le depara sorpresas. 

A mi nunca me pasan esas cosas, no tendré un tío rico en Andalucía, Extremadura, Castilla, La Provenza o la Toscana.

Rincones de película en Lourmarin

Lourmarin se sale de chic, cada tienda es una explosión de savoir faire francés. ¡Acabo de ver una peluquería que parece una galería de arte! El pueblo está repleto de ateliers que atrapan tu mirada.

Los ateliers de artistas invaden las calles principales de Lourmarin

Todo el compendio del buen gusto francés está en este “pequeño frasquito” que es Lourmarin. No digo más, me quedo con mis impresiones, sólo puedo recomendar visitar este pueblo. Eso si, ¡traer la cartera llena!

El empacho de belleza que llevamos es increíble, hay quien llama a esto “Sindrome de Stendhal”.

Yo no sé de qué tenemos síndrome pero la nostalgia nos invade y de repente recordamos que sólo nos quedan dos días de vacaciones.

La vie en rose en La Provenza

Tras abandonar el sueño de verano de Bonnieux y Lourmarin, del Luberon y sus encnantadores pueblos llegamos a Saintes Maries, una incursión en su noche de pasión gitana nos hace olvidar la nostalgia. Mañana será otra día, por cierto, el último de las vacaciones provenzales.

Próximo destino en la ruta: La Camarga en estado puro.

Nota de autora: Este relato forma parte de mi primer “blog de viajes” que comencé en el año 2009 que quedó en el cajón del olvido del disco duro de mi viejo ordenador y ahora me ha apetecido compartirlo con todos nuestros lectores y amigos. ¡La Provenza bien merece ser compartida! Pedimos disculpas por la calidad de las fotos ya que la mayoría son analógicas y el paso a digital no les ha sentado muy bien.

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