De Panne y Reserva Natural de Westhoek (Bélgica)

Bélgica no es muy conocida por su costa. Las ciudades del arte, las rutas de la cerveza y de las guerras mundiales, el chocolate o las patatas fritas acaparan las miradas y prioridades del viajero o turista que se adentra por el país. Nosotros quisimos conocer los confines de Bélgica y por ello recorrimos la costa belga desde Knokke-Heist hasta De Panne, ciudades fronterizas con Holanda, Francia y el Mar del Norte. Tras días y días de ciudades históricas y patrimonio decidimos ir al encuentro de la naturaleza. La región de Valonia nos había dejado un buen sabor de boca en este ámbito, pero estábamos seguros que Flandes también nos sorprendería más allá de Brujas y Gante. Gracias a las recomendaciones de nuestros anfitriones de couchsurfing llegamos hasta De Panne y Reserva de Westhoek, el Sahara de Flandes tal y como le denominan por allí.

El por qué de este sobrenombre es sencillo, la reserva natural de De Panne cuenta con uno de los complejos dunares más grandes de Europa que se extienden hasta la vecina Francia en la Réserve Naturelle de la Dune du Perroquet

Panel informativo sobre las diferentes rutas a pie por la Reserva Natural de Westhoek

Bélgica cuenta con unos setenta kilómetros de costa perfectamente conectados por carretera y tranvía, el más largo del mundo por cierto.

Un tranvía que hace las delicias de propios y extraños, que permite olvidarte del coche para recorrer localidades costeras, de cierto toque chic como Ostende o De Panne, pero también, acercarte a reservas naturales y disfrutar del intenso azul del Mar del Norte mientras te sorprende una incesante cantidad de restos de antiguas batallas, viejas cicatrices de las guerras mundiales que se asoman en búnkers casi sepultados por la arena, la hierba y las amapolas.

Nosotros recorremos la carretera que lleva desde Knokke a De Panne (la N34) junto a la voz del más famoso de los cantantes belgas (aunque más de uno siempre creyó que era francés), Jacques Brell.

En nuestro flecha roja suena Mon père disaitsolo así, el viento del Mar del Norte y el paisaje de la costa belga cobran sentido

Dunas en el Mar del Norte

Necesitábamos un día sin gente, un día sin Plazas del Mercado, sin arquitectura, sin chocolate ni cervezas por lo que preparamos una mochila y nos calzamos las botas para caminar sin prisas, para dejar que el viento despeinara nuestro pelo mientras el mar llenaba de música el paisaje, bramando desde la cercana costa de Inglaterra. Calais no está muy lejos.

Mientras caminamos por una playa infinita de arena blanca, creo sentir voces del pasado. Voces fantasmas que recuerdan las duras batallas que tuvieron lugar en la zona. Aunque De Panne se libró del envite nazi, el recuerdo de la Gran Guerra sigue patente en cada localidad belga que hemos visitado.

El “Flecha roja” queda bien aparcado. A pocos pasos, las dunas llegan a tocar algunas casas, a veces parecen engullirlas. Poco a poco la arena se come el camino y los contados edificios que hay junto a la reserva parecen destinados a ser sepultados por las fuerzas de la naturaleza salvaje.

Las dunas de Westhoek llegan hasta las casas

Los senderos por la Reserva Natural de Westhoek están muy bien señalizados, los hay de diversos colores que adentran por diferentes zonas de la reserva. El único “pero” es que todo está en flamenco y no entendemos nada.

Antes de caminar por las dunas y su entorno natural, recorremos tranquilamente unos metros de la apacible playa de De Panne. En toda la costa belga está permitido el acceso de perros a las playas. En esos momentos echamos de menos a nuestra mascota, nos imaginamos jugando con ella en la suave arena del Mar del Norte.

Playa de De Panne, dueños y mascotas disfrutan de la naturaleza salvaje

Tras el momento de melancolía seguimos camino hasta la entrada de la reserva. Estamos ansiosos por conocer “el Sahara belga”, un total de 340 hectáreas de paisaje dunar. Westhoek es el más antiguo de los parques protegidos de Bélgica.

Llegamos en temporada baja y no hay masificaciones. Por aquí aconsejan hacer la ruta muy temprano para no encontrarte con nadie. Nosotros también recomendamos calzado cómodo, protección solar, gafas de sol, sombrero y respeto por el entorno.

El inicio de la ruta no hace presagiar el espectáculo que veremos más adelante, una sucesión de arbustos, musgo, tomillo y otras plantas cubren la arena por lo que la vegetación es rica al principio del camino. En pocos metros la suave arena de la playa y el mar quedan escondidos bajo una capa vegetal y los primeros montículos.

Acceso a la Reserva Natural de Westhoek – De Panne

Varias bandas de dunas se suceden a lo largo de la reserva y se alejan por el horizonte hasta la vecina Francia. ¡Las dunas no entienden de fronteras!

La sensación que produce el paisaje dunar en pleno Mar del Norte es difícil de describir. Después de visitar el Erg Chebbi en Marruecos me parece imposible este tipo de hábitat fuera de allí. Ahora entiendo el sobrenombre de Westhoek como “Sahara de Flandes”.

No soy muy dada a aceptar este tipo de similitudes que hacen de cualquier rincón único un lugar común, pero en Westhoek la comparación es todo un honor. ¡Si no puedes viajar hasta el Sahara, ven a De Panne y Reserva de Westhoek!

La perspectiva del horizonte cambia constantemente, el camino hace meandros como si de un río se tratara para salvar la parte alta de las dunas.

Solo se puede caminar por los lugares indicados. Las señales de prohibido se entienden en todos los idiomas. El paisaje es espectacular. Pronto las botas son innecesarias, los pies caminan mejor sin nada, sintiendo el contacto y la suavidad de los infinitos granos de arena en la piel.

Dunas y vegetación en Westhoek

Nos olvidamos del vídeo, de la cámara e incluso del resto del mundo. El viento arrastra minúsculas partículas de arena que chocan en la cara, en las manos, en la ropa, pero no nos importa. Nos dejamos envolver por ellas, como si fuera un polvo mágico que transforma los sentidos, y por la serenidad del inmenso paisaje de Westhoek.

Nos sorprende que este lugar no sea tan famoso como otros rincones de Flandes cuando engloba tanta belleza y paz. El ser humano es una pequeña partícula más en este inmenso complejo dunar de Westhoek.

¡Bélgica nos ha sorprendido por su desconocido patrimonio natural!

Las dunas van sepultando la capa vegetal

Pasan las horas o más bien, nosotros las dejamos pasar. La ruta no dura más de dos horas y es de intensidad baja, aún así, estiramos el tiempo. No tenemos ganas de regresar.

La sobresaturación de ciudades se cura en medio de este silencio, en medio de esta belleza natural cincelada por una mano no humana. Una prodigiosa mano de muchos millones de años… Pero, debemos volver ¡aunque solo sea para contarlo!

Los pies se sienten a gusto entre la arena, a veces pisamos alguna planta que nos hace dar un salto, pero nada preocupante. El sol comienza a apretar y no traemos sombreo ¡grave error! por lo que decidimos acelerar la marcha y regresar al punto de partida.

A lo largo del paseo no nos hemos cruzado con nadie, solo en la puerta de acceso hemos visto a otras personas. Resulta difícil creer que el parque sea uno de los más masificados. Nosotros lo visitamos a finales de agosto y prácticamente no hay nadie por la zona.

La soledad nos acompaña por la reserva

Un rico tentempié que llevamos en la mochila repone las fuerzas para continuar el camino. Tras recuperar a Flecha roja, tomamos rumbo hacia el interior, el día se completa con la ruta de los Campos de Batalla de Flandes, escenarios de duras y encarnizadas batallas libradas por el ser humano mientras la naturaleza presenciaba impasible semejante barbarie.

Mi pasión por los hechos acaecidos durante las dos contiendas que asolaron al mundo a principios del siglo XX nos lleva hasta Ypres, todo un símbolo de la paz que sufrió uno de los episodios más feroces de la lucha de trincheras durante la Primera Guerra Mundial, pero eso.. será una nueva historia.

Si piensas en un viaje a Bélgica, no olvides incluir algunos de sus parajes naturales, seguro que te sorprenderán tanto como a nosotros.

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