Diario de la Provenza IV – Saint Rémy y Les Baux de Provence

Tras la impactante y cansada visita-express a Arles, nos introducimos por una agradable carretera local que nos recarga las pilas. El itinerario previsto nos lleva hasta Saint Rémy y Les Baux de Provence.

En La Provenza, uno tiene la sensación de participar en un concurso, esperando a ver que toca ahora. Crees haber visto algo soberbio, y ahora más…, algo bello y ahora más.

Debido a la fecha (pleno mes de agosto) nos encontramos hordas de turistas (entre los que inevitablemente nos incluimos) por cualquier rincón con las cámaras en la mano fotografiando cada uno de los pintorescos rincones de este coqueto pueblo que en su día inmortalizó un genial pintor impresionista.

Calles de Saint Rémy de Provence

Pero, hay que dejarse llevar, adentrarse por sus calles, escuchar a sus paisanos, caminar, disfrutar de su arquitectura, de su historia y solo así descubres un poema, un poeta, un visionario, un idioma nuevo, unas banderas desconocidas, un olor diferente, otro país.

Bilingüismo en las calles de Saint Rémy de Provence, el occitano convive con el francés

Saint Rémy es Frederi Mistral, es Mireio, es Nostradamus, es el occitano.

Frederi Mistral escritor occitano y el poema Mirèio

Aquí el centralismo de Francia pierde peso y la historia gana por goleada ya que en Saint Rémy sientes la Occitania.

De golpe te encuentras frente a una maravillosa cultura que germinó en esta zona en la época medieval de la que salieron los trovadores y la lengua d’oc (base del catalán), pero que cayó en el olvido, aplastada por el yugo de los reyes francos y su ansia de anexionar “el país” europeo más avanzado de su época e incorporarlo a su corona con el fin de tener acceso directo al mar Mediterráneo y buenas zonas de cultivo.

Historia olvidada de Francia, pero que renace en cada rincón de esta encantadora villa más conocida por ser lugar de reposo de Van Gogh del que salieron exquisitos cuadros y por su pasado romano (imprescindible visitar el yacimiento arqueológico de Glanum situado a las afueras).

A nuestro paso se suceden tiendas y calles de postal planificadaEmpiezo a entender que la Provenza es así, refinadamente francesa y exquisitamente mediterránea.

Coquetos rincones de St Rémy

Como en cualquiera de los sitios que hemos visitado y sobre todo por que el calor aprieta, hemos decidido hacer un descanso en una fresca terraza.

Bicho (nuestra mascota) recibe con alegría su ración de agua fresquita aunque ya ha llenado su estómago de una cantidad indigesta de agua que brota por diferentes fuentes y que crea bonitas acequias en las calles céntricas.

Francia es un país muy amigable con las mascotas, Bicho lo pasó genial

El problema es que tanta agua necesita ser evacuada y Bicho dice que esas calles tan impolutas le imponen. “Son muy finos estos franceses” y aguanta el pipi. Como recompensa recibe mimos, caricias y mucha atención.

Seguimos los pasos a Nostradamus

Parece que hoy seguimos los pasos al genial pintor Van Gogh ya que en esta localidad vivió durante un año tras su “expulsión” de la localidad de Arles.

Me sorprende encontrar también las huellas de otro gran personaje europeo conocido mundialmente por sus profecías, en Saint Rémy descubrimos que el visionario Nostradamus nació y vivió aquí. Su casa natal se ha convertido en un museo que se puede visitar.

Ya son casi las siete de la tarde, pero consigo convencer a mi compañero de viaje para acercarnos a un pueblo sobre el que he leído mucho en los días previos al viaje y del que recuerdo haber visto por internet sus impresionantes imágenes.

Me ha costado mucho, pero mucho, mucho emprender camino hacia uno de los pueblos más bellos de Francia. Un grupo de expertos (historiadores, músicos, artistas, mecenas) creó un proyecto que se conoce como, Le plus beaux villages de France una iniciativa turística de calidad que pone en valor y hace difusión de pueblos y aldeas repletas de historia, patrimonio y cultura singular que no llegan a más de dos mil habitantes y que necesitan de un impulso o “etiqueta turística” para darse a conocer. 

El pueblo en cuestión es: Les Beaux de Provence. ¡Chapeau! Me quito el sombrero. Les Beaux impresiona, tanto desde lejos, como una vez que has llegado. Solo tiene un pero, le sobra la incesante cantidad de ríos humanos subiendo y bajando por sus empinadas y medievales calles.

Es imprescindible realizar un alto en la carretera antes de llegar para observarlo de lejos. Una suerte que no esperamos ilumina de una manera especial la montaña en la que se sitúa el pueblo.

Panorámica de Les Baux de Provence, uno de los pueblos más bellos de Francia

Justo hemos parado al lado de un centro de interpretación conocido como Les Carrières de Lumières  que explica el tipo de piedra sobre la que se asienta Les Baux llamada bauxita. La visita es obligada, ya que exponen un audiovisual espectacular y el sitio está muy fresco.

Solo por el espectáculo artístico de este lugar ya merece la pena una escapada hasta Les Baux. 

Figuras de bauxita en lo alto de las antiguas canteras

Les Baux se ha ganado ha pulso su etiqueta, el pequeño pueblo medieval es un espectáculo incalificable. Decir bello es quedarse corto.

Su extraordinaria ubicación en pleno colina, los impresionantes miradores a Les Alpilles (estribaciones de los Alpes) y el fantasmagórico castillo junto a la “Ville vielle” te dejan sin palabras.

Calles medievales de Les Baux de Provence

Solo queda caminar y caminar a través de las pocas calles que lo componen, dejar volar tu mirada curiosa para encontrar sublimes rincones que te envuelven y consiguen que sientas una vez más que La Provenza es única.

La variedad de sus ciudades, pueblos, aldeas y comarcas consiguen atraparte, pues cuando crees que todos los lugares van a ser iguales, te encuentras de golpe con una joya sorprendente que no tiene nada que ver con lo visto hasta ahora.

La Provenza es un mundo de texturas, de aromas, de sonidos y de sabores que consiguen convertirla en una de las zonas más interesantes de Francia (a pesar de ser un destino megaturístico). 

Restos del Castillo de Les Baux de Provence

Mi cabezonería por llegar hasta aquí, a pesar del cansancio, se ha visto recompensada al encontrar en medio de las callejuelas medievales una tienda de chuches impresionante, La cure gourmande, ¡una tentación para la gula! (y para los kilos de más).

Después de realizar un tranquilo recorrido (por decir algo, ya que la desmesurada cantidad de gente que hay en este pueblo desvirtúa todo su encanto) recogemos todas nuestras gratas impresiones del día y volvemos a la acogedora Saintes Maries. Mañana será otro día. Bicho dice: ¡ufff por fin, Francia mola, pero estoy agotao y necesito comer!

Mirador hacia la parte baja de la localidad

Próximo destino de la ruta: Tarascón y Beaucaire.

Nota de autora: Este relato forma parte de mi primer “blog de viajes” que comencé en el año 2009 y que quedó en el cajón del olvido del disco duro de mi viejo ordenador y ahora me ha apetecido compartirlo con todos nuestros lectores y amigos. ¡La Provenza bien merece ser compartida! Pedimos disculpas por la calidad de las fotos ya que la mayoría son analógicas y el paso a jpg no les ha sentado muy bien, así como algunos datos desactualizados. 

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