Diario de La Provenza VIII – Parque Natural Regional de La Camarga

Hoy es nuestro último día en esta preciosa tierra provenzal. Lo tomaremos con tranquilidad para saborear el paisaje de la Camarga, caballos blancos, libélulas, marismas, flamencos, toros, buena gastronomía

Las libélulas inundan las marismas de La Camarga

No tenemos prisa, el día es muy largo, por eso no hemos planificado nada en concreto. Salimos del hotel tras nuestro agradable almuerzo y damos un paseo por la apacible mañana de Saintes Maries. Parece mentira que las calles estén tan tranquilas y vacías después de las intensas noches que se viven en esta preciosa villa.

El lugar al que decidimos acercarnos es sencillamente maravilloso: La Reserva Ornitológica de Pont de Gau. Si os gustan los flamencos, las aves en general y la naturaleza en estado puro, os recomiendo esta visita. Hemos llegado pronto y no hay casi nadie.

En esta ocasión Bicho ha tenido que quedarse fuera, entendemos que un perro aquí puede asustar a las apacibles aves. Eso si, descansa tranquilo a la sombra y con mucha agua. Él se ha quedado encantado, por el momento no le toca caminar.

Una vez en el interior del parque puedes elegir hacer varias rutas, nosotros hemos optado por una intermedia ya que hace mucho calor y el sol aprieta con ganas por lo que no es recomendable hacer la ruta larga. Aún así, hemos estado casi dos horas disfrutando de este bello rincón protegido.

Pont de Gau en Saintes Maries de la Mer

Si eres amante de la fotografía, en Pont du Gau puedes empacharte de instantáneas. Flamencos en libertad, tranquilas marismas. Divertidísimas familias de ánsares, ocas, patos y diferentes especies de aves viven a sus anchas en este parque. En ningún momento los molestas, me imagino que están acostumbrados a la figura humana.

Al salir de la senda marcada y dentro de la reserva encontramos una zona reserva con otro tipo de animales que también habitan esta zona como jabalís o ponys. Tras el largo paseo, con el alma, los ojos y la cámara repletos de increíbles y bellas instantáneas, abandonamos Pont du Gau.

Cogemos el coche para adentrarnos por la Camarga profunda. Nos perdemos en la maraña de marismas, pequeñas lagunas y bosques de sabinas que vamos encontrando. El paisaje es curioso y por momentos cambia radicalmente.

Toros camargueses

Entre toda esta vegetación hay una cantidad infinita de mas (casas rurales o de vacaciones), pero es imposible verlas, la integración paisajística es fenomenal. De vez en cuando, alguna casita salpica el paisaje dándole un aspecto más humano.

Paramos ante una preciosa manada de caballos blancos y de toros camargueses que salpican el verde paisaje.

A lo largo de la carretera hay instalados unos miradores que permiten una visión elevada del parque natural, cuando subes a uno de ellos diferentes tonalidades del verde, marrones y azules se entremezclan en el infinito.

He podido detectar arrozales, el juego del azul y el verde es infinito. A lo lejos, algún pequeño pueblo y al final el magnífico Mediterráneo. Los miradores también sirven para poder observar las aves y sus migraciones sin ser molestadas.

L’Etang de Vaccares

Continuamos al azar, sin sentido, nos dejamos llevar por el instinto y por los paisajes. De repente nos encontramos en medio de la nada, estamos en medio de la carretera que atraviesa L’Etang de Vaccares.

¡Que sensación tan impresionante! el agua nos rodea y da la sensación que en cualquier momento seremos engullido en medio de este lago (el más grande de la Camarga).

Paramos parar el coche y al bajar, el Mistral nos golpea con bravura. Merece la pena permanecer un rato aquí. Algún coche pasa a nuestro lado en la estrecha carretera, aún así, tenemos la sensación de ser los únicos seres humanos que están aquí.

¡Este lugar te limpia el alma, resetea tu mente y tranquiliza tu corazón! Bicho y yo caminamos un tramo.

Salinas en La Camarga

El paseo es plácido y aunque el sol aprieta ahora con más intensidad no se siente mucho calor ya que la fuerza del Mistral hace que infinitas y minúsculas gotas bailen constantemente por el aire a nuestro alrededor refrescando generosamente el ambiente.

Podríamos permanecer aquí horas, días, convertirnos en parte del paisaje, ser una gotita de agua más, pero el estómago nos devuelve a la realidad.

De nuevo en la carretera un cartel indica el camino hacia la localidad de Salin de Giraud y decidimos acercarnos a este pueblo que hemos encontrado después de la nada.

Creado alrededor de la industria de la sal, las construcciones me recuerdan a las colonias de trabajadores que he visto en Cataluña y Madrid. Pero aún así, tiene un bonito toque francés. Hemos llegado a mala hora, el museo de la sal y todo lo que se puede visitar esta cerrado, ¡es hora de comer!

Elegimos para comer alguna de las masías escondidas que hay en los alrededores. El sitio elegido es el lugar más maravilloso de todos los que hemos visto y disfrutado de este viaje. Ha sido como encontrar el edén en medio de este paraíso, el broche perfecto a la semana provenzal.

¡Qué rico arroz camargués!

Un pequeño letrero indica que se dan comidas y el hambre nos guía por la espesa vegetación hasta nuestro destino gastronómico. (Siento no poder decir el nombre, pero la emoción y lo bien que estábamos hicieron que no tomásemos nota del nombre).

Degustamos la típica cocina camarguesa en todo su esplendor, arroz camargués, estofado de toro, tapenade… (producto kilómetro cero).

Además, hemos tenido una agradable conversación con el resto de comensales. Tras disfrutar del entorno y hacer unas compras de productos locales continuamos la ruta.

Animados por la impresionante naturaleza del Parque Natural Regional de La Camarga llegamos hasta la desembocadura del Ródano que configura uno de los Deltas más bellos de Europa.

¡No voy a comentar nada! sólo diré que os invito a presenciar esta maravilla de la naturaleza ya que este lugar existe para ser visto, no leído.

Agotados, exhaustos de tanta belleza, regresamos a Saint Maries, hay que dejar todo listo, mañana regresamos al hogar, dulce hogar.

Sé que en breve volveré por esta tierra que me ha hechizado. Ha sido un viaje inolvidable, cargado de belleza, de arte, de historia y de millones de anécdotas que podremos recordar toda la vida.

Compuertas en el Delta del Ródano

Fin de unas vacaciones por La Provenza.

Nota de autora: Este relato forma parte del primer “blog de viajes” que comencé en el año 2009 olvidado en el disco duro de mi viejo ordenador. Ahora me ha apetecido compartirlo con todos nuestros lectores y amigos. ¡La Provenza bien merece ser compartida! Pedimos disculpas por la calidad de las fotos ya que la mayoría son analógicas y el paso a digital no les ha sentado muy bien. 

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Un objetivo: la vuelta al mundo!

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