Viajar a Irán – Ruta senderista en Teherán (El valle del Darabad)

Teherán, esa ciudad tan denostada por las guías turísticas “oficiales” o por la mayoría de viajeros que la visitan… Una metrópolis de 10 millones de habitantes, contamiada, ruidosa y caótica, que provoca los mismos odios que amores. Una ciudad que necesita ser conocida y que en nuestro caso tuvimos la suerte de descubrir de la mano de nuestro host local, Ali, quien nos preparó una refrescante ruta senderista en Teherán como alternativa al asfalto, a la contaminación y a los tópicos que afean la capital de Irán.

El barrio de Darabadi (Darabad), situado en el norte de la ciudad, era una antigua aldea a las faldas de la magnífica cordillera del Alborz, el techo de Irán y lugar de recreo de los teheraníes, sobre todo en verano, cuando los sofocantes calores de la ciudad se tornan inhumanos.

El parque de Sahelidarabad es uno de los más bellos de la metrópoli, la zona se ha convertido en uno de los barrios de la élite de Teherán, así como en la sede de la Universidad y del Museo de Naturaleza y Vida Silvestre de Irán (uno de los más fascinantes del país).

Vistas de Teherán desde el barrio de Darabad

Llegamos en coche hasta el inicio del sendero, se puede aparcar fácilmente en la zona si madrugas. Son las ocho de la mañana cuando llegamos hasta aquí para evitar el fuerte sol de junio. Esta ruta senderista en Teherán es muy apreciada por los locales. Los vemos a lo largo de la empinada rampa de subida.

Algunos ya vienen de regreso. Me fascina observar el gran número de familias, de personas de todas las edades que caminan por este sendero. Y lo más curioso es lo equipados que van con el picnic y las alfombras.

Nuestros anfitriones también van cargados, nosotros solo llevamos las cámaras, y aún así, el ascenso se hace duro, sobre todo para mi. El pañuelo y la ropa me siguen asfixiando, además le sumo una repentina bajada de hierro y un terrible calor, a pesar de la temprana hora.

Señalización del parque y de las diferentes rutas en Darabad (Cordillera del Alborz)

Comenzamos la ruta senderista en Teherán

Los habitantes de Teherán son muy aficionados a abandonar la ciudad en cuanto pueden, a hacer turismo local, a juntarse en grupos de amigos, de familias para aprovechar el día al aire libre.

Ali nos ha explicado que durante la ruta veremos unas panorámicas increíbles de la ciudad, caminaremos al lado del río Darabad, culpable del magnífico valle que da pie a la senda y veremos una serie de saltos de agua o pequeñas cascadas que consiguen refrescar el ambiente.

Darabad es un auténtico reclamo turístico local, una vez superada la dura rampa inicial entramos en una zona de terrazas, bares y locales en los que puedes tomar un desayuno, zumos, frutas, tomar un shai (té iraní) o simplemente refrescarte a la sombra tumbado en sus magníficas “camas-mesa”. Los persas siempre han sido un pueblo de magníficas soluciones.

Mirador hacia Teherán en el barrio de Darabad

A lo largo de la rampa de subida, de larguísimos zigzags que permiten que el ascenso no sea muy duro, vemos los primeros picos de la cordillera del Alborz, pocos días después haremos un viaje a través de este sistema montañoso para llegar hasta el mar Caspio, en la última etapa de nuestro periplo por Irán.

El paisaje es fascinante, un contraste de texturas, colores en el que destaca el marrón de las peladas montañas del valle de Darabad.

Poco a poco el río hace acto de presencia y vemos los primeros grupos de familias o amigos que descienden, por bajadas imposibles, con todo el equipamiento que llevan (alfombras, bolsas, comida…). También hay muchas parejas que aprovechan la privacidad de ciertas lugares para escapar de las miradas curiosas y de las prohibiciones de un gobierno que asfixia la libertad de su pueblo.

La escena nos atrapa, en cierta manera me recuerda a la época “dominguera” de mi infancia cuando toda la familia se juntaba para pasar los domingos estivales en los alrededores de Madrid y siempre nos llevábamos media casa para tan solo unas horas de escapada.

No soy consciente que en nuestro grupo vamos igual, lo único que ni Carmelo, ni yo, porteamos nada. Sinceramente en esos momentos me veo incapaz de hacer esta senda cargada con una alfombra o con neveras portátiles. ¡LLamarme floja, pero el calor me debilita!

Río Darabad en pleno valle homónimo, el mejor lugar para refrescarse del fuerte calor estival de Teherán

A cada curva cambiamos de imagen. A nuestra izquierda transcurre el relajante y fresco Darabad, a nuestra derecha, Teherán nos va regalando impresionantes panorámicas que confirman su carácter de gran metrópoli.

Paramos, ralentizamos la marcha, no estamos acostumbrados a unas imágenes que para ellos son habituales. Es la primera vez que vemos Teherán desde las alturas, es la primera vez que vemos este tipo de panorama natural en un viaje que hasta ahora nos ha regalado paisajes desérticos ( a excepció del Kurdistán).

La familia de Ali es muy comprensiva, la mayoría decide adelantarse para coger buen sitio a la sombra y cerca del río. Nuestro anfitrión y su madre se quedan a nuestro lado, les divierte nuestra curiosidad, nuestras fotos y grabaciones.

Carmelo, yo, mi sofocante pañuelo, la rampa de subida al Darabad y Teherán de fondo

Después de un largo paseo, llegamos hasta el lugar escogido por la familia para dejar la alfombra y el desayuno. 

Existe un Irán moderno, cosmopolita, igualitario (a pesar de las restricciones, de las prohibiciones y del islám), pero sigue existiendo un Irán conservador, que asume las normas con el mayor estoicismo posible. Y ahora me toca a mi conocerlo. 

Por decisión “varonil”, las mujeres debemos quedarnos en este lugar, cuidando los enseres, “disfrutando” de la sombra y del frescor del pequeño bosque mientras los hombres continúan la ruta hasta uno de los bellos saltos de agua que produce el río.

No queda más remedio que aceptar la situación propuesta por la familia de nuestro anfitrión (quien ya se salta bastante las normas al vivir en pareja sin estar casado y acoger viajeros vía couchsurfing).

El problema llega con el lenguaje, con el idioma, ya que las mujeres no hablan inglés, solo farsi, alguna hace el esfuerzo de lo poco aprendido en la escuela. Eso sirve, además los gestos y una honesta sonrisa siempre lo solucionan todo.

No podemos desayunar ni comer nada hasta que no regresen los hombres por lo que decido coger la cámara y hacer una pequeña incursión por los alrededores.

Ali se despide de nosotras e inicia un recorrido con los hombres hasta el salto de agua

¡Que bien se está en este lugar! pareciera que la temperatura ha bajado diez grados mínimo. La sombra, los árboles y el río provocan un plácido estado de felicidad compartida. No me extraña que la mayoría de los teheraníes escapen en cuanto pueden a su “sierra”.

El Darabad es un río pequeño, claro, limpio, prácticamente es un arroyo que a su llegada al barrio de mismo nombre queda canalizado y soterrado por lo que es imposible verlo en las calles de Teherán.

¡Una pena! la ciudad ganaría mucho en calidad si estuviera atravesada por algún río, no obstante, cuenta con un buen número de parques y jardines.

En mi pequeña “excursión” me salto las normas, repliego mi pañuelo y lo coloco como un turbante, soy consciente de las miradas y cuchicheos que provoco alrededor, pero no puedo más con el asfixiante calor que me provoca.

En una pequeña poza me descalzo e introduzco los pies, el resultado es la mirada cómplice y risas de muchas de las mujeres que me observan, algunas hacen lo mismo.

Estos momentos son los que dan sentido al viaje y me recuerdan instantes vividos en el Kurdistán junto a grupo de mujeres que aprovechando la ocasión se “liberan” por un momento de la pesada carga de las prohibiciones.

Son momentos íntimos, únicos, inolvidables, que llenan de felicidad el corazón y refrescan hasta el alma en un país ahogado por las estrictas normas del gobierno islámico.

Me dejo llevar por el bonito entorno de agua, árboles, pájaros, mariposas, lagartos, sombra y roca. Podría estar sentada un buen rato aquí, alejada del monstruo de ciudad que es Teherán, sobre todo en los meses de verano.

El pequeño río Darabad refresca las altas temperaturas de Tenerán

Pasa el tiempo sin darme cuenta, los hombres regresan de su propia excursión, por fin podemos desayunar.

No sé si lo he contado antes en algún post  de Irán, los desayunos de este país son exquisitos, 100% producto natural: leche, mantequillas, panes, tomates, verduras crudas y shai, mucho shai. ¡Un festín sobre la alfombra!

Sacamos la comida, las bebidas de las mochilas y montamos un magnífico ágape sobre nuestra alfombra persa. 

Desayuno en el Valle de Darabad

La escena cotidiana solo se ve alterada por nuestra falta de costumbre de comer sentados en el suelo. En el mes que hemos estado en Irán ha sido una de las cosas que peor hemos llevado. No hay manera de que pillemos la postura correcta, lo que provoca que no paremos de movernos.

Ellos se colocan bien mientras nosotros no sabemos que hacer con las piernas que en cuanto están un rato dobladas se nos duermen o duelen. ¡Que comodones que somos en Europa!

Toda la familia se preocupa por que estemos bien, nos preguntan constantemente si nos gusta el lugar, la comida, su país. Ahora Ali hace de traductor y las mujeres aprovechan para preguntarme si estoy casada, por qué no tengo hijos, por qué no llevo joyas, ni anillo, ríen con mi turbante y se asombran de la buena calidad de la ropa.

El tiempo pasa agradablemente bajo la sombra de los árboles, entre risas y anécdotas de un viaje, que poco a poco, va llegando a su fin. Y a nosotros nos entra una nostalgia infinita de lo vivido y eso que aún estamos en el país.

Hacia las 11:00 de la mañana regresamos a la ciudad, volvemos por la senda zigzageante, ahora hay mucha más gente que ocupan las apreciadas y frescas terrazas, así como cualquier hueco a la sombra junto al río.

El infierno de un Teherán que roza los 50º nos espera más abajo. Nos da igual, llevamos una gran sonrisa por la experiencia vivida en esta zona natural de la ciudad de la que parten un buen número de rutas de alta montaña muy apreciadas por aficionados al treking y, en invierno, al esquí.

Si piensas viajar a Irán, recuerda que la capital ofrece una interesante oferta de ocio en su magnífica cordillera del Alborz, merece la pena hacer alguna ruta senderista en Tenerán. Eso si, mejor acompañado por locales.

Ruta senderista en Teherán con locales

¡Gracias Ali y familia por este magnífico regalo! Lo mejor ha sido cuando hace unas semanas (abril 2018) hemos podido acoger en nuestra casa a Ali que está de viaje por Europa con su mujer y su suegro. La mejor culminación a una historia de amistad que se fraguó a través de couchsurfing.

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Un objetivo: la vuelta al mundo!

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