Diario de La Provenza VI – Una paseo por Nimes a golpe de piedra

El camino hasta Nimes ha estado presidido por las sensaciones que nos han dejado Beaucaire y Tarascón. Una ruta curiosa la de hoy. Son casi las siete cuando llegamos a la ciudad. En ella como en Arles, notas que hay mucho por ver y disfrutar gracias a las indicaciones y carteles informativos que encuentras desde las afueras.

Nimes es una pequeña ciudad de provincia con mucho encanto. Me gusta, hay una sabia combinación de modernidad y legado histórico. De monumentalisto y minimalismo. Es curioso, pero hoy me doy cuenta que esta zona de Francia es muy dual. No hay una cosa única que identifique a cada uno de sus pueblos, aldeas y ciudades. Como mínimo, siempre encontramos dos características a destacar y a partir de ellas surgen una cantidad infinita. Eso si, en Provenza no cabe una característica: la sencillez.

Hemos dejado el coche en un parquing que hay cerca del monumento más conocido de Nîmes: el Coliseum romano. Pronto descubro que Nîmes es más grande de lo que me imaginaba. Paseamos por el boulevard Victor Hugo que reparte infinitas calles que mueren en el centro histórico.

Iglesia de Saint Paul en el Boulevard de Victor Hugo

También me doy cuenta que no hay mucho de Provenza en esta ciudad, algo en el ambiente la hace diferente. Quizás que vemos lugareños, gente normal paseando por sus calles y no legiones de turistas deambulando de un lado a otro. Nîmes tiene un pequeño toque cosmopolita. Es como París en pequeñito.

Sin darnos cuenta llegamos ante el impresionante coliseum. Nunca he estado en Roma, pero con lo que me han impactado los anfiteatros de Arles y Nîmes, no sé que pasará cuando vea al padre de todos ellos en la ciudad eterna.

Una gigantesca plaza da acceso a la masa de piedras históricas que componen el monumento quien por su parte traserra está casi pegado a las casas.

Por cierto me sorprende el toque taurino de esta ciudad (mi aocmpañante me explica que las Arenas de Nimes es la plaza de toros más importante del país y ue se celebran corridas de toros ” a la española”). Vuelve lo dual, francesa y española. Moderna y tradicional.

Las Arenas de Nimes

La perfección de los arcos, las líneas tan bien delimitadas, la solidez de la construcción hacen que no creas que Las Arenas (tal y como se conocen en Francia los angiteatros o coliseums) es monumento milenario. Mi acompañante ya conocia Nîmes por lo que me invita a entrar sola.

En esta ocasión no está permitida la entrada a los perros, Bicho me mira y sin pena me dice a través de su preciosa mirada: ¡ve tú que yo me tumbo en la tranquila y fresquita terracita de enfrente! Y por consenso, deciden abandonarme en el mar de piedras. No sé, pero creo que ambos tenían una sonrisa maliciosa y de complicidad, como de que no les interesaba mucho el monumento. 

¡Ufff, casi no llego a tiempo! queda poco para el cierre de las taquillas. Considero oportuno coger una autoguia, que como en el caso de Arles ha cumplido mis expectativas. Una vez dentro, el tiempo se detiene. Reconozco que soy insufrible con el tema de la historia y el arte, y como entro sola pues voy a mis anchas.

El peso sobrecogedor de la historia golpea por cualquiera de los pasillos, huecos, arcos y ventanas que salpican, con un ritmo cadente, este lugar.

Hoy día los leones, gladiadores, populacho y oradores teatrales han sido sustituidos por toros, toreros, turistas y músicos. Me llevo una desagradable sorpresa cuando descubro que el interior del coliseum está preparado para el concierto que Alicia Key dará esa noche.

Un amasijo de hierros y lonetas cubre todo el foso central. Cierro los ojos, escucho la autoguía e intento imaginar como era este lugar en su momento de esplendor, ¡un estremecimiento me sobrecoge!

Una capacidad para más de 20.000 espectadores, los gladiadores han sido sustituidos por toreros y músicos

Empiezo a subir, y subir siguiendo cada número que indica la guía mientras describe las desigualdades sociales de la époc, las luchas de los gladiadores. El olor a muerte es casi perceptible.

¿Por qué será que las construcciones más bellas creadas por los humanos han supuesto siempre tanto derramamiento de sangre, tanta esclavitud?. Intento no pensarlo y me deleito con los juegos de luces y sombras que el ocaso produce.

Desde lo más alto de las Arenas las vistas son impresionantes (no apto si padeces de vértigo). La guía explica algo de una colina a lo lejos… Voy como somámbula, deambulando y sintiendo cada una de las piedras de este bello monumento.

En un momento dado localizo allá abajo a Bicho dormitando en una terraza y ¡despierto de golpe! Decido apuntarme a su descanso, por hoy ya he tenido sobredosis de piedras.

Desde lo más alto de Las Arenas se aprecia la ciudad de Nimes

Cuando salgo los dos me miran con desasosiego. ¡Vaya, o no me he dado cuenta o he sido teletransportada en este lugar porque ha pasado casi una hora! Continuamos la ruta, mi acompañante me explica que aunque es tarde y ya están cansandos hay un lugar en Nîmes que no puedo dejar de ver: La Maison Carré.

Volvemos a pasear por una bonita avenida hasta que de repente una amplia explanada se abre ante nosotros. Toda la monumentalidad de la ciudad vuelve a dejarme sin palabras. 

La casa cuadrada es un elemento de la arquitectura romana exquisito. Un antiguo templo romano reconvertido en centro de interpretación con exposiciones itinerantes sobre el legado romano de la Galia.

La Maison Carrée

Tengo las piernas sobrecargadas después del paseo por el coliseum y el cansancio de un día agotador hacen que por una vez decida que ya es hora de parar.

De regreso hasta el coche hemos paseado por las céntricas calles peatonales de Nîmes que me enamoran y me recuerdan al barrio del Born de mi adorada Barcelona, salpicadas de pequeñas placitas con encantadoras terrazas preparadas para la hora de la cena.

Rincones del centro histórico de Nimes

Nîmes me deja un buen sabor de boca, como está cerca de casa, haré una escapadita un día de estos para disfrutar de nuevo de ella.

Queda mucho por descubrir de esta bella ciudad monumental, al igual que de la Provenza, pero eso es lo bueno, no quemar todo el cartucho de un golpe y disfutar de los sitios sin prisas, sino nos convertimos en un turista más y no en descubridores y transmisores de sensaciones.

Próximo destino en la ruta: La Provenza más chic, Bonnieux y Lourmarien.

Nota de autora: Este relato forma parte de mi primer “blog de viajes” que comencé en el año 2009 que quedó en el cajón del olvido del disco duro de mi viejo ordenador y ahora me ha apetecido compartirlo con todos nuestros lectores y amigos. ¡La Provenza bien merece ser compartida! Pedimos disculpas por la calidad de las fotos ya que la mayoría son analógicas y el paso a jpg no les ha sentado muy bien. 

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