Visitar Teherán (Irán) desde la mirada de Khadijeh

La visión local, en los viajes, es un valor añadido al que nadie debería renunciar, sea viajero, turista o visitante de un destino. Para nosotros es impensable recorrer una ciudad, pueblo, aldea, comarca o región sin que alguien de ese lugar nos acompañe, al menos un rato, para aportar su visión local, que puede coincidir o no con la óptica con la que nosotros miraríamos. Por ello, en la capital iraní también dejamos un día para recorrerlo de esa manera. ¿Preparados para visitar Teherán desde la mirada de nuestra anfitriona local Khadijeh?

A Khadijeh la conocimos al segundo día de pisar Irán, ella formaba parte del grupo de couchsurfers teheraníes con los que nos fuimos de “puente” sin apenas tomar contacto con el país. Khadijeh y su compañero Pujah se ofrecieron para llevarnos en su coche a lo largo de los cientos de kilómetros que recorrimos entre Teherán y Kashan.

Tras nuestro periplo de veinte días por el país, acordamos que al regresar a Teherán, antes de nuestro vuelo a España, quedaríamos con ellos. Al final solo Khadijeh pudo acompañarnos durante unas horas, pero fueron de las más intensas vividas en la capital.

Momentos divertidos en nuestro paseo con Khadijeh

Si decides visitar Teherán encontrarás que la ciudad no tiene buena fama, que no suele estar recomendada por las guías turísticas convencionales que desprecian a una interesante metrópolis en favor de las majestuosas Esfahan, Shiraz o Yazd en sus convencionales rutas.

Posiblemente Teherán sea el lugar más fascinante en cuanto a contrastes, texturas, ruidos, personas, comidas y sensaciones de todo Irán. Una ciudad de unos diez millones de habitantes que provoca la misma cantidad de odios que de amores.

Sorprende la modernidad de edificios e infraestructuras, la calidad de su transporte público, el contraste entre bazares tradicionales y abrumadores centros comerciales en los que te cruzas con hipsters, mujeres envueltas en chadores negros, jóvenes con vestimentas de colores estridentes que combinan con colores aún más chillones en sus uñas y rostro, rasgos persas, árabes, arios y mucha nariz operada.

Teherán te da la oportunidad de aglutinar todo Irán en sus kilométricas calles y avenidas, ¡algunas superan los treinta kilómetros de largo! Conocer esta metrópolis es casi tarea imposible, pero si decides visitar Teherán en uno o dos días, puedes aprovechar bien el tiempo si te dejas llevar por las recomendaciones de los locales.

La página oficial de couchsurfing de Teherán es una opción para encontrar actividades o eventos en la capital programados por anfitriones locales.

Visitar Teherán en un día (recorrido por el período Qajar iraní)

– Palacio de Golestan

Madrugamos para afrontar un largo día en la caótica y ruidosa ciudad. Desde la casa de nuestra anfitriona de couchsurfing Roja, tomamos un taxi hasta la puerta del Palacio de Golestan, una de las joyas de Teherán del período Qajar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2013 y el monumento histórico más antiguo de la ciudad.

¡Qué barbaridad de lugar! visitarlo, solo por fuera, nos llevó más de dos horas (el precio de entrada es de 150.000 IRR a los que hay que sumar pagos por cada uno de los edificios que quieras visitar una vez dentro, como el Salón de los Espejos, etc).

Admirar los jardines, disfrutar de los iwanes, tronos de mármol, murales de azulejos, halls de infinitos cristales ya es suficiente si no quieres caer atontado ante abrumadora belleza.

El arte de los siglos XVIII y XIX persa me recordó al Rococo, alocada superposición de elementos decorativos que saturan los sentidos.

Palacio de Golestan, residencia oficial familia real Qajar (Siglo XVIII) y durante la era Pahlavi (Siglo XX)

Tras la visita caminamos unos metros para adentrarnos en el impresionante mundo del Gran Bazar, un imprescindible si decides visitar Teherán, que te puede ocupar mínimo, medio día. Los alrededores están repletos de gente, de músicos callejeros, de vendedores de agua y de infinidad de cachivaches en una escena que podría observar fascinada durante horas.

Carmelo me propone ir a comer, no sabemos dónde, no nos apetece sentarnos en un restaurante y perder tiempo. Como por arte de magia, a las puertas del bazar, nos topamos con Marvi Falafel, un local de fast food persa.

La cantidad de gente que vemos de todas las edades y condiciones haciendo cola para llevarse uno de sus “bocadillos” nos otorga confianza. ¡Todo un acierto!

“Bocadillos” en Marvi Falafel a la puerta del Gran bazar de Teherán

– El Gran Bazar

“La ciudad en la ciudad” Entrar en el abrumante Gran Bazar de Teherán es como hacerlo en un gran río con innumerables afluentes, presas, esclusas, islas…

Entras por una puerta llegas a otra, salvas una escalera, te paras en una Saray, flipas con la arquitectura, te enojas con el sofocante calor, fluyes con cientos de personas, con miles de artículos, con voces, ruido, pero sobre todo, con una belleza única e indescriptible. El Gran Bazar de Teherán son de esos lugares que se tienen que vivir.

Aunque no es de los más antiguos del país, ya que apenas llega a los doscientos años, si que puedes apreciar el arte de los persas para el comercio.

A diferencia de los zocos que visitamos en Marruecos, los bazares iraníes están pensados para los locales por lo que mantienen su esencia e identidad. Nadie te molesta y te persigue para que compres y los precios están marcados.

Se podría estar todo un día en este “pequeña ciudad” de kilométricos pasillos y galerías. ¡Fascinante lugar!

Gran Bazar de Teherán

Puntual a las 15:00 aparece Khadijeh en la estación de metro de Iman Khomeini, la más cercana al Palacio y al Gran Bazar. El calor a esta hora es brutal, rondamos los 45 grados en la capital (yo estoy al borde de la lipotimia). Ella llega con su plan de visitas y nosotros nos dejamos llevar.

Tomamos un taxi (moderno y con aire acondicionado), nos explica el plan de la tarde, habla de su trabajo, de cómo ha pasado el día. Nosotros compartimos las sensaciones experimentadas a lo largo de la mañana.

Circulamos por la avenida Iman Khomeini. Aunque parece imposible, después de tantos viajes en taxi y coche por las calles y carreteras iraníes, nos hemos acostumbrado al caos y la inseguridad de estos desplazamientos, o al menos yo ya no grito, ni me sobresalto con cada brusca maniobra

– La casa museo Moghadam

Una de las joyas de Teherán, incluida en el listado de casas tradicionales de Irán. Un lugar del que no sabíamos nada y al que no hubiéramos venido si no fuera por que nuestra anfitriona nos ha regalado unas horas de su tiempo para mostrarnos el Teherán más amable, más cotidiano, más local.

Se equivocan quienes desprecian esta ciudad, así como las guías que repetidamente obvian a Teherán y sus maravillas en los insufribles tours repetitivos, sobre todo cuando descubres lugares mágicos y únicos como esta casa museo.

Casa museo Moghadam

Como apasionados del patrimonio desconocido que somos, Khadijeh ha cubierto todas nuestras expectativas al traernos hasta aquí. El precio de la entrada es de 150.000 IRR (parece el estipulado para todos los museos, casas y lugares de interés de Irán).

Calcula más de una hora para disfrutar sin prisas de este micro mundo en el corazón bullicioso de la metrópoli, nos encontramos en la confluencia de dos de las grandes arterías de la ciudad, la avenida del Iman Khomeini con la kilométrica avenida Valiasr.

Puedes llegar hasta aquí en metro, la parada más cercana es la de Hassan Abad, no muy lejos del Palacio de Golestan y del Gran Bazar, excelente continuación del tour planificado para un día, ya que seguimos las huellas del período Qajar de la ciudad.

Nos encontramos en la casa de un “Gaudí persa” salvando comparaciones y distancias, pero no podemos evitar pensarlo al contemplar algunas de las obras y excentricidades del Dr. Mohsen Moghaddam, profesor de arqueología en la Universidad de Teherán quien junto a su esposa Salma crearon uno de los espacios de arte e historia más atractivos e interesantes de la capital.

Una vez traspasas la puerta, el caos, el ruido y la contaminación, desaparecen de golpe. El hall de acceso consigue refrescar mi asfixiada cara y los sonidos del agua invitan a entrar al Pairi Daiza (paraíso persa).

Khadijeh se ha convertido en una especie de diosa a la que seguimos hechizados y que nos introduce en el apasionante mundo de una pareja enamorada del arte y la historia persa, que un día decidieron comprar esta residencia, propiedad de uno de los miembros más importantes de la corte Qajar, Mohammad Taqi Khan Ehtesab-al Molk. El precioso palacete se transformó poco a poco en la casa museo que vemos hoy día.

Moghaddam y su mujer recopilaron objetos de arte, alfombras, lámparas, generaron la atmósfera de los jardines persas, en el año 1972 el matrimonio lego la casa y el patrimonio que contenía a la Universidad de Teherán.

La visita a esta casa museo es la alternativa perfecta al bullicio y caos de Teherán, aquí, además de belleza y puro arte, respirarás la serenidad persa. El museo cuenta con una zona “bar” para tomar zumos, agua o té.

Detalles y piezas del Museo Moghaddam

–  Plaza Hasan Abad

Abandonamos el paraíso para regresar al día día de la ciudad. Khadijeh nos conduce a través de la avenida Khomeini en un tramo de más de un kilómetro en el que todas, absolutamente todas las tiendas (a excepción de algún supermercado o restaurante) son ferreterías o están relacionadas con esta actividad. ¡Fascinante! o al menos a Carmelo y a mí nos lo parece.

Más de un kilómetro de centro comercial al aire libre especializado en electrodomésticos, tiendas de reparación, talleres, forja. (Me recordó a cuando de pequeña iba con mi padre y hermanos a la calle Barquillo de Madrid, conocida como “la calle del sonido”, por su especialización en esta actividad).

Y en medio de este submundo, sobresale la plaza de Hasan Abad con su vanguardista estación de metro.

Entrada de metro en la plaza Hasan Abad

La plaza, de forma circular y atravesada por la gran avenida, es un claro ejemplo de arquitectura típica teheraní, una sucesión de edificios de finales del XIX y principios del XX, de claros rasgos persas, pero de distinguidos toques europeos que consiguen atrapar nuestra mirada.

Jóvenes, comerciantes, motos, taxis. De nuevo el caos, la tradición y la vanguardia confluyen en un punto para recordarnos la magnífica paradoja que es Teherán.

Estamos hipnotizados ante una ciudad de la que no queríamos saber nada, mal influenciados por los comentarios negativos de otros viajeros y turistas que pasaron por aquí. Khadijeh ríe ante nuestra curiosidad por cosas, casas, esculturas o personajes que para ella resultan cotidianos, monótonos, repetitivos.

Memorial en honor de los bomberos de Teherán en la avenida Iman Khomeini

Sardar-e Bagh-e Melli (Jardín Nacional)

Casi otro kilómetro separa de la plaza Hasan Abad del complejo gubernamental y conjunto histórico conocido como Sardar-e Bagh-e Melli, otro de los monumentos de la era Qajar en Teherán.

Visitar Teherán con un local puede convertirse en un viaje a la historia de alguna de sus épocas históricas.

Sardar-e Bagh-e Melli está a pocos a pocos metros de la estación Iman Khomeini, punto en el que hemos comenzado la ruta, muy cerca del Palacio Golestan y el Gran Bazar.

Puerta de acceso Sardar-e Bagh-e Melli

Este grandioso espacio en el corazón de Teherán fue un campo de tiro durante la era Qajar, posteriormente se destinó a parque público y con el tiempo se fueron construyendo edificios gubernamentales como la “Casa de la Policia” actual Ministerio de Asuntos Exteriores, la “Casa de cosacos” espacio ocupado por la Universidad de Arte, o museos como el de Correos y Comunicaciones o el Museo Nacional Malek. 

Un imprescindible si visitas la capital ya que en un un solo recinto tienes una gran colección de museos y edificios singulares del “viejo Teherán” que te conducen a través de la historia, cultura y arte iraní. Sardar-e Bagh-e Melli es el centro cultural e histórico de la capital.

Sobresale por su belleza exterior y contenido, el Malek National Library and Museum Institution (MNLMI), Museo Nacional del Libro, primero de los museos privados con los que cuenta el país.

Malek es una de las seis grandes bibliotecas iraníes y contiene una colección de excepcionales manuscritos convertida en tesoro nacional. Se puede visitar a ciertas horas.

Biblioteca y Museo Nacional Malek

¿Sigues creyendo que Teherán no merece la pena? Visitar este recinto, sin entrar en ninguno de sus museos ni edificios gubernamentales, nos ha supuesto otra hora larga en la que hemos sufrido una tormenta de arena aumentada por el polvo de las obras que se llevan a cabo en el recinto.

Las altas temperaturas estivales provocan este tipo de fenómenos al atardecer en muchas ciudades cercanas al desierto. Ha sido increíble sentir, a través de las anchas avenidas del Jardín Nacional, el fuerte viento y la arena. ¡Los únicos momentos en los que me alegro de llevar pañuelo!

El azul del cielo cambia a un color marrón que nos recuerda momentos vividos en Yazd o Yazd, lugares en las que también “sufrimos” tormentas de arena, una angustiosa mezcla de barro con viento que azota la piel sin contemplaciones.

La tormenta pasa rápido y seguimos admirando el monumental complejo. Khadijeh nos explica detalles de cada uno de los edificios. La mayoría tienes letreros en persa e inglés, lo que es de agradecer si los visitas.

Llevamos unas seis horas con nuestra anfitriona y, gracias a ella, hemos conocido reminiscencias de un período persa que se desarrolló entre los siglos XIX al XX, justo antes de la irrupción de los Phalavi (los famosos sah), última dinastía real derrocada por la Revolución Islámica de 1979.

Ministerio de Asuntos Exteriores, bello edificio con simbología zoroastriana en su fachada

– Ferdowsi Grand Hotel

El final de nuestro paseo con Khadijeh acaba en el hotel Ferdowsi, uno de los más lujosos de la ciudad. Entrar en los hoteles de lujo persas es como acceder a las mil y una noches… ¡Qué barbaridad de decoración y lujo de detalles! 

Imprescindible visitarlo aunque no estés alojado, aquí te encuentras con la crème de la crème iraní, y no lo digo por políticos o famosos, si no por el nutrido grupo de intelectuales que frecuentan la cafetería del hotel como animado centro de sus tertulias.

“Aquí se respira libertad”, nos explica Khadijeh mientras degustamos unos exquisitos helados y somos engullidos por enormes sofás que calman nuestro cansancio y calor. Estamos contemplando el Teherán más abierto, progresista e incluso canalla, a la vez que tomamos contacto con la élite de la ciudad.

Un lujo extremo para nuestra anfitriona que se niega a que la invitemos y nos sugiere ir a otro lugar más barato a tomar un helado. Es cierto que hemos pedido sin fijarnos en los precios, Khadijeh si lo ha hecho y casi desencajada nos invita a abandonar el hotel antes de que traigan los helados.

Helado en Hotel Fardosi

No entendemos nada y nos asustamos, ¡a ver si al final del viaje nos vamos a dejar un riñón por un capricho! pero cuando revisamos la carta nos damos cuenta de la realidad en la que vive la clase media y obrera en Irán.

El precio de los tres helados con todo tipo de excentricidades que los complementa, unos zumos y agua, no ha llegado a los 20€. Lo que para nosotros es un precio más que asequible para nuestra anfitriona es todo un lujo. 

Antes de abandonar el hotel entramos en los lavabos y recorremos algunas de las estancias abiertas al público en general como salas y restaurantes. El hotel también cuenta con piscina. ¡Todo un lujo en el centro de Teherán!

Justo al lado del hotel se sitúa una tienda de productos iraníes, aprovechamos para hacer acopio de pistachos y azafrán (nada que ver con los que comemos por estos lares), ya que en unos horas finaliza nuestra aventura iraní.

Selección de pistachos iraníes

Fin del viaje…

La cercana boca de metro de Iman Khomeini es el punto de la despedida de nuestra maravillosa cicerone. Cada vez nos resulta más difícil decir adiós a las personas que consiguen entrar en nuestros corazones durante nuestros viajes. A veces resulta extraña la fuerte conexión que consigues con personas a las que apenas conoces y que formarán parte de tu vida para siempre.

Nosotros tomamos un taxi para regresar a casa de nuestra host, Roja. La sorpresa a este día fue reencontrarnos con Clara, la viajera madrileña que nos acompañó al inicio de nuestro viaje.

Roja nos prepara una suculenta cena persa. Clara nos cuenta un sinfín de aventuras que ha vivido en su periplo en solitario por irán. Todos reímos con curiosas y divertidas anécdotas a pocas horas de nuestro vuelo de regreso a España.

El viaje a Irán tuvo el mejor final junto a Clara y Roja, claros ejemplos de mujeres valientes que nos conquistaron.

Reencuentro con clara y despedida de Irán en casa de nuestra host Roja

Visitar Teherán o cualquier otro lugar de la mano de un local es un valor añadido al que no renunciaremos nunca en nuestros viajes. Cada uno de ellos nos hace aprender, mejorar como personas, sentir los lugares desde su punto de vista, sin prejuicios y desde el máximo respeto a lo que vemos, estemos de acuerdo o no con ello.

Y tú, ¿te atreverías a hacer una ruta así? ¡cuéntanos tu experiencia! Aprovechamos para dar las gracias a Khadijeh y a todas las personas que hicieron posible que nuestro periplo iraní se convirtiera en el mejor viaje que hemos realizado hasta la fecha. 

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Un objetivo: la vuelta al mundo!

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