Aït Ben Haddou, la ruta de las mil Kasbahs

Amanece un nuevo día en Marruecos. Abandonamos la plácida localidad de Boumalne Dades para poner rumbo a Marrakech.

Será una jornada larga y dura, de 300 kilómetros, en la que atravesaremos el Atlas. Pero de momento, seguimos en la Ruta de las mil Kasbahs donde visitaremos el espléndido Ksar de Aït Ben Haddou.

Ksar Aït Ben Haddou

Ksar Aït Ben Haddou

El autobús nos espera en la puerta del Hotel. El paisaje, a través de la carretera N10, es fascinante, anaranjadas zonas desérticas que contrastan con verdes oasis inundados de vida.

Uno de ellos es Kalaat M’Gouna, capital de las rosas, situada en el Valle de mismo nombre

La zona es un importante productor de rosa damascena, originaria de Oriente Próximo, donde es muy apreciada por ser buena “para la piel y el alma”.

Alrededor de esta materia prima se ha creado una interesante industria visualizada en las cooperativas femeninas establecidas tanto en la localidad como en sus alrededores.

Kalaat M’Gouna huele a flores y el color rosa es el protagonista del valle.

Rosas damaceas en la cooperativa femenina de Kalaat M'Gouna

Rosas damaceas en una cooperativa de Kalaat M’Gouna

Según cuenta una leyenda, la Damacea llegó en alguna caravana procedente de la ciudad santa de la Meca, las semillas caídas crecieron en el oasis de Kelaat M’Gnoua a una altitud de 1.400 m.

Los agricultores comenzaron a usarlas como límite natural de sus terrenos.

Con el tiempo las rosas se extendieron por la región, generando una potente actividad económica a su alrededor.

El agua de rosas es muy apreciada por la industria del perfume quien compra prácticamente toda la producción.

En mayo se celebra el Festival de las Rosas que dura todo un fin de semana. 

Durante las fiestas, tal como dicta la costumbre, las mujeres visten con los trajes típicos de alegres colores y de acentuado origen bereber.

Después cantan y bailan imitando a las abejas, mientras los hombres hacen lo mismo en un interesante ritual.

Trajes típicos del Valle de las Rosas

Trajes típicos del Valle de las Rosas

Visitamos una de las cooperativas. Una joven nos introduce en el mundo de las damaceas y su proceso de trasnformación.

Después, en la tienda, tenemos una presentación de los artículos finales. ¡Regresamos al autobús embriagados con el olor a agua de rosas que impregna la localidad!

El Valle de las Rosas es un interesante y desconocido patrimonio salpicado de pequeñas kasbahs y oasis. El río Dades acompaña la ruta y sigue paralelo a la carretera durante un largo trayecto.

Pasamos por localidades que repiten una parte del nombre, o eso me parece a mi. Son conocidas como Aït. Mi curiosidad queda satisfecha cuando el guía me explica que la palabra Aít significa familia o tribu.

Cada tribu ocupa un Qsar o Ksar, ciudad de adobe donde se ubican las viviendas familiares y los espacios comunes como graneros y mezquitas.

Dependiendo de la importancia cuenta con una Kasbah (fortaleza, casa fortificada o castillo que la protege) habitada exclusivamente por las familias poderosas.

En ambos casos, las construcciones son de adobe, principal materia constructiva en la arquitectura tradicional bereber.

Adobe, material utilizado por los bereberes para la construcción de sus viviendas

Adobe, material utilizado por los bereberes para la construcción de sus viviendas

Las tribus se fueron sedentarizando y ocupando espacios donde construir Qsar, siempre al lado de Oasis, donde el agua facilitaba su subsistencia.

Con el tiempo, los Qsar se convirtieron en puntos de abastecimiento e intercambio para las caravanas que llegaban desde el desierto y proseguían rumbo hacia las ciudades imperiales.

Los dos términos, Qsar y Kasbah, son a veces utilizados para definir la misma cosa, pero este no es el caso del sur marroquí donde tiene su sutil diferencia.

Ambas palabras se introdujeron en nuestro idioma, así el término Alcazaba proviene de Kasbah, mientras que la palabra Alcázar deriva de Ksar.

A pesar de la importancia turística de la ruta, encontramos Qsar y Kasbahs semi destruidos, sumergidos en un abandono incomprensible.

Muchas familias acaban abandonando las casas debido al continuo esfuerzo de mantenimiento y reparación que necesita el adobe, construyendo nuevas viviendas con materiales modernos y más resisitentes.

Ait BH

Arquitectura bereber en la Ruta de las mil Kasbahs

Se salva de este abandono el Ksar Aït Ben Haddou. Su singularidad, historia, belleza y estado de conservación llevaron a su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El autobús nos deja en la parte “moderna” de Aït Ben Haddou, donde reside la mayoría de la población. Caminamos a través de una zona de tiendas para turistas, repletas de alfombras y telas de colores.

Ante nuestro ojos, una de las imágenes más fotografiadas y conocidas de Marruecos. El río, el Ksar y el pequeño oasis que lo rodea.

Aït Ben Haddou ha sido escenario de un buen número de películas como por ejemplo La Momia, Asterix o Laurence de Arabia. Es normal, ya que es un perfecto plató exterior de cine.

Su luz, los contrastes de colores, la bella arquitectura y su exquisita elegancia facilitan su fama.

Ksar de Aït Ben Haddou

Ksar de Aït Ben Haddou

En Aït Ben Haddou encontraremos todas los elementos que definen un Ksar.

Viviendas de adobe solapadas, resguardadas por altas murallas. Situación estratégica junto a la ladera de una montaña para su protección.

Un río y un oasis, imprescindibles para su subsistencia, y por supuesto, una impresionante Kasbah que protegía a la población.

Una vez atravesado el río , el Ksar nos da la bienvenida con imágenes cotidianas. Hombres que recogen dátiles de las palmeras, niños que corren por las calles, ropa tendida, mujeres haciendo la comida.

Hasta hace unos años, la localidad había sufrido un período de abandono, pero la creciente industria turística está impulsando proyectos de rehabilitación del viejo Ksar.

La vida regresa al Ksar

La vida regresa al Ksar

Nuevos hoteles están abriendo sus puertas, así como apostando por la recuperación del entorno sin modificar las tradicionales técnicas constructivas del adobe.

El primer impacto que produce pasear por las calles es la de haber llegado a un lugar hecho para turistas.

Tiendas y tiendas de la que salen grupos de personas por todos lados. Guías en diferentes idiomas que se afanan por no perder al rebaño.

Pero si no tienes prisa, si te dejas llevar por el instinto y esperas, descubres un lugar mágico, fascinante y único.

Aït Ben Haddou está repleto de pequeñas sorpresas en cuanto te desvías de la manada.

Desde algunas casas te invitan a pasar para que veas el interior. Una calle oscura te lleva hasta una cooperativa de alfombras bereberes donde te sirven un té a la menta que no puedes rechazar.

Visitamos la cooperativa femenina de alfombras

Los escasos habitantes se arman de paciencia frente a la avalancha de turistas que pasan rápidamente, ávidos de una fugaz instantánea, pero si te paras y respiras el lugar puedes llevarte un buen número de gratos momentos compartidos.

Podrás escuchar la historia de sus gentes, el empeño de las mujeres por generar recursos y evitar la emigración de sus maridos e hijos.

Imprescindible llegar hasta la parte más alta. A pesar del sol de justicia y del cansancio, me armo de valor y subo hasta la cima, donde se sitúa una antigua fortaleza.

Desde aquí se aprecia una espléndida panorámica de 360º.

Fortaleza del Ksar de Aït Ben Haddou

Fortaleza del Ksar de Aït Ben Haddou

La comida nos espera en el restaurante Oasis d’Or, muy bien ubicado junto a la carretera de acceso justo enfrente de la vieja Aït Ben Haddou. Las vistas son magníficas.

El menú es delicioso, en mi caso vegetariano, cosa de agradecer. Marruecos es un paraíso para quien no come carne.

Platos para todos los gustos.

Platos para todos los gustos

Retomamos el viaje por la carretera N9 que une las localidades de Ouarzazate (capital de la región) con nuestro destino, Marrakeck.

Visitamos antes, otra cooperativa femenina, en este caso de productos derivados del oro líquido marroquí, el aceite de Argán.

A lo largo del viaje percibo que en Marruecos se está produciendo una revolución silenciosa llevada a cabo por las mujeres, que se materializa en el mundo de las cooperativas femeninas de productos kilómetro cero.

Cooperativa femenina de aceite de Argán

Cooperativa femenina de aceite de Argán

El camino prosigue por el Atlas, subiremos el Tizi-n’Tichka o puerto de montaña del Tichka, considerado el más alto del país.

Lugar interesante para parar y dejarse llevar por el fuerte viento que sopla. Tras días de desierto, se agradece el frescor de esta cima.

El puerto se ha convertido en otro lugar al servicio del turismo. Tiendas con todo tipo de productos, desde fósiles a aceites.

Bares, restaurantes y casetas de alimentos y bebidas…, vamos que el romanticismo del lugar queda supeditado al duro mercantilismo.

El puerto de montaña más alto de Marruecos

El puerto de montaña más alto de Marruecos

Emporio comercial en el Tichka

“Emporio” comercial en el Tichka

Según avanzamos kilómetros, el paisaje es espectacular, el desierto es ya un nostálgico recuerdo.

Viajar en autobús por esta serpenteante carretera es jugarte el tipo a cada curva.

Cuando no es un camión parado por una avería, es otro que viene de frente cargado de balas de paja ocupando su carril y parte del nuestro.

Cuando no, un adelantamiento que nos deja sin respiración… así durante unos ochenta kilómetros que se me han hecho largos, muy largos y cansados.

Postales de la N9

Postales de la N9, el magnífico Atlas desde el cristal del autobús

Imagino que en coche o minibús es otra cosa, pero las grandes dimensiones del autobús en el que viajamos lo hacen muy inestable para esta ruta de alta montaña.

Como en otras ocasiones, me relajo y me dejo llevar. Aprovecho para tomar notas, para disfrutar del paisaje y de los cambios que se producen con el paso de los kilómetros.

Del seco marrón al vibrante verde donde las azaleas llenan de color los valles.

Aparecen nuevos tipos de construcción, más ruda, más occidentalizada, a la vez, imágenes cotidianas de pastores con sus rebaños, de mujeres lavando en el río.

Mi mente solo piensa en volver. Marruecos se añora aún sin haberte marchado.

Cuando sabes que tan solo te quedan dos días sientes nostalgia y unas ganas infinitas de regresar para seguir descubriendo historias, para conversar con sus gentes y visitar a los que has dejado atrás.

Es bastante tarde cuando llegamos al hotel de Marrakech. Resulta curioso que hemos tardado casi más tiempo en cruzar la ciudad que en recorrer los ochenta kilómetros del Atlas.

Marrakeck, fascinante y orgullosa, nos da la bienvenida en su hipnótico caos, pero esa es ya otra historia.

P.D.: todos hemos aplaudido a nuestro chófer, ya que después de días de trayectos, de un montón de kilómetros desde Fez, hemos llegado sin un percance a nuestro destino final, Marrakech.

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