Desierto de Erg Chebbi, ruta de dos días

Tras pasar dos intensos días en la ciudad de Fez, recorrer lugares míticos como Volubilis o Meknes toca poner rumbo hacia el Desierto de Erg Chebbi.

Continua el viaje emprendido con los compañeros del Máster de Periodismo de Viajes a través del Gran Sur Marroquí.

La emoción nos embargaba a todos, abandonábamos la gran ciudad de Fez para llegar a Erfoud (Arfoud), “La Puerta del Desierto”.

La ruta que lleva desde Fez a Erfoud es un recorrido a través de la historia geológica de la Tierra, además de una excelente clase para entender el proceso de desertización de Marruecos.

La llegada a Erfoud ha sido épica, en el Kasbah Hotel Arfoud nos espera un grupo de músicos locales. Nos dan la bienvenida a uno de los hoteles más bellos que he tenido el gusto de disfrutar en mis viajes.

Canciones, danzas tradicionales, té a la menta y una hospitalaria bienvenida se mezcla con el fuerte Quibli que sopla a las puertas del desierto de Erg Chebbi.

Kasbah Hotel Xaluca Arfoud

Kasbah Hotel Xaluca Arfoud

El viaje en autocar ha sido largo, más de cuatrocientos kilómetros desde Fez, nuestros cuerpos necesitan un poco de descanso.

Nos esperan dos días de recorrido por los lugares más emblemáticos del desierto marroquí, entre ellos la Hamada, Rissani y el Erg.

Sabrosos platos del sur de Marruecos

Sabrosos platos del sur de Marruecos

El día amanece seco, caluroso, con el insufrible aire caliente del Sáhara. La ruta programada hace la primera parada en una interesante cantera de fósiles a las afueras de Erfoud, motor económico de la zona.

Después, unas antiguas pistas del Rally París-Dakar nos llevan hasta Rissani, fascinante ciudad, antesala del desierto, puerta de las antiguas caravanas de esclavos y mercancías llegadas del África Negra.

La Hamada (el desierto pedregoso y árido) me ha parecido terrible y a la vez atrayente. 

Las pequeñas colinas de colores grisáceos, el polvo del camino y los escasos tamarindos que salpican de vez en cuando el paisaje, son las características principales de este tipo de desierto.

La Hamada y la cantera de fósiles en Arfoud

La Hamada y la cantera de fósiles en Arfoud

Los vastos kilómetros de Hamada van dando paso, a nuestro próximo objetivo, el desierto de dunas arenosas conocido como Erg.

Los 4X4 inician una acalorada carrera hacia la conquista de las dunas, dejando atrás el paisaje lunar de la Hamada.

El color gris va transformándose en tonalidades naranjas, rojas, marrones e incluso rosáceas, característicos del desierto de Erg Chebbi.

Atrapada en las dunas Foto: Antonio Pareja

Atrapada en las dunas Foto: Antonio Pareja

Cae la tarde en Merzouga, es hora de adentrarnos en las dunas de arena.

Antes, tendremos la suerte de contemplar la magnitud real del Erg Chebbi rodeando sus cincuenta kilómetros de perímetro con los 4X4.

El punto de entrada al desierto no se lo hacemos por la masificada localidad de Mezourga, sino por otro lugar menos transitado. No podemos acceder con los coches, solo con dromedarios.

Este hecho me hace preguntarme si todo el encanto que se “vende” de este lugar es simplemente una “turistada”.

Un canto del cisne de lo que fue en su momento el desierto del Sáhara, ahora masificado de aventureros a cuatro ruedas que erosionan aún más el territorio.

No puedo evitar sentirme como una turista más a la que se zarandea en el todoterreno, a la que se monta en dromedario y se le cuentan historias o leyendas masivamente trilladas y relatadas.

Intento acabar con estos pensamientos y me dejo fluir.

Tras rodear el hipnótico Erg llegamos a nuestro punto de encuentro con los camelleros.

Unos jóvenes bereberes nos conducirán a través de la preciosa arena dorada hasta el Oasis de Oubira.

Allí pasaremos la noche a los pies de la Gran Duna (125 metros)

Momentos mágicos en el Erg chebbi

Momentos mágicos en el Erg Chebbi

En el momento en el que bajé del 4X4, por mi estómago revolotearon más mariposas que por Miochacán (México).

Es curioso como las fobias y los miedos pueden bloquear a una persona. En Fez tuve que superar mi claustrofobia y ahora en el Erg tenía que superar el efecto contrario, es decir, la nada, el inmenso espacio abierto.

No obstante, sigo adelante, me calzo mis botas, me coloco la mochila, preparo la piel de cara y labios con protección solar y cubro mis ojos con unas buenas gafas.

El turbante que nos colocan los chóferes es imprescindible para evitar golpes de calor y protegernos del viento.

Los dromedarios nos esperan junto a los jóvenes bereberes que enseguida conquistan nuestros corazones con su amabilidad y buen hacer.

Nunca había subido a un dromedario. Mi 1’80 de altura es un handicap, ya que cuanto más alto eres, más difícil se hace mantener el equilibrio.

¡Vamos, que entre el miedo, la altura, los nervios por lo desconocido y la insuperable emoción de vivir esta aventura, no quedaba tiempo en mi mente para nada más, ni siquiera para hacer fotos!

Tras una honorable subida al dromedario estoy preparada para enfrentarme a mis miedos. Es curioso, pero todo se ve diferente cuando te elevas.

¡Una vez colocada sobre el animal, la perspectiva del desierto de Erg Chebbi cambió radicalmente!

Algo en mi cabeza hizo ¡clik! y los miedos, los nervios y las mariposas desaparecieron. Poco a poco fueron arrastrados por el Quibli.

Caravana en el Erg chebbi

Mi cuerpo y mente forman un todo con el dromedario que me sujeta, con la arena que golpea mi cara.

Con el sonido de la nada y con la mirada tranquilizadora de nuestro guía que delante mío, se gira de vez en cuando para preguntarme ¿Qué tal vas, Eva?

No pude evitar que las lágrimas corran por mi cara y se fundan con las pequeñas partículas de arena, eso me hace regresar al presente, sentir el momento, olvidarme de los miedos y temores que mi mente se empeña en mostrarme.

Tenemos ante nosotros un espectáculo impagable. Kilómetros y kilómetros de dunas. No hay árboles, no hay casas, no hay agua, solo la nada… 

El color dorado que produce el sol de la tarde inunda todo el lugar y la visión de la caravana que formamos las treinta personas me recuerda a viejas leyendas de la Ruta de la Seda. La sensación de libertad es impagable.

Mientras, a nuestros pies, los jóvenes guías corretean de una duna a otra para decidir el camino más apropiado. Me llama la atención que todos van descalzos y caminan gracilmente por la arena, ¡cosa harta difícil, como después comprobaremos en nuestras propias carnes!

Tras una larga hora de trayecto, con el culo dolorido, la espalda machacada y la entrepierna insensible, avistamos a lo lejos el ansiado Oasis de Oubira. Decido caminar los últimos metros para sentir por fin el cálido desierto en nuestros pies.

Al bajarme del dromedario me abrazo emocionada a nuestro guía, las lágrimas asoman de nuevo a nuestros ojos, pero no somos los únicos, el resto de la expedición se encuentra en la misma situación.

Mis compañeros, venidos de diferentes rincones del mundo, pisan por primera vez el Desierto de Erg Chebbi. Esa emoción conjunta produce un momento mágico que se acentúa por la belleza serena del lugar.

“La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio”. Proverbio persa

Campamento donde pasaremos la noche en el desierto de Erg Chebbi

Campamento donde pasaremos la noche en el desierto de Erg Chebbi

Me encanta la sencillez del espacio, nada de lujos fuera de lugar. Posiblemente, este campamento sea de los más auténticos de la zona.

Sobre las camas tenemos una bonita sorpresa. Nos han dejado unas sencillas chilabas y nos piden que las usemos para la cena.

¡Que momentazo, parecemos todos salidos de una secta del fin del mundo mientras cenamos!

Cena de platos bereberes

Cena de platos bereberes

Es curioso lo bien planificado y organizado que está todo en estos campamentos, no falta de nada.

Comida, bebidas, música tradicional e incluso luz, bueno, la suficiente para cenar, ir al lavabo y charlar un rato antes de contemplar el absoluto protagonismo de las estrellas.

El grupo de camelleros ameniza la noche con música berebere

El grupo de camelleros ameniza la noche con música berebere

Tras el momento festivo, toca dejarse llevar por la inmensidad del cielo estrellado del Sáhara.

Me siento dentro de un sueño, como si de golpe hubiera sido elevada hasta el infinito. Mi mano, al estirarse, puede tocar las estrellas.

El desierto es mágico, te hace sentir pequeño respecto a la inmensidad del universo. Olvido todos y cada uno de mis absurdos temores.

El desierto te recarga de energía, te provoca una fuerza increíble y consigue que te armes de valor. Si no fuera así, el miedo impediría que se disfrutara de uno de los rincones naturales más fascinantes del planeta.

Momentos mágicos en la noche de Erg Chabbi

Momentos mágicos en la noche de Erg Chebbi

Con el amanecer, el Erg Chebbi regala una nueva visión. Hacia las cinco de la mañana me despiertan las palmas y gritos de nuestros guías que nos llaman para ver amanecer. ¡Yala, yala! nos dicen.

Sin tiempo para desayunar comenzamos a caminar hacia la Gran Duna que tenemos justo a nuestra espalda. Iniciamos la subida como poseídos. La visión desde más arriba hace cambiar la perspectiva y la panorámica.

Necesito parar a cada instante para disfrutar de los cambios que produce el tímido sol en la arena.

La belleza del desierto de Erg Chebbi

La belleza del desierto de Erg Chebbi

Juegos de sombras, matices de rosas, marrones, naranjas que al final se convierten en rojo cuando el sol asoma en su plenitud.

¡El amanecer más hermoso y espectacular que he visto hasta el momento!

El sol devuelve la vida al lugar, en la arena se aprecian las huellas de animales. El espectáculo del desierto de Erg Chebbi es indescriptible, se tiene que vivir y sentir.

Yo siento que estoy en un sueño ¿he despertado de verdad?

Ascenso a la Gran Duna del desierto de Erg Chebbi

Ascenso a la Gran Duna del desierto de Erg Chebbi

Ahora recordamos que no hemos desayunado, ni bebido agua por lo que unos cuantos regresamos al campamento.

Los camelleros ríen. Su curiosidad, las ganas de hablar, de contar cosas, de explicarnos quienes son nos envuelve en una grata conversación durante un buen rato mientras esperamos que el resto del grupo regrese.

Con el equipo de camelleros y guías

Con el equipo de camelleros y guías

En la antigua Kasbah de Tumbuctú, a pocos kilómetros del Erg Chebbi, espera un lujoso desayuno de productos locales.

El escenario parece sacado de una película, pero antes, hemos tenido que regresar hasta los coches a lomos de los dromedarios.

Esta vez con un sol de justicia, ya que a las diez de la mañana, en pleno mes de junio, en el desierto hace mucho calor.

Antigua Kasbah de Tumbuctú

Antigua Kasbah de Tumbuctú

La  siguiente parada la hacemos en la casa de una familia nómada compuesta por un hombre, varios mujeres y sus hijos.

Tres o cuatro tiendas hechas con alfombras. Un pequeño lote de cacharros sirven para la cocina, unos cuantos animales domésticos y poco más.

En cuanto nos acercamos, los niños corretean a nuestro alrededor. No he podido evitar sentarme junto a una de las mujeres apoyada en la única sombra existente.

Sujeta con fuerza a uno de sus hijos. Solo habla la lengua de los nómadas, pero el lenguaje corporal y los gestos rompe el frío inicial.

Poco a poco el resto del grupo se ha ido acercando. En un momento dado he tenido la sensación de que todo aquello es un circo, una especie de zoo, donde unas personas viven en su “habitat natural” mientras un nutrido grupo las observa.

Necesitaba interactuar con ellos, pero el lenguaje lo impide. “Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi cultura” 

Familia de nómadas en el desierto de Erfoud

Familia de nómadas en el desierto de Erfoud

El gesto de uno de los pequeños nos conmueve a todos, cuando de repente, empieza a repartir las escasas galletas que tiene entre nosotros y al final, él se queda sin ninguna.

Mientras, el padre, prepara té y nos ofrece un vaso.

Resulta impactante que quien menos tiene ofrezca todo y quienes tenemos el todo, no compartamos nada. Son algunas lecciones que te dejan viajes como este.

Los niños se divierten mientras miran su imagen en las pantallas de nuestras cámaras. 

En otra de las tiendas, un pequeño agoniza, está enfermo, el padre nos lo cuenta con total resignación. Esta es la vida del nómada donde el principal valor a defender es la libertad.

Desierto

¿Personas o animales de circo?

Llega un momento en el que este circo mediático no me gusta, me satura, me produce más indignación que placer. Son esos momentos en los que uno siente vergüenza al viajar. O por lo menos yo lo sentí así.

Unos nómadas cobran unas monedas para ser marionetas de circo frente a los turistas que ávidos de experiencias se inmiscuyen en las entrañas de una familia. ¡foto, foto, no problem!

Pero, ¿qué tengo que fotografiar? Digo no. Es la segunda vez que algo así me pasa en Marruecos. ¡Me niego a este tipo de farsas! A lo largo de nuestros viajes hemos compartido casa, comida y techo con familias de muchos países, pero de esta manera no.

Puede que el único sustento de estas familias sea esta especie de circo, pero yo me niego a perpetuarlo. Seguro que con otro tipo de ayuda o de educación pueden vivir dignamente.

Una vez en el 4×4, le preguntamos a Hassan, nuestro chófer, su opinión sobre todo esto. Su respuesta nos deja mudas.

“Ese nómada no hombre bueno. Pudiendo tener una mujer y pocos hijos a los que atender bien, prefiere tener muchas mujeres y muchos hijos mal atendidos, ganar escasas monedas con la compasión.

Yo solo tengo una Fátima y dos niños, y atiendo bien. No, no hombre bueno”.

Vosotros sois libres de decidir si en vuestro viaje merece la pena seguir incentivando este tipo de turismo.

Sin embargo, tras el mal trago de la visita a la familia nómada, el desierto me regaló otro momento épico al conocer de primera mano el proyecto llevado a cabo por una tribu inusual en Marruecos, los Gnawa, en la localidad de Khamlia La única tribu de piel negra de Marruecos.

Los Gnawa en khamlia

Los Gnawa en khamlia

Los Gnawa son una minoría étnica en el país, descendientes de los esclavos que llegaban desde el África Negra (Malí, Sudán…). Una vez abolido el tráfico de esclavos quedaron en tierra de nadie.

Practican un tipo de música ritual sanadora. Para ellos, la expulsión de los malos espíritus, de los demonios o la buena salud, llegan a través del baile y la música.

En la sede del grupo Zaid, Les Pigeons du Sable, hemos vivido una experiencia de música, baile y hospitalidad tribal. 

Puede parecer una turistada, pero en este caso me ha gustado mucho el proyecto para la recuperación de la música tribal de los Gnawa.

Con la aportación de los conciertos y el dinero recogido por la venta de CD’s, en Khamlia se están creando escuelas, se está saneando el agua, etc. Aquí no esperan la limosna de los turistas.

Poder compartir baile, té y buenos momentos con esta asociación me ha hecho olvidar el mal rato pasado con la familia nómada.

Eso sí, de las mujeres de la tribu no hemos podido saber nada, hecho que nos hace recordar que estamos en un país islámico, el protagonismo absoluto de la sociedad recae en los hombres.

Acabados los bailes, la música y las explicaciones, ponemos destino al último rincón que visitaremos antes de regresar al confort del Hotel en Erfoud.

En esos momentos, tengo el cuerpo lleno de arena, la cara cuarteada por el sol, los labios secos y estoy empapada en sudor por el fuerte calor (llevo dos días sin ducha).

Pero tengo el espíritu lleno, mucho por reflexionar y contar.

El espectacular mirador de la Garade Medouar, escenario de películas como "La Momia"

Mirador la Garade Medouar, escenario de películas como “La Momia”

Seguimos la ruta. En el horizonte se dibuja el perfil de una doble colina, una “u” perfecta que desentona con el equilibrado horizonte. Llegamos a la Garade Medouar o “cárcel portuguesa”, ¡aunque nunca ha sido ni lo uno, ni lo otro!

Un accidente geográfico y geológico digno de ser visitado.

Situado a pocos kilómetros de la localidad de Rissani, se puede llegar en coche.

Una vez dentro descubres que su forma en “u” sirvió para apresar agua. Además, su excepcional panorámica ha servido como telón de fondo para muchas películas entre ellas, “La Momia”.

En lo alto del mirador, el Qibli ruge con más fuerza, pero no importa, este lugar tiene una energía especial. Te invita a sentarte, a dejarte llevar por tus pensamientos, a orar, a disfrutar de la inmensidad del desierto, de su crudeza e implacable avance.

Después de conocer la Hamada y el Erg ya no puedo hablar del desierto de Marruecos como un solo ente.

Para mi, son varios desiertos con sus diferencias y singularidades, repletos de una naturaleza desbordante, pero sobre todo ricos en humanidad.

Espero que el turismo agresivo que se está dando en la zona no acabe en pocos años con toda esta riqueza étnica, cultural y paisajística.

Posiblemente, en el desierto de Erg Chebbi conviven a la vez la magia y la decepción, o esa es la sensación que yo me he llevado del lugar.

Datos de interés

Si te apetece seguir mis pasos por esta ruta a través del desierto, puedes hacerlo de dos maneras.

O por tu cuenta buscando operadores turísticos locales que ofrecen diferentes opciones de visita y servicios, o bien, alojarte, tal como fue mi caso, en el Hotel Xaluca Kasbah Arfoud, donde ofrecen el paquete completo de dos días con las experiencias que aquí te he contado.

La ruta incluye seguro, transporte en 4X4 acondicionados, comidas, bebidas y guías locales.

9 Respuestas

    • Eva Puente

      jajaj, si , parece que nos seguíamos los pasos. Nosotros no pisamos Merzouga, demasiado saturado, por eso dimos una vuelta casi completa al Erg chebbi.

      Un abrazo,
      Eva

      Responder
  1. enrique

    wow, leyendote se nota que has disfrutado a pesar de los problemillas de quedarse atascado, jeje

    solo por hacer fotos como las tuyas ya me gustaria ir al desierto

    muy buen post

    Responder
    • Eva Puente

      Muchas gracias Enrique! eso espero, que nuestros post emocionen e inspiren a otros viajeros :-).

      Un abrazo,

      Eva

      Responder
  2. jordi (milviatges)

    Madre mía que pasada y que bonitas fotos!!! Un lugar súmamente evocador y que, precisamente hoy, hemos incluido en un post dedicado a las “15 maravillas naturales del mundo”. Sin embargo, cuando lo visité me encontré con una tormenta de arena horrible, que no me dejó disfrutar tanto como tu.
    Me ha encantado el post y esta cenita bajo las estrellas (casi)!!!!

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    • Eva Puente

      Nosotros estuvimos a punto de tener también una tormenta de arena, pero al final el Gibli (o Siroco) se relajó y pudimos entrar en las dunas. ¡Menos mal!

      Muchas gracias por tus palabras,

      Eva

      Responder
  3. Eva

    Preciosa experiencia y preciosas fotos. No me extraña que el desierto te diera impresión al principio, pero por lo que veo merece la pena enfrentarse a ese miedo y vivir la aventura!

    Un saludo,
    Eva

    Responder
    • Eva Puente

      Si Eva, es toda una aventura! ya sabes, tienes que animarte a vivirlo por ti misma!

      Un abrazo,
      Eva

      Responder

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