Viajar a Irán III. El Desierto de Maranjab en la Ruta de la Seda

Tras varios días en Kashan toca poner rumbo a nuevos destinos iranís. Aunque nos encontramos muy bien con nuestro anfitrión, the travel must go on

Antes de seguir rumbo a Isfahan, Mohammad, nos recomienda que hagamos una escapada al desierto de Maranjab y a la bonita localidad de Abyaneh.

Nos facilita información invitando a su casa a Houssein, un travel guide experto en tours por la Ruta de la Seda iraní.

Nuestra inseparable Clara, con la que vamos compartiendo viaje y aventuras desde Teherán, también se apunta. Es lo que tiene viajar de forma colaborativa y sostenible.

Así, tras pagar 60€/persona todo incluido, nos embarcamos camino hacia el desierto.

Grupo de aventureros en el Lago salado de Namak - Desierto de Maranjab

Grupo en el Lago salado de Namak – Desierto de Maranjab

El taxi con conductor, agua, fruta y aire acondicionado nos espera en la puerta de Mohammad. ¡Todo un lujo!

Cuando vemos el coche nos quedamos un poco atónitos. ¿Aquel Saipa viejo nos introduciría por las dunas del desierto?

¿Ese loco cacharro tiene aire acondicionado? Nuestras dudas se despejaron un rato más tarde. ¡No te preocupes, Eva!

Clara, Carmelo, Pipo (nuestra mascota), Mohammad y yo subimos al taxi.

La primera parada de nuestra aventura es el Fin Garden, situado a las afueras de la ciudad vieja de Kashan.

Un lugar único, declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO junto a otra serie de jardines persas del país.

No hay nada más divertido y arriesgado a la vez, que meterte en un taxi iraní. Lo mejor que puedes hacer es fluir. ¡No queda otra!

Allí estábamos los tres, junto a Mohammad, sorteando todo tipo de peligros por las calles y avenidas de Kashan rumbo al jardín. Y eso que nuestro taxista era una persona tranquila, amable y seria…

La visita al Fin Garden cuesta 150.000 riads (para los no iranís). Mohammad nos ha hecho de perfecto cicerone explicando cada detalle de un lugar representativo de la esencia del jardín persa.

Fin Garden, ejemplo de jardín tradicional persa, un oasis en medio del desierto

Fin Garden, Patrimonio de la Humanidad en Kashan

Tras la visita, Mohammad nos devuelve al taxi y tomamos rumbo hacia Aran va Bidgol.

El conductor habla lo justo de inglés, por lo que viajamos sin saber bien que visitamos.

A pocos kilómetros de Kashan se encuentra una pequeña ciudad que destaca por un espectacular santuario, mausoleo de Hilal Ibn Ali uno de los biznietos del profeta Mahomma.

El conductor se detiene en una grandiosa explanada y nos hace señas para que vayamos hacía el enorme edificio que desde fuera parece un centro comercial.

Le seguimos, y de repente, a tan solo unos pasos de la entrada, ¡alguien grita nuestros nombres! Por un momento nos quedamos de piedra. ¿Quién nos conoce aquí?

El destino, o la casualidad, hace que nos encontremos con una joven pareja de europeos que conocimos en el bazar de Kashan y con los que compartimos cena en casa de Mohammad.

Anna y Paolo son nuestra salvación, ya que ellos, además de conductor, llevan un guía que habla inglés.

Paolo, Clara y Anna, nuestros compañeros de viaje por un día

Paolo, Clara y Anna, nuestros compañeros de viaje por un día

Anna y Paolo han contratado la misma ruta que nosotros: visita al mausoleo de Aran va Bidgol y noche en el desierto de Maranjab.

Su guía, al vernos “tan perdidos” decide que a partir de ese momento formamos un grupo de cinco “turistas”, un guía y dos taxis.

El santuario de Hilal Ibn Ali nos deja mudos. Las dimensiones de este lugar son casi faraónicas.

El lugar es acogedor y deja entrar a todas las personas, eso sí, las mujeres debemos ponernos el chador (para las no mulsumanas es de color blanco con flores).

Cúpula del Santuario de Aran va Bidgol

Cúpula del Santuario de Aran va Bidgol

El templo se construyó hace unos trescientos años, mientras que la tumba tiene más de mil.

Aquí, el esplendor de la arquitectura iraní consigue envolverte. Ha sido una de las primeras construcciones religosas que visitamos y nos hemos sentido muy pequeños en este lugar.

Además, todo está muy limpio, tranquilo y sereno. Eso sí, hay una figura omnipresente en la vida pública iraní, Jomeini.

En todas las mezquitas, edificios oficiales, jardines, en las entradas de los pueblos, aldeas y ciudades, encuentras su imagen en fotos, en grafittis, en pantallas de televisión…

Santuario de Hilal Ibn Ali - Aran va Bidgol (provincia de Kashan)

Santuario de Hilal Ibn Ali – Aran va Bidgol (provincia de Kashan)

Nos ha sorprendido que nadie nos diga nada mientras visitamos y fotografiamos un lugar santo. Al contrario, la gente se acerca a hablar con nosotros, incluso dentro del templo.

Mientras, nuestro guía nos explica quien era Hilal Ibn Ali y lo que supone para los chiíes.

Aquí aprendemos el porqué de la brecha en el Islám. En el exterior se sitúa un cementerio-memorial de los caídos en el conflicto irano-iraquí.

Cementerio caídos en la guerra Irán-Iraq

Cementerio caídos en la guerra Irano-Iraquí

Somos testigos de que las heridas de este conflicto aún no están del todo cicatrizadas, son muchos los familiares que vienen hasta las tumbas para orar.

Un desconocido se acerca y nos cuenta su visión de la guerra. La rivalidad chii-suni vuelve a salir en la conversación.

Abandonamos el mausoleo, dejamos el chador a la salida. Resulta difícil manejar la cámara, sujetar el pañuelo, la mochila, evitar que resbale el chador.

¡Uufff, no puedo con ello! la irritabilidad se apodera por un momento de mi. Necesito quitarmelo de encima.

A pesar de la serenidad, del sosiego, de la calma y de la belleza que hay en este lugar, mi yo interior está revuelto bajo esa tela que me hace prácticamente invisible.

Dejamos el mausoleo y su atrapadora belleza

Dejamos el mausoleo y su atrapadora belleza

El taxi nos espera, se nos está haciendo tarde y debemos llegar al lago de sal antes de que anochezca. En las afueras de Aran va Bidgol la carretera de asfalto se convierte en una de arena.

El viejo Saipa se está portando muy bien. El aire acondicionado funciona perfectamente y nuestro conductor nos abastece de agua bien fresca continuamente.

En cuanto entramos en la pista sin asfaltar comienza la verdadera aventura.

Los taxis se van siguiendo. A los conductores les gusta correr por estas sendas infinitas que recorren el desierto emulando a las antiguas rutas de caravanas. El romanticismo comienza a hacer acto de presencia.

La poca flora que hay en los alrededores de la ciudad, sobretodo tamarindos y pequeños arbustos verdes van desapareciendo.

Sabernos por los mismos caminos que recorrieron grandes viajeros de otras épocas nos emociona, solo el traqueteo del Saipa nos devuelve a la realidad.

De vez en cuando nos cruzamos con camiones repletos de sal que proceden del Lago Namak, uno de nuestros objetivos del día.

Pero antes, la fina arena dorada del desierto nos espera.

Desierto de Moranjab

Desierto de Moranjab – La felicidad en medio de la nada

Si has estado en otros desiertos, como por ejemplo en el Erg Chabbi de Marruecos, el Maranjab te parece casi de juguete, pero no por ello deja de ser un lugar increíble, apartado y lejano.

Como decía Saint Exupéry en mi adorada historia de El Principito: “Yo siempre he amado el desierto. Uno puede sentarse sobre una duna de arena.

No ve nada. No escucha nada. Y, sin embargo, siempre hay algo que brilla en el silencio”.

Y eso es lo que se siente en el desierto, el brillo del silencio, el poder de la nada.

¡Me siento libre! Nuestra compañera de viaje Clara, se anima con un jump

¡Me siento libre! Nuestra compañera de viaje Clara, se anima con un jump

Nos descalzamos para caminar por la arena, a pesar de las recomendaciones del guía y de los conductores que nos dicen que mejor con las botas o sandalias.

Eso sí, en cuanto hemos bajado del coche nos han dicho, ¡aquí nada de velo!

¡Ufff que sensación de libertad! Aún así, me he colocado el pañuelo a modo de turbante, hace mucho viento y la arena choca contra la cara, los oídos, el pelo…

Ahora el pañuelo me sirve como protección, también para aliviar los fuertes rayos de sol (cosas que aprendí de mi viaje al Sáhara).

Para Carmelo es su primera vez en el desierto. Un momento único que debe vivir plenamente. Las dunas y la ausencia total de referencias nos ayuda a jugar con las perspectivas y engañar al ojo.

Y en medio de esta nada, como por arte de magia, nuestros compañeros de viaje, es decir, nuestros chóferes, nos preparan un delicioso chai que se convierte, posiblemente, en el mejor té de las cinco que hayamos tomado nunca.

Hay momentos irrepetibles en los viajes. Este es uno de ellos. El viento y la arena, la nada, un grupo de amantes del desierto, una grata charla y una deliciosa taza de chai iraní. ¡Que poco necesitamos para sentir felicidad!

La tarde ya está acabando, aún nos quedan unos kilómetros para llegar al lago de sal, nos avisan de que es necesario salir ya o nos perderemos la puesta de sol.

Es necesario llegar con luz del día hasta el desierto salado para apreciar los colores porque sino, solo veremos una mancha de color gris.

Clara y yo intentamos atrapar al sol en el Lago salado de Namak -

Clara y yo intentamos atrapar al sol en el Lago salado de Namak

Al acercarnos notamos sequedad en los labios y ese punto salado que hemos conocido en algunas salinas de España.

El viento huele diferente, sabe diferente. La temperatura ha bajado casi veinte grados. Un desvío en el camino hacia el Caravanserai, lleva hasta Namak.

Bajamos del coche entusiasmados. Al guía no le da tiempo a advertirnos que el suelo no es firme, que podemos hundirnos en ciertos lugares ya que el agua no ha desaparecido por completo.

Cuando quiere reaccionar, ya estamos con los pies en el curioso barrozal que forma el lago.

El paisaje es todo un espectáculo, no tenemos ganas de fotos ni de vídeo, solo queremos disfrutar de las vistas, de los cambios de luz y de color, sobre todo de la desaparición del sol en el infinito mar de sal.

Superado el primer impacto, jugamos de nuevo con las perspectivas en un lugar donde las referencias visuales no existen.

Juego de perspectivas en el Lago salado de Namak (Desierto de Maranjab)

Juego de perspectivas en el Lago salado de Namak (Desierto de Maranjab)

Unas frescas rodajas de sandía nos sacan del atontamiento y matizan nuestra sed (el viejo Saipa es como un baúl de sorpresas, de él sale de todo)

Nos hubiéramos quedado aquí sentados durante horas, dejándonos mecer por el viento.

Pero debemos llegar a nuestro último destino del día, el Caravanserai de Maranjab, una de las joyas de la corona de la antigua Ruta de La Seda.

Cúpula del Caravanserai en el Desierto de Maranjab

Cúpula del Caravanserai en el Desierto de Maranjab

Llegamos a nuestro alojamiento de noche, lo que no nos deja apreciar las dimensiones de este antiguo refugio de caravanas en plena Ruta de la Seda.

Nos advierten que la luz artificial funciona gracias a un generador que se apaga hacia las 23:00, por lo que debemos cenar y elegir nuestra habitación dentro del Caravanserai.

La temperatura es más baja. El contraste es brutal respecto al día, pero venimos preparados.

El guía nos dice que podemos dormir fuera, encima de un camastro de madera y alfombras, o dentro en un pequeño cubículo.

Preparando Chai para calentar la fría noche

Preparando Chai para calentar la fría noche

Como los cinco no cabemos en el camastro de fuera, tras la deliciosa cena de platos típicos persas y su correspondiente taza de chai caliente, Carmelo y yo decidimos dormir en el interior del Caravanserai, emulando a los antiguos viajeros de la ruta.

Sin embargo, en el interior de la antigua construcción hace un calor terrible. Los ladrillos absorben todo el calor del día y lo expulsan por la noche. Decidimos dormir con las puertas abiertas a ras de cielo.

El cansancio hace que nos olvidemos de los bichos que rondan nuestros cuerpos.

El suelo vuelve a ser nuestro mejor colchón y las mantas nos sirven de almohada.

No esperéis ni el más mínimo lujo en el caravanserai, este es un lugar de paso.

Rica cena tradicional en la antigua Ruta de la Seda

Rica cena tradicional en la antigua Ruta de la Seda

Pero antes de dormir decidimos alejarnos un poco del bullicio que hay dentro del edificio. El lugar es uno de los puntos turísticos favoritos de los iranís.

Hasta aquí llegan muchos grupos de amantes de la fotografía con un solo deseo, fotografiar el cielo nocturno.

El silencio se rompe con un grupo de chicas colocadas con sus cámaras. Cada vez que encendemos las linternas oímos sus gritos desesperados invitándonos a apagar la luz. Decidimos alejarnos un poco de todo este jaleo.

Andamos a ciegas un buen rato por la arena del desierto. A cada paso algo roza nuestros pies, pero mejor no pensamos en qué puede ser. 

Y allí, en medio de la nada, descubrimos que la luz de las cercanas ciudades produce una fuerte contaminación lumínica, y la noche, no es tan noche. 

Aún así, el lugar es único y las estrellas son infinitas. Mientras miramos al cielo una “estrella fugaz” surca el cielo, su duración nos deja a todos mudos para gritar acto seguido ¡Alaaaaaaaa, que pasada!

Los lavabos, o algo parecido, están a unos metros alejados del caravanserai, toca ir en grupo antes de dormir.

La emoción del desierto, el sonido del viento y el jaleo de los grupos de turistas nos mantienen en vela hasta altas horas de la noche.

Al final, el sueño nos vence. La espalda y los huesos se acaban acostumbrado a la dureza del suelo.

Amenece, que no es poco, en el desierto de Maranjab

Amanece, que no es poco, en el desierto de Maranjab

Los primeros rayos del sol nos despiertan. ¡Aquí el sol sale muy temprano! Para nuestra sorpresa, el día nos muestra el magnífico y bello caravanserai del Desierto de Maranjab.

Un solitario dromedario llama nuestra atención, pero lo más increíble es un pequeño estanque con árboles, peces y patos que hay en uno de los laterales del campamento.

Nuestros compañeros de viaje aún están durmiendo, completamente tapados con mantas. La noche en el exterior ha sido fría.

Caravanserai en el Desierto de Maranjab - La Ruta de la Seda

Caravanserai en el Desierto de Maranjab – La Ruta de la Seda

La mañana ha amanecido con mucho viento. La arena se nos cuela por todas partes.

El equipo de guías y conductores están preparando un delicioso desayuno. Mientras, nosotros nos entretenemos con los pocos animales que sobreviven en este lugar.

El mejor amigo del hombre en el desierto :-)

El mejor amigo del ser humano en el desierto 🙂

El viento es muy fuerte, nos hace casi imposible andar. El desayuno lo tendremos que tomar dentro de un container que sirve de almacén.

Hay preocupación en el guía por la posibilidad de una tormenta de arena. Al final, todo se queda en fuertes ráfagas de viento.

El desayuno está riquísimo. Pan recién hecho, huevos, mantequilla, agua, yogur.

¡Vamos, que nos sentimos como unos reyes! Hay que reponer fuerzas porque el día será largo.

Un buen desayuno antes de continuar el viaje -Desierto de Maranjab

Un buen desayuno antes de continuar el viaje -Desierto de Maranjab

Recogemos la mochila y nos ponemos en marcha. El paisaje es muy cambiante, pasamos del espacio infinito a cruzar pequeñas colinas donde el desierto se muestra de diferente color y forma.

Un conjunto de cañones llama nuestra atención y paramos. Aquí le decimos adiós a Maranjab.

Decimos adiós al desierto de Maranjab

Decimos adiós al desierto de Maranjab

El viejo Saipa nos devuelve sanos y salvos a la casa de Mohammad que nos espera con los brazos abiertos.

Unas duchas generosas nos sacan la arena y la sal del desierto. Recogemos el equipaje de casa de nuestro anfitrión y volvemos al taxi.

Nos espera una nueva ruta hacia el sur. Abyaneh e Isfahan son los siguientes destinos.

Mohammad nos despide emocionado. Han sido varios días junto a él. Pero…, debemos seguir.

El Saipa espera impaciente en la avenida para una nueva aventura. Al abrazar a Mohammad no puedo evitar llorar. Parece mentira, pero las despedidas empiezan a ser dolorosas.

Mohammad se aleja, cada vez su figura es más pequeña y de golpe, una sensación de melancolía nos embarga. Clara, Carmelo, Pipo y yo seguimos rumbo hacia Abyaneh. 

Datos de interés para visitar el desierto de Maranjab

El viaje que realizamos durante dos días con conductor se contrata a través de: Kashan_guide@yahoo.com

Teléfono de contacto: 0913 264 2236 – 0937 500 6058.

El precio por persona es de 60€ por las dos rutas. Incluye: taxi con conductor, comidas, cena, agua fresca, frutas.

En el desierto de Maranjab, alojamiento en el caravanserai. Si quieres puedes contratar también un guía (precio aparte).

La dirección es: Kashan, Mohtasham st, Sabet Alley.

Nuestra opinión sobre la ruta contratada

En general, el paquete contratado está muy bien. Si vas a pasar unos días en Kashan, esta opción de rutas viene bien para hacer el desierto de Maranjab, acercarte a Abyaneh o visitar otros lugares de interés en la provincia (ciudades subterráneas, Niasar, Natanz).

El guía que acompañaba a Anna y Paolo sencillamente genial. Un joven musulmán que nos atrapó desde el primer momento por su serenidad, educación y cultura. ¡Que buenas conversaciones hemos tenido junto a él!

El conductor de nuestro taxi, un diez, solo un pero, su nivel de inglés muy flojo.

Su destreza al volante ha sido increíble, sobretodo con el cacharro que lleva. Nos hemos hecho fans absolutos de la marca Saipa iraní. ¡Puede con todo!

Perfectos los detalles en todo momento del agua fresca, el té y las frutas. Las comidas abundantes y riquísimas. Y el viaje es muy flexible, prácticamente decides dónde parar y cuándo.

No somos muy dados ha este tipo de rutas, pero esta la recomendamos 100%.

Aunque si has visitado otros desiertos, el desierto de Maranjab te sabrá a poco.

Vídeo del desierto de Maranjab 

Vídeo versión 3D

No seas tímido, consulta cualquier duda sobre nuestro viaje a Irán. Y si te apetece, deja un comentario. ¡Gracias!

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Desde octubre de 2018 me encontrarás también al frente de Penedes Lovers Enoturismo, una agencia receptiva especializada en la cultura del vino.

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11 Respuestas

  1. Lilián Viajera

    Eva… cada vez que leo alguno de tus post sobre Irán ¡¡¡más ganas tengo de ir!!!
    Me ha parecido fantástico todo lo que contaste, hasta el Saipa me ha caído de maravillas. Ojalá pueda algún día pueda estar por ahí… y si no es así, gracias a vos lo he podido conocer!
    Espero tu próximo post sobre Irán… ¡ansiosamente!
    Gracias por tu post.
    Lilián Viajera

    Responder
    • Eva Puente

      jajaja Lilián, cuanto nos alegra despertar las ganas de viajar a Irán!Te damos las gracias por leer con tanta pasión nuestros post sobre Irán, todavía quedan unos cuantos :-).

      Ahh, los Saipa volveran a ser protagonistas en más momentos! Un besazo amiga viajera.

      Eva y Carmelo

      Responder
    • Eva Puente

      Hola! efectivamente, tiene un aire al salar, tan de moda últimamente :-). Pue simagínate la colección de cúpulas y techos que hemos visto a lo largo de treinte días!! Gracias por el comentario!

      Eva y Carmelo

      Responder
  2. Cristina

    Precioso recorrido por el desierto, por los caravanserai y por esas mezquitas llenas de colores magníficos.

    Muchas gracias Eva, he viajado hasta Irán sin salir de casa.

    Un abrazo.

    Responder
    • Eva Puente

      Muchas gracias a ti Cristina :-). Este ruta es maravillosa y además te hace sentir un antiguo viajero en la Ruta de la Seda!

      Un abrazo amiga viajera!

      Eva y Carmelo

      Responder

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