Hawraman Takht el corazón del Kurdistán iraní

Desde la carretera que transcurre entre las localidades de Marivan y Ghazandi se accede a la pequeña población de Hawraman Takht (Oraman en su versión occidental).

Un lugar que parece de mentira, presentado como una leyenda mística para el visitante que se adentra por la impresionante y montañosa región de Hawraman, en la remota provincia del Kurdistán iraní.  

Curva tras curva se hace nuestro camino. Un paisaje cambiante, de verdes llanuras y amplios valles salpicados de diminutos poblaciones en las que destacan las altas torres y las cúpulas brillantes de las mezquitas.

En medio de estos parajes olvidamos el Irán que hemos disfrutado hasta ahora.

Aquí el cielo es azul, la presencia policial es anecdótica (aunque existen puestos fronterizos controlados ya que Iraq está a pocos kilómetros), el agua corre en abundancia y se respira libertad ambiental, que no se corresponde con la social y política.

La “tranquila” vida rural sustituye a las ruidosas ciudades persas. La naturaleza te recibe con toda su energía, sin previo aviso, con tal impacto que, a veces resulta difícil contener las lágrimas ante la presencia abrumadora de la cordillera del Zagros.

La carretera nos lleva a un Irán totalmente diferente donde el silencio nos invade
La carretera nos lleva a un Irán totalmente diferente donde el silencio nos invade

Segundo día de road trip por el Kurdistan

Es nuestra segunda jornada del road trip por el Kurdistán junto a nuestros amigos Yalda y Dana, en pocas horas estamos enamorados de esta tierra.

Al acabar el día sentimos como un pedazo de nosotros se quedó vagando entre los valles de leyenda de la mística e irreal Hawraman Takht .

Todo en esta región tiene esa magia que solo reside en lugares específicos del planeta, lugares no contaminados por hordas descontroladas de turistas y olvidados de las rutas de afamadas revistas de viajes.

Hasta aquí han llegado contados privilegiados entre los que nos encontramos (aún nos cuesta creerlo).

La experiencia vivida en Hawraman Takht la percibimos ahora como un sueño.

Como una enigmática vivencia que queremos compartir en honor de un pueblo, el kurdo, y en honor de nuestros amigos, quienes consiguieron hacer del road trip por el Kurdistán uno de los momentos más mágicos de nuestro viaje por Irán.

Me gustan estos viajes, estas sorpresas, regalo del universo, que trastocan la planificada vida que, a veces, llevamos.

Carmelo tiene un brillo especial, el brillo de haber llegado a un lugar único, a una región no incluida en nuestra agenda viajera y que cautiva desde el momento en que subimos al viejo Saipa de nuestros cicerones en la ciudad de Sanandaj.

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Mirador de Hawraman Takht donde degustamos un Shai (té iraní)

Compartir el viaje y la vida

Dana y Yalda nos adentran, no solo por el paisaje y naturaleza del Kurdistán, lo hacen también por su música, cultura, idioma y realidad político-social.

Días previos a nuestra llegada abandonaban su ciudad de residencia, Ebril, en la cercana Iraq, debido al avance del Ysis.

Han abandonado todo allí, trabajo, pertenencias, dinero, solo han podido rescatar los objetos personales más preciados.

A pesar de su tristeza y dolor, nos han acompañado a través de este viaje. Para ellos comienza una nueva andadura con un objetivo: salir de Irán.

Nuestro periplo iraní no solo ha sido un viaje a la búsqueda de lugares comunes, no ha sido solo un viaje de bellas y espectaculares fotos o momentos colgados en Instagram.

Irán se convirtió, sobre todo, en un viaje al corazón del islam, de las personas, de Oriente Medio y sus conflictos.

Un acercamiento al día a día de las mujeres sometidas, pero también a la esperanza, a la delicada cultura persa, a las ganas de libertad y a momentos únicos e inolvidables.

Resulta difícil transmitirlo todo aquí. Hay experiencias que uno debe vivir in situ, 

En viajes como este, puedes sentir como tu piel se eriza al escuchar a una armenia contando el holocausto de su pueblo en una vieja canción francesa, o ante las historias de injusticia cometidas contra el pueblo kurdo relatadas por un líder comunitario sunhi (conocido como Sheij).

Todo esto es Irán y no solo sus fascinantes cúpulas, Persépolis o los jardines de Shiraz.

En un mes de viaje, durmiendo en casas particulares, hemos podido conocer “un poco más” la realidad del país, más allá de la Persia de las “mil y una noches”.

Hawraman Tajt, uno de los bellos pueblos colgados del Kurdistán
Hawraman Takht, uno de los bellos pueblos colgados del Kurdistán

Y es este Irán de profundas cicatrices geográficas, culturales y sociales el que sale a nuestro paso en el primero de los pueblos kurdos que conocemos, Hawraman Takht.

Vídeo Hawraman Takht en Kurdistán

Puedes ver el vídeo en 3D

Hawraman Takht, la tierra de Ahura

Tras abandonar la carretera 15, vía usada desde  Marivan, accedemos a otra local que recorre la zona montañosa de Hawraman y lleva hasta el pueblo de mismo nombre.

El camino vuelve a cambiar bruscamente. Atravesamos una carretera de alta montaña, sinuosa, aquí sobran las líneas rectas.

Cualquier punto de la ruta se convierte en un improvisado mirador desde el que se observa la serpenteante línea de color gris que muestra el camino a seguir para llegar hasta “la localidad de Ahura”.

Parece increíble, pero esta carretera solo tiene cincuenta años. La región del Kurdistán es la gran olvidada del gobierno iraní, aunque desde hace unos años acapara su atención, ya que la zona comienza a ser un incipiente foco del turismo interior.

La emoción por lo desconocido, la hipnótica música kurda y el placer de llegar a un lugar de leyenda, nos hacen olvidar la sucesión de infinitas de curvas. 

Una carretera no apta para quienes padecen de vértigo y se marean en el coche.

Carretera de la región de Hawraman que lleva hasta nuestro destino
Carretera de la montañosa región de Hawraman que lleva hasta nuestro destino

El mítico Zagros

Hawraman Takht es un pintoresco pueblo colgado que se desparrama por la ladera del Zagros.

Totalmente mimetizado en la roca y la naturaleza que lo envuelve, capta tu atención desde el primer momento.

Nada más verlo, siento irremediables ganas de bajar del coche para continuar caminando y no perder detalle de su peculiar arquitectura, pero los ojos engañan, la distancia es mayor de la que se aprecia desde las alturas.

En el valle, la primavera es un vestigio del pasado, apreciado en algunas laderas de color verde.

El incipiente y caluroso verano ya ha hecho acto de presencia con sus dorados colores. El contraste entre verdes y marrones es un constante de la ruta.

El nombre de la localidad deriva de las palabras Ahura (divinidad angelical zoroastriana) y man que significa casa, lugar o terreno, por lo que Hawraman significa: “la tierra de Ahura” (divinidad angelical del zoroastrismo).

Las leyendas kurdas cuentan que en un tiempo pasado, Hawraman fue una magnífica ciudad, por eso se acompaña su nombre con el apellido Takht, que se traduce por centro o capital.

Los restos de algunos templos sasánidas, de más de dos mil años de antigüedad, encontrados por los alrededores, parecen confirmar esta teoría.

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Hawraman Tajt o Ciudad de Ahura tiene más de dos mil años de antigüedad

La escalera al cielo

Hawraman atrae por su peculiar arquitectura y urbanismo. Un pueblo que parece una escalera al cielo, construido exclusivamente con piedra y madera sin utilizar cemento ni mortero.

De armonía perfecta, el techo de una casa sirve de patio para la del piso superior o como calle de paso. Todo parece magistralmente diseñado para que nada desencaje. Una localidad orgánica, casi oculta a los ojos.

Su excelente ubicación, el diseño de sus casas y su mimetizada configuración en la roca del Zagros, son los puntos fuertes para su perdurabilidad en el tiempo.

Los fríos y largos inviernos seguidos de calurosos veranos son mitigados por esta arquitectura alejada de cualquier resquicio de lujo, pero de una confortable sencillez.

Hawraman no es el único pueblo de estas características en el Kurdistán.

En nuestro road trip, visitaríamos Palangan, uno de las localidades más bellas del país, con el permiso del famoso Mausoleh.

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Oraman, una escalera al cielo

Pir-e Shaliar, santón zoroastriano de Hawraman Takht

Hawraman es un lugar famoso en Irán, no solo por su peculiar arquitectura, también por contar con el Mausoleo de Pir-e Shaliar, un santón, sabio y “curandero” zoroastriano muy venerado en la región.

Sus dotes milagrosas pronto se hicieron famosas entre la población y acabó casándose, según cuenta la leyenda, con la hija del rey de Bujar a la que curó de su mudez y sordera.

Dos veces al año, coincidiendo con la primavera y el invierno, se celebraba el festival de Pir-e Shaliar que rememora la boda y muerte del santón en una de las fiestas más impresionantes de Irán.  

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Cueva y recinto sagrado de Pir-e Shaliar

Un muro de piedra y una puerta de color verde protegen el santuario y cementerio de la localidad.

Posiblemente, el santuario es el lugar más concurrido del pueblo ya que los habitantes vienen a realizar sus oraciones, peticiones y a conversar.

Mujeres en oración en el lugar santo de Hawraman
Mujeres en oración en el lugar santo de Hawraman

Nada aquí nos hace recordar al islam, los ritos son diferentes, las mujeres visten de alegres colores.

Los cultos zoroastrianos han acabado mezclados con la religión impuesta por el gobierno de los ayatolás.

Hemos accedido al santuario sin que nadie nos negara la entrada, nuestra presencia y vestimenta no ofende en este lugar.

Al contrario, hemos sido invitados a entrar en la cueva “sagrada”, un lugar cargado de energía.

En el interior, los “fieles” chocan unas piedras a modo de oración. 

Acceso a la cueva de Pir-e Shaliar
Acceso a la cueva de Pir-e Shaliar

La extraordinaria energía de los lugares santos

Se pueden contar con los dedos de la mano los viajeros occidentales que llegan hasta aquí, aún así, pasamos desapercibidos.La gente está inmersa en su rutina diaria.

Algunos hombres charlan bajo la sombra de los árboles mientras las mujeres y niños atan telas de colores en la reja del pequeño y modesto santuario de Pir-e Shaliar.

Dana nos explica esta extraña tradición.

“En los árboles y en la reja del mausoleo se cuelgan telas, se hacen unos nudos que representan el problema a salvar, cuando se abran, el milagro se produce y el problema se resuelve”.

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Tumba de Pir-e Shaliar y reja repleta de telas
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Una mujer realiza su petición
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Los niños observan curiosos…

Me olvido de la cámara, de las fotos, del móvil, me olvido de todo, el lugar consigue apoderase de mí.

Nunca había estado en un sitio con tal carga de buen rollo. El mítico Zagros y Pir-e Shalir nos regalan uno de los mejores momentos de nuestra vida viajera.

Nos sentamos en la explanada donde se celebra el festival. Dejamos que nuestros pies cuelguen sobre el abismo de la majestuosa montaña.

Yalda y Dana se entretienen con sus selfies. De repente, sin poder pararlas, de mis ojos brotan las lágrimas, miro al infinito y me dejo llevar por la magnífica sensación que impregna el lugar.

Carmelo está al otro lado, extiende su brazo, y nos acariciamos sin tocarnos, abriendo las manos para dejar que la energía del lugar llene nuestros cuerpos. 

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Un lugar muy energético. A los pies del monte Zagros me senté y lloré
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El amor fluye en el Kurdistán

En un arrebato de amor universal decidimos casarnos aquí.

¡Qué tontunas entran en algunos viajes! Mientras, una curiosa lagartija presencia el emotivo momento. 

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Tras las lágrimas llegan de nuevo las risas, la vuelta a la realidad, la toma de conciencia de que en la tierra existen lugares donde la energía es brutal, donde la paz y el buen rollo superan cualquier ideología, religión o conflicto. Hawraman Takht es uno de esos lugares.

Decidimos salir del lugar santo y dejar que el viento mueva las telas de colores anudadas a la espera de los milagros.

Salimos al encuentro de más experiencias, como si no hubiéramos tenido suficiente con el mágico momento zoroastriano, pero en este caso gastronómicas.

Cementerio de Hawraman
Cementerio de Hawraman

Vamos a la búsqueda de los productos locales. Dana y Yalda nos hablan del exquisito pan que se elabora en el pueblo, una joya gastronómica a base de harina, mantequilla, leche, cebollino, sal y pimienta conocido como Kalaneh.

Aquí no existen las tiendas al uso. Las familias saben quién elabora el qué, se acercan hasta su casa y hacen el pedido.

Dîyar es la panadera, de sus manos sale el exquisito pan que tomamos junto a unos vasos de dugh (bebida láctea típica de Irán).

Elaboración artesanal del Kalaneh, un delicioso pan local
Elaboración artesanal del Kalaneh, un delicioso pan local

No hay un cartel que anuncie su casa como “la Panadería”, no es necesario, los vecinos llaman a la puerta, ella abre e inicia la elaboración.

En un pis pas, el pan está hecho. Puedes degustarlo allí mismo, justo al lado está la casa donde venden el dugh. ¿Quién necesita más?

Otro grupo de viajeros y turistas se acercan e iniciamos una interesante charla.

Desde un minibús comienzan a tocar el claxon, unos gritos hacen que giremos la cabeza, Yalda comienza a reír y me indica que el minibús ha parado por mí.

En su interior viaja un grupo de mujeres “músicas” que quieren que suba con ellas para hacerme fotos, se sienten atraídas por mi ropa, por la manera en la que llevo colocado el pañuelo, posiblemente nuestra presencia rompa su cotidiana rutina.

No tengo ningún inconveniente en dejar a mis amigos y a Carmelo en la improvisada panadería para subir al vehículo. Está claro que Irán ha dejado el listón alto de momentos surrealistas, divertidos y curiosos.

Las mujeres me reciben con un alboroto que no logro comprender, me cogen del cuello para que me siente a su lado, todas quieren una foto, y yo, traspaso el umbral de turista ladrona de imágenes para convertirme en el centro de las miradas curiosas del grupo de mujeres.

Complicidad femenina en el Kurdistán
Complicidad femenina en el Kurdistán

Yalda acaba subiendo para hacer de traductora. Unos minutos son suficientes para quedarme con otro grato recuerdo de este viaje.

Como bien decía el maestro Kipling, “entre todos los dones de la tierra, hay pocos comparables con la alegría de entrar en contacto con un nuevo país” y yo añadiría con una cultura diferente.

La tarde se acerca, Yalda y Dana nos dicen que tenemos que regresar ya que cenaremos en Zarivan y tenemos unos setenta kilómetros de distancia hasata allí.

Damos un último paseo por las calles antes de marchar. A lo lejos una tormenta de verano se acerca.

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Calles de Hawraman Takht

El sonido de los truenos en plena montaña es brutal. El viejo Saipa consigue alejarnos a tiempo de la intensa lluvia y los rayos. 

A nuestra espalda, un cielo gris y soleado nos despide. Y como no podía ser de otra manera, Hawraman nos dice hasta pronto con un espléndido arco iris.

Hay lugares que quedan en el corazón, sin dudarlo, Hawraman Takht es uno de ellos. Esperamos regresar pronto para seguir disfrutando de sus gentes, de sus historias, cultura y gastronomía. 

Gracias Yalda y Dana por vuestra compañía y por transmitirnos el amor por vuestro querido Kurdistán.

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