JAQUE A LA LIBERTAD

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Contraportada del relato Jaque a la Libertad
Contraportada

JAQUE A LA LIBERTAD

Escrito por Carmelo Caballero.

Edición finalizada en octubre de 2021

Este relato es de libre lectura y distribución, aunque se publica bajo copyright para evitar que terceras personas hagan uso lucrativo del relato, o copia y plagio sin autorización.

INTRODUCCIÓN

El relato que viene a continuación, tuvo como título original “El Jugador de Ajedrez”, ya que tenía como protagonista a Leonardo, un joven con una capacidad increíble para percibir cómo en la vida real existe, como en una partida de ajedrez, una despiadada lucha global declarada hace siglos entre dos bandos opuestos.
Sin embargo, para evitar una duplicidad editorial, a la hora de su publicación se decidió cambiar el título por “Jaque a la Libertad”, aunque como el lector podrá apreciar, existen en varios capítulos una introducción a jugadas o movimientos del ajedrez.

ADVERTENCIA

Este es un relato de ficción, por lo que todos los nombres de personas y empresas que figuran en él, así como las acciones que se les imputan, no tienen relación alguna con la realidad.

No se debe por tanto atribuir como cierto lo que en esta  historia se les atribuye, ya que únicamente se han usado algunos sucesos reales y nombres para hacer atractiva y verosímil una historia que nada tiene que ver con la realidad.

O al menos eso es de esperar.

OBJETIVO

Antes de iniciar el juego es importante tener claro el objetivo.

En el ajedrez el objetivo es matar al rey contrario y en la vida real es la felicidad.

Leonardo sabía muy bien que ocultar el objetivo a su enemigo era la única forma de poder vencerle.

Quedaba poco tiempo y estaban a punto de descubrir su farsa.

Se había introducido como peón de confianza en el grupo de personas más poderosas del mundo, y ahora, era muy consciente que cualquier falso movimiento le costaría la vida.

Hacía tiempo que Leonardo no sentía miedo. Sus jugadas siempre habían sido bien calculadas y los enemigos a ganar eran otros. Además contaba con su anonimato y la protección de La Familia.

La Familia… Habían elegido un curioso nombre para autodenominarse.

Cuando supo de ellos por primera vez, pensó que se trataba de algún antiguo linaje, de alguna realeza carolingia, y que mediante enlaces matrimoniales fue extendiendo su poder  e invitando a otras familias poderosas afines a formar parte del grupo.

Más tarde, cuando investigó cómo se extendía su poder en la sombra, empezó a sospechar que tal vez se trataba de una congregación de las cinco familias que formaron en su día la mafia neoyorquina venida de Italia.

Sin embargo, no fue hasta que empezó a trabajar para ellos que Leonardo conoció la verdad.

Aunque en aquel entonces todavía no sabía el nombre, y mucho menos cómo estaba estructurada, pero dedujo la existencia de esa cúpula dirigente, que por supuesto quería pasar desapercibida.

Él empezaba a ser un valor en alza en lo que respecta a las adquisiciones y expansión de la red global de Internet. Muchos en aquella época pensaban que Internet solo se trataba de otra burbuja tecnológica, pero él tenía muy claro la importancia que tendría en un futuro no muy lejano.

Poco a poco sus jefes le presentaban a otros jefes interesados en su visión, hasta que fue acercándose a quienes realmente tomaban las grandes decisiones.

Fue entonces cuando descubrió que los jefes de sus jefes formaban parte de una organización que controlaba distintos ámbitos del poder, y que cualquier operación importante, por muy urgente que fuera una respuesta rápida, siempre se retrasaba porque debía ser consensuada por un reducido consejo llamado “Los Doce”.

No fue hasta que el jefe de su jefe le nombró su asesor personal, que descubrió la verdadera historia de “La Familia”.

La creación de esa organización se remontaba al siglo XIV y a una familia de un pequeño pueblo de Aragón llamado Borja.

Los Borja, como se les conocía, habían adquirido una gran fortuna fruto de formar parte de la garduña, la organización criminal más antigua que se conoce en occidente. Creada en Toledo en 1412, ese grupo de delincuentes perfectamente estructurados no ha dejado de crecer y crecer hasta nuestros días manteniendo los mismos requisitos que en su día exigían a quienes decidían incorporar a sus filas: Buen ojo, buen oído, buenas piernas y poca lengua.

Tras la entrega de Granada a los Reyes Católicos por parte de Boabdil, sultán del reino nazarí de Granada, se acordó un plazo de tres años para que los moros pudieran irse libremente a la Berbería con todos sus bienes y con una escolta garantizada.

Así la mayoría de ellos emprendieron su exilio hacia el norte de África, pero en su camino a la costa eran presa fácil para la garduña, quienes tenían sobornados a los soldados que debían protegerlos.
Muchos musulmanes ante el miedo de ser asaltados por el camino, optaron por enterrarlas en la ladera del actual barrio del Sacromonte de Granada. Pero de poco sirvió, ya que los siempre atentos oídos de la garduña escucharon a los esclavos de los moriscos hablar del lugar donde habían enterrado sus fortunas.
La garduña se dedicó entonces a excavar toda esa ladera y apoderarse de todo cuanto el imperio andalusí había acumulado durante siglos. Joyas, oro, plata, perlas… Una inmensa fortuna que debían blanquear para no llamar la atención y ser descubiertos.

Curiosamente, todas esas excavaciones tuvieron su utilidad y justificación ante posibles investigaciones legales, ya que se las ofrecieron para ser usadas como viviendas a los gitanos que acompañaban al ejército de Fernando.

Procedentes de la India, los gitanos eran muy buenos herreros y expertos cuidadores de caballos, por lo que fueron indispensables como intendencia del ejército cristiano.

Acabada la reconquista, muchos de ellos se asentaron así en las cuevas tan generosamente ofrecidas por la garduña en el Sacromonte, situadas junto a la vía de Guadix romana, que era en aquel entonces la entrada natural por el valle de Valparaíso para los comerciantes que llegaban a Granada. De esta forma los gitanos se dedicaron a la compra venta de caballos, a la herrería y a la reparación de carruajes sin cobrar a sus clientes los impuestos que les exigían en la ciudad.

Estos robos que enriquecieron sobremanera a la garduña, necesitaron de mucha discreción, y así, los pocos rumores de algunos testigos únicamente pasaron a formar parte de una leyenda que nunca sería investigada.

Gracias a la capacidad de Leonardo por entender que tras una acción hay una reacción, encontró lógico que la evolución posterior de esa organización criminal evolucionara como lo hizo.

Deja a una persona con hambre y hará lo que sea por comida. Aprende a robar para comer y conseguirás la amistad de aquellos con quienes compartas tu comida.

Las guerras exigen por igual hombres y comida, así que sin duda que la primera guerra del hombre la produjo el hambre, ya que de lo contrario, lo que surge es el comercio.

No es de extrañar entonces, que quienes aprendieron a robar comida, o en su defecto, dinero para comprarla, florecieran en una época llena de miserias, ya que disponían de tiempo libre y de recursos que utilizaron para cultivarse, aprender a leer y aumentar en conocimiento y sabiduría, algo entonces reservado a unos pocos privilegiados.

Saciadas las necesidades, el siguiente paso para el ladrón es robar más e intentar que nadie más lo haga, y menos a él mismo, por lo que conviene no enemistarse con otros ladrones y acabar con ellos si es posible. Aunque siempre con sigilo y sin llamar la atención.

Siempre había ocurrido así, así sigue ocurriendo y así seguirá. Los ladrones tienden a organizarse desde tiempos de Alí Babá. ¡Y de qué manera…! descubriría Leonardo.

Con el descubrimiento de Las Américas por Cristóbal Colón, la garduña además tuvo la oportunidad de hacerse con parte de los botines de otros imperios, ya que controlaban los puertos y a quienes descargaban de las naos el oro de indias; pero tanta riqueza empezaba a ser un problema.

El gran miedo del ladrón es ser descubierto, y tanto oro y propiedades pronto dejan de pasar desapercibidas, por lo que toca la segunda parte en la evolución del ladrón: El soborno.

Sobornando a los soldados los ladrones evitaban que éstos les delataran, e incluso que algunos se convertían en cómplices e informantes, facilitando nuevos robos. Aunque inevitablemente, tarde o temprano esos sobornos deben subir de escalafón, así que a los soldados les siguen capitanes, jueces e iglesia. Todo cuanto haga falta para seguir acumulando beneficios.

Luego queda blanquear lo robado comprando tierras, propiedades y títulos nobiliarios, justificando todo ello con el lucrativo negocio del préstamo.

Expulsados de la peninsula los judíos, las guerras seguían costando dinero, así que ni tan siquiera a los reyes les importaba demasiado de donde procedía siempre que ayudaran a financiar sus gastos.

Y así, los Borja se hicieron con el obispado de Zaragoza y posteriormente el ducado de Gandía, en Valencia.

Pero sus informantes en la corte les advirtieron que surgían envidias y dudas hacia ellos, por lo que temieron que algún alto cargo objeto de sus sobornos pudiera volverse contra ellos.

No podían comprar la corona, ya que únicamente se accede a ella mediante sangre real, pero sí satisfacerla en sus necesidades y averiguar sus debilidades, y así fue como descubrieron que el poder de los reyes se ven sometidos a otro poder superior: La iglesia.

Es entonces cuando los Borja de Aragón tomaron camino a Sicilia por precaución, donde su apellido pasó a ser Borgia, y desde donde planearon el soborno de obispos y cardenales para llegar a controlar el Vaticano.

En 1455 Alfonso Borja  fue proclamado Papa bajo el nombre de Calixto III y entregó a sus dos sobrinos, Pedro Luís y Rodrigo los cargos de capitán del ejército pontificio y un cardenalato respectivamente. Cardenalato que posteriormente llevaría a Rodrigo a ser sucesor del obispado de Roma bajo el nombre de Papa Alejandro VI.

Calixto III a su vez, se aseguró de colocar a sus numerosos hijos ilegítimos en puestos claves para controlar el poder absoluto que la iglesia ostentaba en aquella época.

Dos de esos hijos ilegítimos, César y Lucrecia Borgia escribieron algunas de las páginas más maquiavélicas de La Familia; no en vano se sospecha que El Príncipe de Maquiavelo está inspirado en César Borgia.

Pero lo de confiar el poder dentro de la misma familia acabaría pronto. César, cardenal y obispo de Pamplona desde los 16 años, mandó asesinar a su hermano Juan para arrebatarle el control del ejército papal. Colgó los hábitos y se trasladó a la corte francesa de Luis XII, con quien fraguó una alianza pontificia para la conquista de Milán.

Reconocido como un gran guerrero, César, al igual que su hermana Lucrecia también fueron grandes mecenas del arte y las ciencias, conscientes de que el conocimiento les ofrecía poder adelantarse a sus enemigos, llegando a tener a su servicio a grandes personajes como Leonardo Da Vinci.

César fue nombrado duque y conquistó varios territorios más para La Familia, territorios, incluido Milán, que posteriormente le fueron arrebatados tras ser apresado por el receloso Papa Julio II.

También fue perseguido por el mismísimo Fernando el Católico y su Gran Capitán Gonzálo Fernández de Cordoba, quienes descubrieron sus oscuros orígenes, teniendo que refugiarse finalmente bajo la protección de su suegro el rey de Navarra.

Y esa es la historia de los orígenes de La Famila y el actual Consejo de Los Doce. Puede que el nombre lo eligieran como una intencionada mofa a la Sagrada Familia y el Consejo de Los Doce fuera otra burla a los doce apóstoles, o puede que únicamente fuera fruto de un narcisismo exacerbado.

En la actualidad, Leonardo era de las pocas personas en el mundo que conocía la historia y verdadera identidad de Los Doce, y tras haberse ganado su confianza durante media vida, ahora tocaba acabar con ellos.

APERTURA

En el ajedrez se llama apertura a los primeros movimientos de las piezas en el tablero.

Un buen desarrollo inicial de las piezas, el control de las casillas o el bloqueo de las piezas contrarias, resulta crucial y puede decidir el control de la partida y la victoria final.

Si algo puede acabar con un ladrón, a parte de ser pillado in fraganti, es su avaricia, y quien conoce a ladrones, sabe bien que para ellos nunca existe el bastante.

Con 25 años de edad Leonardo ya había deducido la existencia de algún tipo de sociedad secreta, aunque por aquel entonces no conocía ni su nombre, ni su ubicación y mucho menos quiénes la formaban.

Desde niño, allá en su Lleida natal, Leonardo aprendió a jugar al ajedrez viendo jugar a su padre con su hermano. Dieciséis años mayor que él, Ramón era con quien jugaba y siempre quería estar. Le contaba fantásticas historias antes de dormirse, y aunque Leonardo notaba que se las inventaba sobre la marcha, elogiaba la imaginación desbordante de Ramón, así que, aunque a veces repitiera alguna historia, no decía nada para seguir disfrutando de sus relatos.

Jugaba con él, le hacía cosquillas, le cuidaba, pero el servicio militar en las islas Canarias los habían distanciado en el espacio y por supuesto en el tiempo para estar juntos, por ello, cuando a sus cortos regresos se ponía a jugar al ajedrez con su padre, empezó a aborrecer ese tablero repleto de figuritas.

Nunca le enseñaron a jugar al ajedrez, ya que con 4 años a pocos se les ocurriría hacerlo, pero Leonardo, quien apenas superaba por la alzada de la mesa del comedor donde jugaban, fijaba su mirada en el tablero desde la perspectiva de una pieza atrasada, aprendiendo el movimiento de cada ficha, aunque en realidad, tan sólo esperase que acabarán cuanto antes.

Empezó a reconocer los movimientos erróneos que cometía su padre o más habitualmente su hermano, sin embargo él no decía nada. Solo deseaba que acabaran cuanto antes, y con suerte no dijeran la odiada frase de “¿Quieres la revancha?

Para cuando Ramón terminó el servicio militar, con tan solo ver los primeros 20 movimientos de la apertura ya le resultaba fácil pronosticar quién ganaría, e incluso calculaba el tiempo que les quedaba para el jaque mate, por lo que se anticipaba planeando cosas que llamaran la atención de Ramón o necesitaran de la atención de su padre, justo después del jaque mate, y así distraerlos y conseguir que no iniciaran una nueva partida, ya que verles jugar empezaba a aburrirle y detestar ese estúpido y previsible juego.

El tiempo pasó y su hermano conoció una chica, así que por fin se acabaron las partidas de ajedrez, pero también los juegos y las historias de medianoche.

La primera ocasión en que Leonardo mostró sus habilidades para el ajedrez fue en la celebración de una partida simultánea organizada durante los actos de la fiesta de San Miguel. Invitaron a un maestro nacional de ajedrez a jugar una instantánea contra 50 jugadores locales.

Había ido acompañado de un amigo de clase, y el acontecimiento no tuvo tanta participación como esperaban, así que cuando le invitaron a ocupar una de las sillas vacías, sintió curiosidad de averiguar si estaba a la altura.

Él era el único niño entre todos los participantes. Tras el sorteo con los peones, los jugadores eligieron color y el maestro empezó a dar vueltas en el sentido contrario al de las agujas del reloj.

Leonardo había elegido la mano izquierda, blancas. El maestro se entretenía poco tiempo en cada mesa, respondía con eficacia a las diferentes aperturas de los jugadores, hasta que el juego entró en su fase media y en vez de dos o tres segundos empezó a necesitar diez.

Leonardo no se dió cuenta, pero poco a poco los adultos que ya habían sido derrotados por el maestro empezaron a rodearlo por la espalda. Más de la mitad de los jugadores ya habían perdido, y el que un mocoso todavía no lo hubiera hecho, llamaba la atención.

Ya solo quedaban 10 jugadores y en la última vuelta el maestro le había ofrecido tablas. Él por supuesto había dicho que no, así que en tan solo cuatro vueltas más, se dio cuenta que había cometido un error.

Leonardo estaba acostumbrado a las partidas de su padre con su hermano o con algún otro amigo, pero aquel maestro le enseñó algo nuevo. Cuando le ofreció tablas, Leonardo ya había cometido su primer error: creerse que le iba a ganar. Eso provocó la precipitación en sus siguientes jugadas y caer así en la trampa del maestro. Cuando se dio cuenta ya no hubo remedio.

-Mate en seis. Enhorabuena jovencito.

No quiso llevarse el trofeo a casa, se lo dió a su amigo y se fue para casa cabizbajo. No quería que su padre se enterase de que sabía jugar. Odiaba el ajedrez y se sentía rabioso por no haber ganado aquella estúpida partida. Tenía muy claro que  le estaba ganando, pero sin embargo perdió la concentración por culpa de todos aquellos mayores observando por encima de su hombro, dando consejos inútiles y poniéndole nervioso.

Ese fue el día en que Leonardo jugó su primera partida de ajedrez y descubrió que ganar o perder no es sólo producto del conocimiento del juego sino que intervienen muchos otros factores que alteran la victoria.

Muy pronto aprendería que en la vida ocurre lo mismo y que manipulando esos factores con la misma previsión que en los movimientos del ajedrez, puedes alcanzar tu objetivo sea cual sea. Solo hace falta ser un buen observador, ver los gestos inconscientes de la gente que delatan sus mentiras, su confianza o sus miedos. Estar atento a lo que les interesa y si precisas de su agradecimiento, planear cómo ayudarles a conseguirlo utilizando a otras personas.

Y lo mismo observaba que sucedía a nivel social. Ocurrían acontecimientos aparentemente inconexos, que al poco desembocaban en crisis, guerras, absorciones de empresas o aprobaciones de leyes que de otra manera jamás se hubieran materializado.

Para la mayoría de la gente estos acontecimientos no tenían relación alguna, pero para Leonardo resultaban escandalosas esas coincidencias y veía obvio que un hecho conducía a otro, luego a otro, otro, otro y finalmente llegaba a un objetivo prediseñado desde un principio por alguien.

Noticias que luego resultaban ser falsas, informes técnicos manipulados, testigos comprados que declaraban falsedades, fotos trucadas… todo valía con tal de convencer a la sociedad para que aceptasen el sacrificio que se les exigía.

Ya fuera reducir servicios sociales, bajar el salario, subir el precio de la luz, inyectarse una vacuna o ir a la guerra, se podía encontrar la forma de convencer a la gente de que todo era por su bien y completamente necesario.

En España había muerto Franco, cuya dictadura era tan solo reconocida fuera de sus fronteras e ignorada por la mayoría en su interior.

La ilusión de una democracia y libertad marcó la adolescencia de Leonardo, aunque para él, nada parecía haber cambiado. Unas leyes sustituyeron a otras y los mismos jueces de antes ordenaban a la misma policía para que siguieran exigiendo el cumplimiento de ellas.

Aparentemente el país se abría a las libertades del resto de occidente, pero esas libertades no parecían aportar más felicidad a una sociedad que ahora tenía con quién compararse.

Alguién durante años planificó cuidadosamente una transición, en la que sin duda existía un objetivo que solo unos pocos conocían, y para llegar a él, sin duda alguna deberían haber sacrificios.

El sacrificio en el ajedrez es sencillo, y aun así la mayoría de jugadores olvida que el objetivo del juego es el de dar jaque mate al rey contrario. Nuestro subconsciente a menudo se encariña con el valor del resto de las piezas, que sin duda lo tienen, pero si se quiere ganar una partida, se debe estar dispuesto a perder las piezas que sean necesarias.

En el caso de La Familia tenían un objetivo claro: el poder absoluto. Para conseguirlo Leonardo había descubierto sus estrategias y estructura interna que les había permitido sobrevivir y crecer a lo largo del tiempo.

Como si de un gobierno se tratara, habían dividido las responsabilidades de cada uno de los integrantes del consejo en las siguientes áreas de control:

El control de la economía.

El control de la energía.

El control de los recursos básicos. (incluida el agua)

El control de los transportes.

El control de la Industria.

El control de la propiedad.

El control del ejército y las armas.

El control de las materias primas.

El control de la Justicia.

El control legislativo.

El control de las comunicaciones y la información.

Y el control ideológico y religioso.

Doce ministerios para doce personas que solo son sustituidas por muerte o votación unánime del resto del consejo, y cuya composición sólo era conocida por sus integrantes y los designados a la sucesión.

Cada una de estos sucesores debía  previamente demostrar su valía en su ministerio correspondiente antes de ser propuestos, y sólo entonces a la muerte o invalidez del consejero se le otorgaba el control del ministerio.

Solo 24 personas en el mundo conocían su identidad, y solo una de ellas estaba dispuesta a renunciar a ese enorme poder para acabar de un plumazo con el consejo.

Pero ganar esa partida era un reto casi imposible. A través de los siglos La Familia había aprendido muy bien a protegerse. Aunque algunos gobiernos a lo largo de la historia habían deducido su existencia y habían intentado acabar con ella, sus ataques, aunque algunos dolorosos, la habían convertido en más fuerte y precavida.

Para evitar ser atacada, diseñó la creación de un manto de leyenda, soltando migas envenenadas a sus enemigos, curiosos y competidores. También creó un caos informativo difundiendo falsos rumores sobre otras sociedades secretas, empachando así a la población con numerosas y neuróticas teorías de conspiración. Todas ellas falsas por supuesto.

Cualquier filtración o ataque a sus intereses era detectado por las enormes redes de información que La Familia tenía extendida por todo el mundo. Su poder y control había alcanzado tal capacidad, que ni tan siquiera el más fuerte de los gobiernos era capaz de acabar con esa trama organizada, aún menos, desconociendo quién la dirigía.

Leonardo era uno de esos aspirantes a dirigirla y sabía de sobra que la traición a La Familia se pagaba con la vida. Lo había visto demasiado a menudo, ya que para alcanzar su posición tuvo que defender su propio anonimato y ordenar demasiados sacrificios para desconectar sus jugadas.

Cada vez que El Consejo acordaba realizar una acción, se elegía cuidadosamente a la persona que debía llevar a cabo la operación, normalmente muchos escalones por debajo de la cima de las doce pirámides en que se estructuraba La Familia, alguien que debía haber demostrado su completa lealtad, con gran capacidad en su área de trabajo, pero lo más importante, que fuese prescindible.

PEÓN CUATRO REY

En el ajedrez, como en la vida, no se permite rectificar movimientos.

La muerte prematura de su padre obligó a Leonardo a enfrentarse a un mundo laboral sin tiempo de acabar sus estudios, truncados por la falta de liquidez y lo mal estudiante que era para conseguir becas. En realidad la escuela y posteriormente el instituto le aburría casi siempre. No soportaba tener que memorizar datos con la única finalidad de aprobar un exámen, no sentía motivación alguna, así que nutría sus necesidades intelectuales con libros y revistas.

Por suerte en su casa, hasta la muerte de su padre,  nunca había faltado en casa el Reader’s Digest, una revista a la que estaba suscrito que contenía relatos, desafíos mentales y artículos de interés general. Más adelante, nacería en España Muy Interesante. Ambas le encaminaron a convertirse en autodidacta.

Aunque más que adquirir conocimientos, la verdadera cualidad de Leonardo, era observar el mundo y su evolución como una partida de ajedrez.

Nada ocurre por casualidad, o como dijo Albert Einstein: “Dios no juega a los dados”.

Leonardo aprendió que los seres humanos somos tan predecibles como un jugador novato de ajedrez o un infante de pocos años.

Si le quitas un juguete a un niño, este empieza a llorar para reclamar lo que piensa que le pertenece. Sin embargo, si te pones a jugar con otro juguete a su lado y le convences con tu alegría de que es super divertido, el niño pronto empezará a desear tu juguete y así se olvidará del suyo. De esta guisa, resulta fácil hacer un intercambio y llevarse el juguete del niño quedando ambos como amigos.

Cuando crecemos, estas estrategias y engaños puede que necesiten ser más sutiles ya que con la experiencia aprendemos a reconocerlos, aunque pocos alcanzan la habilidad de verlos venir más allá de dos o tres movimientos. Por eso Leonardo se concentró  en el estudio de las reacciones humanas y en cómo realizar carambolas con las personas en su propio beneficio. Había que estudiar previamente a la persona de la que necesitabas algo. Qué le interesaba, con quién se relacionaba, sus temores y ambiciones…

Con la práctica aprendió cómo averiguar esos detalles mucho más fácilmente y se transformó en un experto de la manipulación.

Descubrió que en las relaciones humanas todos queremos ser aceptados, y que cuando percibimos que con alguien no lo conseguimos, nos esforzamos más de lo normal en mejorar esa relación. Por eso ocurre que en las relaciones de pareja, un primer encuentro desagradable suele llevar a una relación posterior más profunda y duradera.

Si se desea atraer a una chica, no es preciso presentarse con un ramo de flores, sino que es mejor dejarla en ridículo delante de sus amigas. Parece ilógico, pero las expectativas tras el segundo encuentro serán mucho mayores tan solo ofreciendo unas disculpas. Cuando más tarde se añada el ramo de flores, la atracción será mucho más efectiva.

Con el tiempo los niños se hacen adultos, pero pocos aprenden a utilizar el potencial de usar a los demás como piezas de ajedrez para adelantarse a una posición ventajosa.

El primer gran movimiento de Leonardo ocurrió al poco de celebrar su veinteavo cumpleaños. Su hermano mayor se había establecido en Zaragoza y su madre andaba intentando acertar con una segunda relación que la distrajera de su monótona vida de viuda acomodada.

Sin compromisos familiares con un trabajo como informático que le empezaba a aburrir, ya que ofrecía poca recompensa en cuanto a conocimientos se refiere, decidió dejarlo. Tenía claro que los trabajos debían ser tan largos como el tiempo que se precisara en aprender y perfeccionarse en ellos. Una vez obtenido el conocimiento y la destreza en su realización, el trabajo no tiene nada más que ofrecer, excepto por supuesto un salario, al que la mayoría de personas se atan de por vida, ya que valoran mucho más su seguridad económica que la propia realización personal.

Sin embargo Leonardo nunca esperaba ser despedido, sabía perfectamente cuando irse.

Corrían los años 80 y Leonardo dedujo claramente que el sector de la informática revolucionaria pronto la sociedad, así que necesitaba aprender cómo funcionaban las telecomunicaciones físicamente, ya que sin ellas la informática es una pieza del tablero desconectada del resto.

Cuando una pieza de ajedrez avanza en el tablero, debe de tener en cuenta garantizarse la protección de otras piezas en su nueva posición, de lo contrario, su valor potencial disminuye y la convierte en objetivo vulnerable.

Necesitaba encontrar un empleo para conocer a fondo el soporte físico por el que la informática multiplica su poder a través de las redes.

Cisco era una empresa que se acababa de crear en San Francisco y había desarrollado el primer router comercial exitoso. Estaba claro que esa era la base sobre la que se sustentaría en un futuro no muy lejano la conexión entre ordenadores de todo el mundo.

Quien controlara la comunicación entre computadoras, tendría el poder de Internet en sus manos, así que Leonardo no dudó en cruzar el Atlántico y buscar cómo formar parte de esa incipiente revolución.

Por suerte, tenía un tío paterno que vivía en Los Ángeles, así que al decir que se iba de visita familiar, su madre no puso impedimentos. De paso, tendría la oportunidad de perfeccionar con sus primas su nivel de inglés antes de encontrar la estrategia para entrar en Cisco.

América era la tierra de las oportunidades, donde los sueños se podían convertir en realidad. Tal vez fuera así debido al humilde origen de sus habitantes, quienes habían demostrado perder parte de sus miedos al dejar su país. Abandonaron su hogar natal, amigos, trabajo, familia en muchas ocasiones, para cruzar todo un océano confiando en una vida mejor; o tal vez era porque la propiedad de las tierras y recursos no estaban monopolizadas todavía.

Sea como fuere, Leonardo encontró muy diferente la mentalidad de los norteamericanos a la de su país. En Estados Unidos la gente era más emprendedora. No tenían miedo a montar el negocio de sus sueños.

Lo que ocurre cuando uno se dedica a lo que realmente le apasiona, es que emprende un camino para triunfar sin importar los reveses a superar, porque ese mismo camino es a la vez gratificante.

Allí estaba él ahora, rodeado de niños adultos e ingenuos. Y es que la falta de temores tiene su otra cara de la moneda, es mucho más fácil engañar y manipular a esas personas.

Cisco. El nombre de la empresa siempre le pareció curioso. Por lo que averiguó, Cisco eran las únicas letras que se podían ver en el cartel de San Francisco, que Leonard Bosack tenía frente a su ventana, ya que un árbol le tapaba el resto. Eso ya ayudó  un poco a Leonardo en averiguar parte de su personalidad. Demostraba ser creativo a la vez que le gustaba bromear. También se podía deducir que le interesaba más el reconocimiento de la gente que le rodeaba que el suyo propio, ya que en vez de poner un nombre relacionado con él, su esposa Shandy que era cofundadora, o su familia, había elegido el de la ciudad.

Además el logo de la empresa, un dibujo del puente Golden Gate, reafirmaba ese hecho, además de reclamar el símbolo como un nuevo puente entre ordenadores en el que Cisco se convertiría. Eso también sugería que se sentía acogido y orgulloso de ésa ciudad. ¿Tal vez por los valores que ésta representaba? ¿Puede que fuera bisexual? Debería averiguarlo.

Leonardo no tardó mucho en estudiar su objetivo. Algo mayor que él, Len le recordaba en aspecto y actitud a su hermano Ramón, siempre curioso pero en el fondo pragmático. Nacido de una familia de inmigrantes polacos, estudió ingeniería de hardware, lo que le llevó a la Universidad de Stanford, en la que consiguió conectar los datos de los ordenadores del laboratorio de ciencias con el laboratorio de la Escuela de Negocios. Esta conexión le llevó a colaborar y conectar también con Sandra Lerner, que era la gerente de ese segundo laboratorio, y por lo visto le despertó la creatividad y algo más… Así fue como juntos fundaron la empresa Cisco.

De momento ya tenía algo a su favor, eran tocayos y cuando se conociesen no se iban a olvidar de su nombre.

Dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, y en este caso se cumplía la premisa de aquella época, aunque muy bien se podría invertir el orden. Sandra Lerner era la mente empresarial, tenía el dinero, los contactos y el conocimiento para conseguir que las ideas de Len Bosack acabarán exitosamente. Ella era la clave y la puerta de entrada a Cisco Systems.

Estudia bien a tu oponente antes de realizar el primer movimiento. Una apertura agresiva puede forzar una defensa precipitada de tu oponente. Por lo contrario, una poco ortodoxa puede ser interpretada como inexperta o difícil de manejar. Mejor realizar una apertura tradicional, así demuestras tu conocimiento del juego e invitas a un desarrollo inicial cómodo.

-Peón a cuatro Rey. -Dijo Leonardo.

-No te imaginaba tan conservador Leo, esperaba algo más…fresco, descarado, latino…

Le contestó Sandra mientras removía la aceituna de su martini. Puede que esperase algo más sorprendente de aquel joven, quien la invitó a una copa para agradecer su atención tras el atropellado encuentro a las afueras del rancho de su tía.

Leonardo conocía el amor por los animales de aquella joven australiana de cabello rojizo, así que estaba seguro de que no pasaría de largo cuando le sorprendiera arrastrándose por el suelo por defender a su perro de un agresor.

Uno de sus trabajadores en el rancho Clipper Gap había tenido un mal día, o mejor dicho, una mala noche, lo que provocó que cuando el perro de Leonardo le mordió en el tobillo, éste reaccionara violentamente propinándole varias patadas al can para zafarse de él.

Sandra jamás sabría lo que a Leonardo le costó adiestrar aquel perro para que a una orden suya mordiera en los tobillos, ni cómo sobornó a la prostituta que frecuentaba aquel trabajador para provocarle el calentón de su vida. Sandra tan solo vió como un empleado suyo golpeaba a un perro y el dueño de éste acababa por los suelos.

Cuando salieron del veterinario, Leonardo había conseguido que Sandra simpatizara con él y aceptara su invitación como agradecimiento en un club de Beverly Hills, que no casualmente se encontraba muy cerca de la casa de la otra tía de Sandra.

No intentaba seducirla, ni mucho menos. Leonardo sabía que sus padres estaban divorciados, así que ella no tardaría mucho en hacerlo. Las relaciones de pareja, al igual que los trabajos, solo resultan interesantes hasta que han aportado todo su potencial. Una mujer lista como ella, conocía sin duda esas realidades, y a Leonardo, le interesaba mucho más su amistad que su cama.

En el trayecto al veterinario ya tuvo la oportunidad de soltar con cuentagotas temas que de sobra sabía que le interesaban a Sandra, como la política de Ronald Reagan, la Vida extraterrestre o el papel de los ordenadores en los análisis sociales, así que tras dejarse ganar al ajedrez, no tenía la más mínima duda de que sería uno de sus nuevos empleados en la compañía.

En la vida es importante saber dejarse ganar. Pocas personas son capaces de ocultar su potencial o superioridad. Parece que a primera vista, mostrar lo mejor de uno mismo sea lo más adecuado para impresionar a la otra persona, pero sin embargo, hacer consciente a esa persona de tu superioridad crea recelos y alejamiento.

Leonardo necesitaba que tanto Sandra como su marido, vieran en él a un joven informático que creía en su proyecto pero que no representaba ninguna amenaza. Necesitaba convertirse en su amigo más que en un empleado.

Aunque el negocio ganadero de Sandra le proporcionaba buenos ingresos, la nueva empresa junto a Leonard exigía fuertes inversiones. Habían hipotecado la casa, consumido las tarjetas de crédito y tiraban de amigos y trabajadores que confiasen en el futuro de Cisco para que  les dejarán dinero o trabajarán gratis a cambio de participaciones en la empresa.

Eso no suponía ningún problema para Leonardo, así que confiar sus ahorros y ofrecerse a  trabajar a cambio de participaciones era justo lo que andaba buscando.

Pero no tardó mucho en darse cuenta de que una empresa como aquella precisaba de más capital del que disponían. La falta de liquidez había llevado a Len incluso a buscar un trabajo fuera de su empresa, así que el objetivo estaba claro: necesitaban de un inversor que creyera en el proyecto.

Si vas a pedir mucho dinero a alguien, asegúrate antes de que lo tiene, no lo necesita y que eres capaz de convencerle de que le vas a hacer ganar con él mucho más. Y para empezar, recordar que la mejor forma de pescar un pez empieza por llamar su atención.

Don Valentine ya era conocido en Silicon Valley como un cazatesoros. Había creado la empresa de capital de riesgo Sequoia Capital. Sus inversiones habían sido muy exitosas. Empezó sus apuestas con Atari, que finalmente vendió por 28 millones de dólares a Warner Communication. Allí trabó amistad con Steve Jobs que era programador en Atari lo que le llevó a una nueva inversión exitosa con Apple Inc, pero no se quedaba allí la cosa, también invirtió en Electronic Arts y muchas otras empresas relacionadas con la informática.

Aunque las inversiones de Valentine estaban justificadas por su anterior relación con el sector de los semiconductores, donde empezó haciéndose cargo como ingeniero de ventas, primero con Raytheon y posteriormente con Fairchild, Leonardo sospechaba que se enfrentaba a otro buen jugador de ajedrez.

Sin duda que Valentine había descubierto también el potencial de las tecnologías informáticas y no paraba de buscar a otros ingenieros con grandes ideas para que no se le escapara nada interesante; como sucedió con los dos ingenieros que tras dejar Fairchild crearon Intel.

Contactar con él no fue difícil, averiguó que frecuentaba el club de golf Sharon Heights situado al sur de San Francisco. Muchos negocios se cerraban en lugares como aquel ya que era la forma perfecta de conocer mejor a las personas en vez de la odiosa entrevista tras una mesa, así que convenció a Sandra para que le acompañara y ese mismo día Valentine abrió su chequera.

Convencerle de la importancia del enrutamiento de las comunicaciones entre ordenadores fue innecesario. Tan solo explicándole los novedosos protocolos y circuitos diseñados por Leonard fue suficiente. 

Pareció demasiado rápido y demasiado bueno. Donald únicamente exigió como condición el nombramiento como Director Ejecutivo a un hombre de su confianza, algo a lo que no se podían negar aunque les quitara casi por completo el control de la empresa, por lo que Leonardo empezó a sospechar que Valentine ya estaba interesado en invertir en Cisco antes de esa reunión, y que tan solo esperaba a tener ese encuentro como prueba de su desesperación financiera y así poder imponer sus condiciones.

Volvió a sentirse como aquella vez en que le ofrecieron tablas y acabó perdiendo. Pretendía pescar a un pez y tenía la sensación de que les habían pescado a ellos.

Y efectivamente algo raro ocurría detrás de Sequoia Capital. Dudaba que Donald Valentine fuera en realidad su dueño. Sí, era cierto, él había fundado la empresa, estaba a su nombre, y sin duda tenía unos conocimientos científicos muy valiosos, además de una capacidad empresarial que justificaban sus éxitos. Pero Leonardo no tenía nada claro una cosa:  Si tan buen empresario era, ¿por qué nunca realizaba inversiones en empresas que no fueran tecnológicas?

Es de primero de empresariales el aprender a diversificar el capital. Algo primordial para evitar en un futuro grandes pérdidas. Siempre cabe la posibilidad de que aparezca otra tecnología que desbanque a la actual, puede que los cambios sociales hagan que los consumidores cambien sus preferencias, o que otras empresas superen en tecnología a las tuyas…

Apostar todo el capital en industrias de un mismo sector no era lógico, aunque sí muy rentable. Pero cualquier otro empresario en su lugar hubiese tenido la previsión de realizar otras inversiones en otros sectores como compañías áreas, alimentación, minería… Estaba saciado de ver auténticas gangas que Donald dejaba pasar ante sus ojos y su falta de interés era contra natura. Cualquier árbol o planta no lo apuesta todo a un solo tallo.

Leonardo llegó a la única conclusión que explicaba esa conducta, y es que Sequoia Capital era tan solo la rama de otro árbol mucho mayor, un árbol que sin duda alguna controlaban otras personas. Empezaba a darse cuenta que Donald era tan solo una pieza más de ajedrez en una partida que otros controlaban, un alfil ofreciendo protección a unos peones adelantados que eran las empresas emergentes en telecomunicaciones e Internet.

Sequoia fue creciendo. Después de Cisco vino Yahoo, Nvidia, Google, Paypal… Antes de finalizar el siglo XX había invertido en más de 22 empresas tecnológicas y participado en la creación de Silicon Valley. Durante ese periodo, Leonardo descubrió que muchas operaciones de Donald se apoyaban en campañas de comunicación y creaciones de leyes favorables a sus proyectos e intereses, que él, de ningún modo podía prever o controlar.

Fué entonces cuando Leonardo empezó a deducir la existencia de La Familia y despertó su curiosidad y necesidad de crear un mapa con las otras piezas del tablero involucradas en ese juego.

Pronto descubrió que las expansiones en plantas de microprocesadores de Sequoia Capital se coordinaban con acciones militares que garantizaban la explotación minera y el suministro de coltán para los nuevos transistores a la vez  que los medios de comunicación dejaban de informar de lo ocurrido poniendo la atención en noticias más banales.

Con casualidades como esa, Leonardo empezó a buscar antecedentes similares. Sus hallazgos le llevaron a deducir que La Familia extendía sus intereses a los medios de comunicación, minería, transporte, poder legislativo…

Nadie podía competir en precios con sus productos. Eran capaces de incrementar los precios del transporte a la competencia, subir los aranceles, bloquear la mercancía en cualquier aduana, desacreditar productos… Sus redes controlaban todos los ámbitos y era imposible que nadie les arrebatara los monopolios que controlaban.

Hasta que apareció George Bush.

CONOCE A TUS RIVALES

Todos los grandes maestros de ajedrez son estudiados por sus rivales antes de un enfrentamiento. Llevar una corbata de un color que el contrario detesta, una colonia que le distraiga o conocer las posturas de brazos y piernas cuando va ganando o perdiendo para tener una mínima ventaja, es fundamental.

Algo no cuadraba. La familia Bush empezó a tomar medidas descaradas en contra de los intereses de sus jefes.

Investigando a los Bush, Leonardo se dió cuenta que era una dinastía que se remontaba al siglo XVII con la fundación de Plymouth y que siempre aparecían en momentos clave para la historia americana unida a otras grandes familias como los Rockefeller.


Las empresas de los Bush, a menudo iban ligadas a pingües contratos estatales, como los del ferrocarril con el acero, las armas durante la segunda guerra mundial o posteriormente el petróleo y el opio; primero de Vietnam y después de Afganistán.

Por fin dió con la conexión que buscaba, y fue precisamente cuando La Familia Russell fundó Skull & Bonds, una fraternidad a la que perteneció Busch en la Universidad de Yale y que históricamente descendía de una logia masónica establecida en Norte América.

Era como si otra organización paralela a La Familia, también estuviera maquinando para controlar el poder.

Leonardo supuso que habiendo sido George Herbert Walker Bush Director de la CIA, tenía que estar forzosamente al corriente de la existencia de La Familia, por lo que dedujo que sus acciones, tras ser luego nombrado vicepresidente por Ronald Regan, estaban encaminadas a neutralizar las aspiraciones de sus oponentes.

Leonardo ya empezaba a reconocer varias piezas clave de ambos bandos, que obviamente estaban enfrentados.

Por aquel entonces, Leonardo estaba colaborando en la creación de su nuevo proyecto: Amazon.

Seguía teniendo claro que el poder estaba en el control de Internet, y había decidido aproximarse a La Familia proponiéndoles un negocio al que no se iban a poder resistir. Sabía que trataba con unos grandes jugadores y estrategas que tenían en nómina a los mejores analistas y especialistas del mundo, y aun así, estaba seguro de que tras ofrecerles la mejor jugada de la historia le llevaría hasta ellos.

La Familia ya controlaba la enrutación internacional de la información, el siguiente paso era controlar dónde se guardaba esa información.

Corría el año 1993 y todas las empresas empezaban a querer tener su propio dominio web donde dar a conocer sus productos y servicios, venderlos y alojar sus bases de datos. Empezaba una lucha feroz por ofrecer el mejor servicio al menor precio.

El plan de Leonardo iba viento en popa. Con unas pérdidas escandalosas, nadie podía competir con los precios de Amazon Service sin arruinarse en el intento.

En el bando opuesto, la familia Bush había perdido de nuevo el control de las rutas del opio en Afganistán.

Afganistán resultaba un cruce de caminos obligado tanto para Europa como para Asia. Unos querían el opio y otros el oleoducto para su emergente industrialización, y Rusia, sabedora de la codicia de ambos, pretendió hacerse con el país para subastarlo al mejor postor, y aunque finalmente fueron expulsados con la ayuda de miles de millones de dólares pagados por los contribuyentes americanos, el control quedaba en manos de tribus talibanes no del todo fieles.

Leonardo se preguntaba desde cuándo existía esa rivalidad entre masones y La Familia, teniendo que retroceder a la época de los Rosacruz y la orden del Temple para entender la creación y objetivo de estas hermandades.

Tras la muerte de Jesucristo y la impotencia de Roma por controlar a una población sin miedo a la muerte y el sacrifício, Constantino decide cesar en la persecución de los cristianos, y el año 325 convoca a sus obispos en el Concilio de Nicea, una localidad próxima a Constantinopla, la actual Estambul, para garantizar la estabilidad del imperio.

Es entonces cuando empieza la politización del cristianismo. No obstante, muchos creyentes rehusaron las imposiciones e interpretaciones de los evangelios y de allí nace la división entre las comunidades ortodoxa y cristiana.

Aunque existía otro grupo, descendientes directos de María Magdalena, esposa de Jesús, instalados en el sur de Francia y ajenos a esas divisiones. Ellos permanecían fieles a una doctrina propia que fue cuna de los caballeros templarios.

En el siglo VII aparece Mahoma y la creencia musulmana que serviría de excusa para provocar el enfrentamiento de las cruzadas y el control del comercio.

Cuando los Borgia se apoderan del papado, sus primeros opositores son los descendientes de los templarios, quienes acumularon una enorme riqueza y conocimientos durante las cruzadas. Acabando refugiados en el sur de Francia tras sufrir la persecución del rey Felipe IV, el cual les había declarado herejes ante el papá con el fin de no pagarles las enormes deudas que tenía contraídas con ellos.

Pero el poder de la Orden del Temple o de Salomón, no se limitaba al ejército y el dinero, sino también a la construcción, y es a través de los constructores de catedrales, los llamados masones, literalmente albañil en francés, que sobrevive el encargo de mantener pura la memoria de la familia de Cristo.

Quemado en la hoguera Jacques De Molay, el último Gran Maestre de la Orden Templaria, Felipe IV se creyó libre de sus deudas, pero ignoraba que los masones seguían siendo custodios de sus conocimientos y buena parte de sus riquezas. Por ello cumplieron con la maldición hecha por De Molay mientras ardía en la hoguera, profetizando que en menos de un año, tanto el Rey como el Papá que le habían traicionado perderían su vida.

Y los masones llevaron a cabo el encargo. Primero fue Clemente V quien murió por una supuesta enfermedad, y posteriormente Felipe IV en un “accidente de caza”.

Pero la venganza no acabó allí, sino que se extendió a toda la descendencia real, y en tan solo 14 años murieron los tres hijos varones herederos, así como sus nietos.

Estaba claro que el poder de la orden seguía activo y bien comunicado, y que seguía decidido al empleo de la fuerza para conseguir sus objetivos: que el bien perdurara.

La buena relación entre los masones y los Reyes Católicos, fue el talón de Aquiles de Los Borgia, que tuvieron que aprender a operar en la clandestinidad para seguir controlando sus riquezas.

Al mismo tiempo que la mafia se extendía por Europa y el Nuevo Mundo, los masones habían creado sus diferentes logias para contrarrestar los intentos de esas mafias de volver a hacerse con el poder. Una lucha que llega hasta nuestros días.

El enemigo de tu enemigo es tu mejor amigo, aunque para llegar a lo más alto de La Familia debía convencer a ésta de que él, Leonardo, sabía cómo acabar con sus sempiternos enemigos: Los Masones, quienes sin ellos saberlo,  se convertirían en sus aliados.

ENROQUE

El enroque es una jugada de ajedrez en la que se permite que el rey deje de quedar expuesto de su posición inicial para pasar a uno de los laterales del tablero protegido por peones y torre, permitiendo que la partida sea más interesante y duradera.

Con bastante probabilidad, este inusual movimiento tiene como objetivo destacar la figura real y su especial capacidad de buscar refugio.

Aunque no se conoce exactamente el origen del ajedrez, podemos situarlo por el hallazgo de unas figuras en Samarcanda, sobre el siglo III antes de Cristo en la zona del actual Uzbekistán.

Se supone que desde allí fue expandiéndose por persia, Bizancio y el mediterraneo hasta llegar a España allá por el siglo X y posteriormente a Escandinavia; aunque a su vez también lo hizo en dirección opuesta por Rusia, India, china y japón con ligeras variaciones en el juego en las que se adaptaron la representación de figuras diferentes, cambiando caballos por elefantes, obispos por visires, torres por carros… según las diferentes modalidades del poder en cada territorio.

Por supuesto, al igual que con las figuras, también se implementaron diferentes formas de moverlas por tableros igualmente dispares.

Básicamente el juego se expandió porque ofrecía a la cúpula ociosa de la sociedad la oportunidad de enseñar y aprender estrategia geopolítica. Bien fuera capturar una pieza contraria o controlar unas determinadas casillas del tablero, el juego pretendía desarrollar algo muy importante para cualquier militar, gobernante, empresario o mandatario, la capacidad de anticiparse a los posibles movimientos del oponente.

Al igual que obtienes el beso de un niño mostrándole la recompensa de un dulce, con la práctica se puede desarrollar la capacidad de sacrificar la pieza que defiende un determinado territorio para que el enemigo avance más de la cuenta y así debilitar y derrotar a otra pieza mucho más valiosa que la entregada. Y así, hasta grandes estrategas como Napoleón Bonaparte, perdieron batallas por desconocer lo que Rusia sabía muy bien, y es que los inviernos no son iguales en París que en Moscú.

Pero no fue hasta finales del siglo XV que con la ayuda de la imprenta se difundieron las normas básicas del ajedrez, ya popular en el sur de Europa.

Entre estas normas, se incluyen ya algunos movimientos excepcionales como poder comer el peón al paso o el enroque.

Estas excepciones son fruto de corregir la agilización del juego introducida al poder mover inicialmente los peones dos casillas y acortar notablemente la duración de las partidas, así como permitir, siempre que no hubiera realizado ningún movimiento previo, que el rey se refugiara a uno de sus lados pasando una de las torres a colocarse en el lado opuesto junto al rey, Eso sí, siempre que no hubiera alfiles o caballos de por medio, que el rey no estuviera en jaque y que ninguna otra pieza del oponente controlara las casillas por donde se debía desplazar el rey.

En La Familia, el rey son los doce, y el enroque son una serie de normas que les permite permanecer a salvo de cualquier ataque directo de sus oponentes, los masones.

Leonardo sabía perfectamente que se enfrentaba a jugadores extraordinarios que durante siglos habían aprendido a defenderse mutuamente de los ataques del otro.

Por un lado debía parecer fiel a La Familia ideando un plan para neutralizar de una vez por todas a los Masones, mientras que por otro lado, los masones tenían que ser en secreto sus aliados para acabar con La Familia.

Leonardo necesitaba provocar un blitz que evitará que unos y otros se dieran cuenta de su objetivo final mientras estaban absortos en contrarrestar los rápidos movimientos de su oponente.

Blitz es una modalidad del ajedrez en la que los jugadores disponen de un tiempo limitado de entre 10 y 60 minutos cada uno para realizar sus movimientos.

Esto obliga a limitar la capacidad de profundizar en las consecuencias de los movimientos del enemigo e induce a cometer errores por precipitación.

Para ello, Leonardo convencería a La Familia de cambiar su estrategia. Gastaban demasiados recursos en controlar las casillas que en aquel momento parecían más importantes de controlar: La energía.

En 1991, el control de la energía, y en especial del petróleo, era el objetivo principal tanto para La Familia como para los Masones.

La Familia se había hecho con el petróleo ruso mientras que los Bush se habían aliado con la familia saudí Bin Laden para controlar el de oriente medio.

Los saudíes habían convencido a Sadam Husein que si se apoderaba de los pozos de Kuwait como anteriormente intentó fallidamente con Irán, ellos no intervendrían.

Sadam Huseín, conocedor de la buena relación de los saudíes con la familia Bush, dio por hecho que tenía carta blanca para invadir Kuwait, y así lo hizo, sin derramamiento de sangre, como manda el Corán.

Tras la invasión de Kuwait, Bush descubrió sus cartas y exigió la retirada y el control de los campos petrolíferos ocupados, lo que llevó a la operación Tormenta del Desierto, acabando con Sadam Huseín y obteniendo el control absoluto del petróleo de la región.

Las aspiraciones de la familia Bush se enfocaron entonces en recuperar el control de la lucrativa ruta del opio en Afganistán, así que Leonardo se las ingenió para filtrarles una idea que no pudieron rechazar.

Afganistán, que literalmente significa tierra de montañas, ha sido desde tiempos de Marco Polo un paso obligado en la ruta de la seda. Ruta que posteriormente pasó a ser del opio con el que se elabora la heroína, y más recientemente la ruta de los oleoductos de petróleo.

Resultaba una golosina irresistible recuperar de los rusos ese territorio, y aún más, creyendo que perjudicas a La Familia.

Y para ello la familia Bin Laden iba a colaborar en desestabilizar la hegemonía rusa sobre Afganistán. Los Bush les facilitaban un nuevo armamento a las resentidas tribus talibanes para derribar sus helicópteros y a cambio, volvían a recibir sus lucrativas ventas de opio.

Entre tanto, La Familia veía como peligraba su control energético y debía reaccionar ante las aspiraciones de sus contrincantes. Ambos se conocían muy bien y con cada uno de sus movimientos arrastraban a millares de personas a las guerras sin importar los sufrimientos causados. Existía un fin: derrotar al adversario, y ambos sabían que solo se podía vencer aceptando los sacrificios que fueran necesarios para cada jugada.

Alcanzar el poder, en cualquiera de los dos bandos, implicaba someterse a esas reglas de juego o rendirse al oponente.

Las torres gemelas fueron por tanto un mal necesario con el que consiguieron que otra torre amenazara directamente el enroque del rey contrario.

Para alguien ajeno a la existencia de esta histórica rivalidad entre La Familia y los Masones, puede parecer injustificable el sacrificio de inocentes, pero solo hay que ponerse por un momento en los objetivos de La Familia, para entender que en esa partida, todo sacrificio es asumible, ya que de lo contrario, el mundo estaría únicamente en manos de seres sedientos e insaciables que someterían de por vida al resto de generaciones venideras.

El reto de Leonardo consistía en elaborar una farsa para convencer a los masones que el control energético procedente del petróleo era primordial para La Familia, de forma que mereciera la pena el sacrificio de entrar en una guerra para evitarlo.

Además sabía que las alianzas de esa logia con empresas armamentísticas facilitaría el apoyo ante un conflicto a gran escala.

Solo quedaba poner otro señuelo para llamar la atención de los masones y que tiraran del hilo hasta descubrir que La Familia planeaba apoderarse de la mayor y más cercana reserva de petróleo a los EE.UU.: Venezuela.

Hasta ese momento, 1990, la balanza del control de crudo estaba a favor de los masones, sin embargo, Sadam Husein había dejado de ser fiable, por lo que era capaz de venderse al mejor postor. En cuestión de dinero no podían competir con La Familia. Así que, cuando se filtró un plan en el que La Familia planeaba provocar una revolución en Venezuela, sonaron todas las alarmas.

Según esa filtración, si La Familia conseguía que triunfara una revolución en Venezuela y a su vez que Hussein les vendiera su petróleo, se harían con más del 60% de las reservas mundiales, y eso era algo inaceptable.

El pez picó y tiró del sedal. Así que sabedores de los planes del oponente, creyeron darles la vuelta mintiendo sobre su neutralidad en la invasión de Kuwait para apoderarse posteriormente de Irak.

A su vez, alentaron en Venezuela el germen revolucionario para ser ellos quienes posteriormente controlarán las stock options de un país sin apenas otros ingresos que el petróleo y con necesidades de liquidez.

Como exdirector de la CIA, Bush sabía muy bien cómo hacerse con los recursos de terceros países poniendo o quitando gobiernos a conveniencia.

PEÓN POR PEÓN

Los peones son las piezas principales que determinan la estrategia de juego a seguir. Si un peón controla una parte importante del tablero, inmediatamente debe ser neutralizado.

En el tablero actual del mundo, la energía constituye los cuatro cuadrados centrales del tablero de ajedrez, así que resulta de vital importancia ocupar con peones dichas posiciones, ya que de lo contrario, el equilibrio de poder suele resultar fatal.

Al desplazar los peones al centro del tablero, se facilita además las salidas de otras piezas como alfiles y reina, que de lo contrario, se pueden quedar encerradas en sus casillas perdiendo todo su potencial ofensivo.

No obstante, cualquier jugador de ajedrez sabe que cada peón precisa de la protección de, al menos, tantas piezas como a las que quede expuesto del contrario.

En los programas informáticos de ajedrez, se establecen algoritmos que suman el valor de las casillas controladas por las piezas al valor de esa misma pieza y de las protecciones que se dan entre ellas, y se calcula el decrecimiento o no de ese valor global ante los posibles movimientos del oponente.


Pero calcular que tras una jugada el valor aumente, no es requisito para realizar un movimiento, sino que el ordenador empieza a calcular los valores de cada figura y las nuevas casillas que controla tras ese movimiento, y desde esa nueva posibilidad de tablero, vuelve a recalcular los valores para analizar la jugada siguiente, y así una y otra vez.

A esta capacidad de análisis del juego se le llama profundidad o capacidad de prever las posibles jugadas del contrario. Así, la profundidad uno es la más simple: en la situación actual, el mejor movimiento es el que te haga proteger más piezas y controlar más casillas.

En profundidad dos, antes de realizar ese movimiento, se calculan los posibles movimientos del contrario ante el primer movimiento y se evalúa si realmente la opción sigue siendo favorable.

Esta profundidad en el juego puede aumentar y llegar a calcularse todos los posibles movimientos nuestros y del contrario a profundidad 3 (aficionado) 4 (Amateur) 5 (profesional) 6 (experto) y 7 o más: Maestro

Así que cuando un ordenador como deep blue, diseñado por IBM en 1997 fue capaz de derrotar al campeón del mundo Garry Kasparov, quedó patente que las matemáticas no fallan, y que si aciertas a asignar el valor correcto de cada pieza en cada casilla y de acuerdo a las otras piezas con las que interactúa, resulta imposible de vencer si el ordenador posee la capacidad de superar en profundidad a un ser humano.

Así que mientras algunos siguen creyendo que el poder reside en el control energético o de cualquier otro tipo, Leonardo convenció a La Familia que era capaz de crear un nuevo y gigantesco Deep Blue que pronosticara las mejores acciones en cualquiera de los campos que fueran necesarios.

Aunque existía una dificultad, en ese nuevo tablero imaginario. En nuestro planeta existen 7.000 millones de piezas, aunque la mayoría de ellas son predecibles y manipulables, así que en realidad, las personas cuyas decisiones pueden llegar a ser importantes, se reducen a unos pocos cientos de miles.

Parece imposible calcular cómo van a reaccionar todos esos peones más allá de un primer movimiento, pero los algoritmos, unido al control de las bases de datos, el aumento de la capacidad computacional y la creación de redes sociales en las que los mismos peones facilitan sus intereses, haría posible anticiparse a reacciones indeseables y calcular el índice de tolerancia de la sociedad global.

Leonardo sabía que ofrecía a La Familia el arma definitiva para controlar el mundo. Serían capaces de exprimir a los peones hasta el límite de la resignación y la esclavitud, pero si sus cálculos salían como esperaba, devolvería a esos peones el enorme e imparable poder que tienen, sin tan siquiera ser conscientes de poseerlo.

Todo va más rápido, y las curvas de crecimiento ya hace tiempo que no son lineales, sino exponenciales. La longevidad, la riqueza, la miniaturización, el conocimiento global, la capacidad de procesamiento de los ordenadores, el consumo, la deforestación, la pesca, la natalidad, el CO2…

A este ritmo, las gráficas muestran que antes del 2050 se producirá la gran singularidad, en el que los valores de crecimiento resultan absurdos, ya que tenderán a infinito.

Pero ese era otro problema al que Leonardo no dejaba de darle vueltas e intentaba encontrar solución.

De momento había conseguido que dieran luz verde a su propuesta: la creación del corazón, o mejor dicho, el cerebro, donde se calcularían las futuras decisiones de La Familia para acabar de una vez y para siempre con los masones y con cuantos pretendieran arrebatarles el poder.

Lo primero era elegir a alguien prescindible y que encajara con la visión que Leonardo tenía para la expansión de sus planes.

Jeff Bezos por aquel entonces, 1994, acababa de abrir una librería online llamada Cadabra.com, que si ahora alguien se molesta en buscar, no podrá acceder por http.

Su formación como ingeniero eléctrico y en ciencias de la computación le presuponía una mente abierta y con capacidad de prever el potencial de Internet. Además había que sumarle sus ideales por la conservación de la naturaleza y la exploración espacial.

Por supuesto, había aprendido que en el actual nivel que ocupaba en La Familia, no podía contactar directamente con él, así que utilizaría a otro peón para que despertara en Bezos las posibilidades de expansión de su idea.

Y así, bajo el inocente manto de una empresa que se dedicaba a vender libros online, nació Amazon. Muy pocos sabían en aquel momento lo que acabaría siendo, y aún menos los que conocían su verdadero objetivo.

Para la mayoría de la gente, Jeff Bezos basa su riqueza en el comercio global, pero cualquier economista que investigue el origen de Amazon y sus finanzas, encontrará, o mejor dicho, no encontrará la forma de explicar cómo creció tanto y tan rápido a pesar de solo tener pérdidas y más pérdidas.

Porque Amazon no solo se dedica al comercio, sino que son dueños de más de la mitad de los servidores y routers que existen en el mundo, dando alojamiento a las bases de datos de la mayoría de empresas, incluidas las más importantes redes sociales.

Es decir, tienen la información de los peones, y muy pronto, la capacidad informática para calcular los mejores movimientos para controlarlos a todos.

La Familia debía ser precavida y crear una justificación plausible para la creación de semejante red de comunicaciones, así que, aconsejada por Leonardo, tomó la decisión de aprovechar dicha red para el inicio de un comercio global sin precedentes, algo que por otro lado, benefició a Jeff sin él saberlo, ya que le convertiría en el hombre más rico del planeta que es hoy en día.

Que mejor tapadera para los planes de La Familia que otro multimillonario exitoso que empezó prácticamente de la nada. Que encuentra a las personas adecuadas en el momento adecuado, que le regalan ideas geniales para que las lleve a cabo y ángeles que se hacen cargo de sus inversiones y deudas…Y lo mejor de todo, sin él ser consciente que estaba siendo una pieza más del tablero.

Pero nunca hay que destacar demasiado en originalidad, así que para sus planes, Leonardo empezó a becar a estudiantes de empresariales, psicólogos, economistas e ingenieros de red para que asistieran a congresos donde se alababa lo beneficioso de conocer las preferencias del consumidor. Esos estudiantes eran la élite que posteriormente contratarían las grandes empresas.

Esta técnica no era nueva. La Familia la había empleado durante décadas para invitar a la flor y nata de los estudiantes de docenas de países a que conocieran las bonanzas del capitalismo liberal y que a su regreso implementaran esas ideas sobre el beneficio del libre mercado y la importancia de acabar con la nacionalización de los servicios.

Un funcionario se preocupa menos por realizar bien su trabajo, ya que éste lo tiene asegurado, mientras que a un trabajador asalariado se le puede incentivar e incluso intimidar para que trabaje más por menos. Resultado: Las empresas privadas son más rentables que las públicas.

Y con esta doctrina tan evidente y engañosa, se impregnaba la mente de los legisladores.  ¿Quién se iba a negar a aplicarla?

Cuando el gobierno de un país controla los medios de comunicación, la energía, las comunicaciones, el transporte, la sanidad, la enseñanza y los monopolios, resulta enormemente complicado controlar sus políticas, sus decisiones y hacerse con sus recursos.

La época de derrocar gobiernos para poner títeres ya no era viable. Habían aprendido que a menudo esas marionetas cortaban sus hilos una vez tenían el control del país. Además, la globalización en las comunicaciones a través de Internet hacía imposible los golpes de estado sin provocar una revolución. 

Así que, qué mejor solución que adoctrinar a los futuros dirigentes de los países para que fueran ellos mismos quienes cambiaran las legislaciones y liberaran los servicios creados con el sudor y aporte de varias generaciones, y ahora vendidos a precio de saldo al mejor postor.

Aerolíneas, empresas eléctricas y de combustibles, telefonía, prensa, televisión, ferrocarriles, hospitales, colegios, bancos, monopolios estatales, seguridad…Todo estaba a la venta, y dinero, es lo que a La Familia le sobraba.

Por cada dólar gastado en adquirir esas empresas a los pocos años se transformaba en pingües beneficios, además de un arma para someter a los legisladores de turno.

Ya no importaba quien gobernase, republicanos, demócratas, liberales, conservadores, izquierda o derecha; aunque por supuesto, con el control de las comunicaciones resultaba extremadamente fácil hundir, con mentiras si era preciso, a cualquier indeseable aspirante al trono.

Leonardo decidió usar esas mismas armas para sus propósitos ocultos. Cientos de revistas, artículos de especialistas reputados, profesores de las universidades más prestigiosas y gurús tecnológicos apoyaban la tesis de que el conocimiento de las preferencias del consumidor proporciona más beneficios. Y lo mejor de todo, es que era verdad.

Empezaba el siglo XXI y con él la expansión de Internet y sus servicios. Nacía TripAdvisor, más tarde Yelp, Foursquare y otras webs donde el consumidor podía evaluar dónde era mejor gastar su dinero, así que fiel a las tendencias, Amazon aplicó a todos sus productos unas estrellitas para que cada usuario pudiera valorar cada compra y comentar acerca de ella.

Esta herramienta permitía a los clientes poder elegir un producto más fiable, y por otra parte, Amazon averigüaba qué suministradores eran mejor valorados y a cuáles reducirles el margen de beneficios.

Según los cálculos de Leonardo, no podía esperar a suceder a su tutor de forma natural para llevar a cabo su plan. No era tan viejo, y las probabilidades de enfermedades o accidentes eran escasas, por lo que tenía que correr el gran riesgo de anticipar su jubilación.

PEÓN SE CONVIERTE EN DAMA

Un peón puede ir avanzando casillas en el tablero, evitando ser comido por los peones contrarios y continuar bien protegido por otras piezas hasta llegar al final de su recorrido. Justo al alcanzar la octava casilla se produce la coronación. Es un premió a la habilidad en el avance y el control del territorio. En ese momento, el peón se transforma en cualquier figura excepto el rey.  Por lo general una dama.

Dama que normalmente, siempre que el oponente no esté muy debilitado, será devorada por otra pieza inferior que a su vez se sacrificará para evitar un control abrumador del atacante.

En el caso de Leonardo, se había convertido en el peón más valioso de La Familia, pero necesitaba ser coronado para que su tutor no pudiera descubrir o vetar su plan.

Todo crimen perfecto debe no parecer un crimen ni levantar sospecha sobre los beneficios que esa muerte puede aportar a otras personas. Leonardo debía aparecer como persona perjudicada y asegurarse de que tras la muerte de su mentor, todas las investigaciones, que sin duda las habría, y por triplicado, concluyesen que el accidente fue fortuito.

Cuantos más testigos lo presenciasen mejor, y cuanto menos conocedor fuera el que lo provocaba, también. Si además existían otras víctimas mortales a parte del objetivo, el crimen perfecto estaba servido.

Todo el consejo de La Familia, los 24 sin excepción, tenían normas y restricciones sobre su vida y movilidad. No podían casarse, se debían someter voluntariamente a una monitorización de su estado de salud y localización. Nunca podían estar ambos: titular y suplente, en el mismo país o viajar en cualquier medio de transporte a la vez. Y siempre se debía utilizar el medio de transporte más seguro disponible.

Por lo general, cada uno tenía asignado un jet privado y una agenda compartida con los desplazamientos previstos, así como un equipo de seguridad que incluía médico y abogado.

El tutor de Leonardo vivía en Madrid, aunque solía desplazarse con frecuencia a Santiago de Compostela por asuntos de La Familia. Esta sería la tercera ocasión en que utilizaba el tren de alta velocidad en lugar del jet debido al riesgo que suponía el mal tiempo. Así que Leonardo volvería a intentarlo por tercera vez.

No es que las probabilidades de muerte fueran del 100%, pero en un descarrilamiento, la primera clase viaja en los primeros vagones, por lo que había calculado un 40% de probabilidades de muerte y otro 30% de heridas graves que igualmente le incapacitaría para el consejo. Si esto fallaba, se vería obligado a un plan B mucho más arriesgado y precipitado.

Todas las televisiones del mundo retransmitieron las impactantes imágenes del descarrilamiento de un tren Alvia al tomar una curva con exceso de velocidad. Oficialmente, los sistemas de seguridad no se habían instalado por un retraso involuntario y el maquinista no prestó la atención debida para evitarlo.

Las jugadas para hacer consciente al gobierno de turno para que un nuevo retraso en la inauguración de la línea de alta velocidad era perjudicial y dejar sin suministros a la empresa que facilitaba los sistemas de seguridad, no requirió demasiada profundidad.

Un retraso en uno de los componentes en la empresa suministradora fue sencillo de apañar.
Leonardo encontró a otra empresa fabricante de esos sistemas de seguridad  y se encargó sutilmente de que se hiciera con todo el stock y al precio que fuera para poder atender a una nueva demanda de sistemas ERTMS más urgente y suculenta en Oriente Medio.

Pero la parte del plan más arriesgada era provocar el accidente, ya que los maquinistas supervisan que la velocidad sea siempre la adecuada en cada tramo correspondiente. De hecho, lo hacían tan bien, que a pesar de no disponer del sistema de seguridad, la línea había estado funcionando durante dos años con normalidad.

EL SACRIFICIO

En el ajedrez, como en la vida, conseguir un objetivo conlleva aceptar la necesidad de sacrificios.

Nos sacrificamos cuando decidimos tener hijos, aun a sabiendas del tiempo de vida perdido que supondrá su atención.

Nos sacrificamos al ir a la escuela y la Universidad para recibir una formación que nos garantice un puesto digno en la sociedad.

Nos sacrificamos en el trabajo a cambio de la recompensa que supone el crecimiento personal, el reconocimiento que recibimos o tan solo el salario en el peor de los casos.

Tal vez en un mundo diferente no fueran necesarios tantos sacrificios, pero en el que vivimos, los aceptamos como necesarios. Siempre somos libres de no sacrificarnos en ninguna decisión que tomemos, pero ya sea por hacer felices a otras personas o por habernos autoconvencido de la necesidad de llevarlos a cabo, cada día desde que nos levantamos, aceptamos libremente realizarlos.

La medida entre un sacrificio pequeño y uno mayor, únicamente radica en la percepción individual de quien lo lleva a cabo o la del observador que lo juzga.

En otras ocasiones, la persecución de nuestros deseos o necesidades nos lleva al sacrificio de terceras personas. En estos casos, primero debemos autoconvencernos de que el posible mal que causemos a esas personas está justificado.

Aunque colarse en una cola para entrar a un concierto es algo fácil de justificar, provocar la muerte de una o varias personas  sin la previa aprobación social, es un acto cuyos remordimientos pueden condenarnos hasta el fin de nuestro días.

Normalmente, ese tipo de sacrificios los cometen personas que creen conocer el futuro y se autoconvencen de que son necesarios, o como en este caso, inducen a convencer a otra persona para que así lo crea.

La hiponatremia o disminución de sodio en sangre, suele provocar somnolencia, falta de concentración y disfunción cerebral.

Contratar a un sicario para drogar al maquinista hubiera sido demasiado arriesgado, ya que una vez realizado el encargo, tendría que acabar con él mediante otro sicario , y aun así, seguía existiendo un cabo suelto que a la larga podría traer problemas.

Esta era la tercera vez que tenía que recurrir a su hermano Ramón. Era la única persona en el mundo en quien podía confiar y por supuesto estaba al corriente de su plan.

No solían verse a menudo, ya que a Ramón no le gustaba demasiado viajar y para Leonardo era complicado regresar a España estando su tutor residiendo en ese país, así que tan solo debía enviarle una selfi a través de instagram desayunando churros para que Ramón entendiera lo que debía hacer.

Una vez más volviería a suministrar discretamente una combinación de hormonas oxitocina y vasopresina al maquinista con quien solía desayunar en el bar al que solía acudir frente a su casa.

El resultado de estas hormonas era similar a los efectos del éxtasis, pero sin embargo resultaban indetectables en los análisis sanguíneos, que sin duda los habría, saliera o no vivo del accidente.

La bolsa de papel que contenía el azúcar junto con la dosis, estaba preparada de antemano. Tan solo tenía que sustituir un sobre por otro en el momento de acercar el café con leche a la mesa.

Habían estudiado a los diferentes maquinistas que solían hacer ese trayecto, descartado algunos y apostando por un par de ellos cuyos hábitos permitía suministrarles la droga.

En esta ocasión tocaba el desayuno. Una amistad de un café matutino en un bar, no es algo que nadie vaya a investigar.

Como cada día de trabajo solía hacer, el maquinista acudió al bar frente a su domicilio. Ramón ya se encontraba en la barra del bar cuando entró. Hacía varios días que no coincidían, así que tras un saludo cordial le siguió un comentario de las noticias de actualidad. El Betis había conseguido clasificarse para la Copa del Rey tras ganar en la prórroga al Español. El fútbol no era algo que interesase a Ramón en absoluto, pero tras varios años desayunando juntos, sabía que era el tema preferido con el que volver a desayunar.

            -Siéntate, un café con leche y una tostada no? – Mientras le indicaba la mesa donde poco antes de que el maquinista entrase Ramón estaba sentado. Había dejado premeditadamente el periódico doblado con la noticia deportiva a la vista.

Oficialmente, el nombre del tutor de Leonaro no aparecería jamás en la lista de víctimas mortales. En cuanto se produjo el accidente y dejó de emitir sus constantes vitales, el equipo de apoyo se encargó de evacuar el cuerpo con discreción.

Leonardo lo había conseguido. había alcanzado la última casilla y había sido coronado. Ahora tocaba seguir con el plan, para el que necesitaría la ayuda de su nuevo protegido.

Cuando propuso el nombre de su sucesor al consejo, se produjo una sorpresa y una fuerte oposición. Ningún millonario conocido, y mucho menos famoso, cumplía con la discreción que exigía el cargo. Por supuesto que todos los miembros contaban con fortunas astronómicas, pero todas esas empresas y acciones permanecían ocultas a través de testaferros, empresas fantasmas y una ingeniería fiscal que impedía seguir el rastro de cualquier curioso.

Por eso era inaceptable alguien como Mark Zuckerberg, nada más y nada menos que el fundador de Facebook, conocido a nivel global, del que hasta hicieron una película con él como protagonista y que, para colmo, acababa de entrar en la lista de los veinticinco más ricos del mundo según Forbes.

Pero Leonardo tuvo que convencerles de que era una jugada imprescindible para vencer a los masones y una pieza fundamental con la que tener acceso a Facebook y su información.

Era 2013 y Facebook ya contaba con más de 100 millones de usuarios en todo el mundo que compartían públicamente sus intereses e incluso su día a día a través de esa red.

En pocos años, extrapolando la curva de crecimiento, esa cifra se multiplicaría por más de 20 antes de que acabara la década.

Además facilitaba otra tapadera para seguir aumentando el número de servidores y nodos de Internet bajo su control. Sus enemigos debían seguir ajenos al control de esa nueva zona del tablero, por donde les llegaría el jaque mate, así que debía parecer que Internet seguía siendo un bien de la humanidad lejos del control privado.

Además, el mayor valor de controlar Facebook, era poder hacer un uso discreto en la manipulación de la información, haciendo llegar a cada grupo de individuos las noticias e informaciones más adecuadas en cada circunstancia.

Finalmente, los pros que Leonardo expuso superaron a las reticencias del consejo. No obstante, dejaron clara la posibilidad de que el nuevo miembro fuera prescindible si en el futuro surgiera cualquier sospecha que señalase a La Familia.

Solo tres años más tarde, el nuevo pupilo demostró con creces su utilidad, al conseguir cambiar la intención de voto de un candidato presidencial a otro de una forma vertiginosa y pasmosamente eficaz.

Donald Trump, ese valioso alfil de La Familia por quien nadie apostaba, ponía ahora en jaque a sus oponentes.

Todo marchaba sobre ruedas. En 2014 llegaron los móviles, y con ellos Amazon Web Services y una nueva justificación para ampliar su nube y dar cabida al nuevo mercado de juegos tras la adquisición de Twitch Interactive.

Pero cada vez se aproximaba más la fecha límite para que la gran inteligencia artificial naciera de entre los miles de servidores en serie que aportaban billones de datos y calculaban trillones de análisis por segundo.

Leonardo seguía siendo el salvaguarda final de los algoritmos a suministrar a semejante monstruo computacional, los iba empleando con mucha cautela, aguardando el momento oportuno para su traición.

Los masones seguían pensando que las casillas a controlar para vencer a sus enemigos era la energía. La revolución en Venezuela había dado sus frutos, y ahora tenían el control de su producción de crudo.

El gobierno venezolano nacionalizó las compañías petrolíferas, pero el pago en compensación por esa apropiación se hizo en stock options. Eso quería decir que eran dueños de buena parte del petróleo que Venezuela extrajera en el futuro. No de todo, por supuesto. Tan solo de los miles de millones de barriles acordados y pactados a un precio definido.

La clave del control estaba en que, solo si subía el precio del petróleo exageradamente, exigían la venta al precio acordado, naturalmente muy inferior al del mercado.

Eso suele pasar cuando no se lee la letra pequeña y parece que pagar un precio reducido es beneficioso.

Con esta estrategia, además del control del personal cualificado, prácticamente inexistente en Venezuela, se redujo progresivamente la producción. Esto hizo caer al país en una crisis económica que se sumó a un embargo para acabar de endeudar las flacas arcas revolucionarias.

Pero el sacrificio de ese peón energético abrió el pasillo a un nuevo ataque para el que sus enemigos no estaban preparados.

Leonardo seguía su plan sin que el consejo le presionara demasiado con la fórmula para derrotar a los masones. Los beneficios obtenidos estaban siendo astronómicos y la pandemia originada en 2020 había proporcionado, sólo en Amazon, un 40% del incremento de beneficios.

El covid había resultado de gran utilidad para sus objetivos. El 70% de la población mundial estaba recluida en sus casas sin poder salir durante meses. Invitados a descubrir los beneficios de comprar por Internet, a disfrutar de Netflix, Disney+, Primevideo… a teletrabajar, a instalar webcams para socializar…

Las pérdidas de la pandemia fueron compensadas con creces por los frutos obtenidos, a los que se añadieron los pingües beneficios de sus farmacéuticas, que se prolongarían durante años.

El haber empleado una variante de virus como el de la gripe, capaz de mutar cada pocos meses, obligaba a una continua adaptación de las vacunas a las nuevas cepas y a seguir contando con generosos pagos anuales de los gobiernos de todas las naciones.

Por otra parte, necesitaban conocer cómo respondía la sociedad a la obediencia y la resignación, y aunque a Leonardo le asqueaba tener que aprobar esa operación, no podía discutir la evidencia de los beneficios para su ministerio.

Cuando la idea de soltar un nuevo virus a nivel global se propuso por primera vez en el consejo, parecía algo descabellado, pero tras mostrar los beneficios que supondría, nadie objetó nada. Ni siquiera el responsable de transportes. Al revés, proporcionó la idea de inducir al legislativo para que aprobara una serie de planes de rescate que amortiguaría la mayoría de perdidas en el sector del transporte, y a eso se le sumó…¿Y porqué no hacerles que paguen a los que no pueden trabajar?

Exprimirían a los gobiernos para que se vieran obligados a pedir más dinero y así aumentar su deuda. La Familia estaba para eso, para prestarles todo el que necesitaran.

Leonardo solo puso una condición, debía parecer que tenía su origen en China. Muy pronto, ese país formaría parte de la intrincada estrategia que planeaban.

De cara a la opinión pública Jeff Bezos es el hombre más rico del mundo, dueño de Amazon y varias empresas más que parece que controla, pero en realidad, en cuanto Amazon salió a bolsa, el control real dejó de ser suyo para pasar a ser de los accionistas que le hacían rico, así que en realidad, eran éstos quienes tenían el control real, ya que de no someterse a la voluntad de su consejo de administración, su fortuna podía derrumbarse en cuestión de horas.

Ahora La Familia controlaba las empresas más importantes de Internet, Amazon, Facebook, Apple, parte de Microsoft y la mayoría de Google. Juntas todas ellas bajo un lema común: “Para un mundo mejor”. Invirtiendo con donaciones en países tercermundistas para que internet llegara a todas las casas del planeta y que el derecho al conocimiento y las comunicaciones fuera global. ¡Todo tan desinteresado…!

A su vez, Alexa, Siri y Google Home se estaban introduciendo en los hogares para conocer de primera mano las preferencias y preocupaciones más íntimas de sus moradores.

Las personas incluso habían accedido a llevar pulseras que monitorizaban su actividad, ritmo cardíaco, frecuencia y calidad del sueño, estrés…

Si querías conocer la respuesta a qué ocurriría si se duplicaba por ejemplo el precio del gas, poco antes de dar la noticia se introducía el rumor por Internet y tenías con antelación la respuesta. Incluso se podía sincronizar el ofrecer la noticia a través de las redes sociales con la respuesta cardíaca de sus pulseras. Resultaba más fiable que los mismísimos comentarios que posteriormente se escribieran sobre la noticia.

Después de eso, y de acuerdo a los índices de tolerancia recibidos, se podía calcular si solo se debía subir un 10, un 50 o el 100% anunciado. Normalmente las sociedades se empezaban a resignar sin pedir explicaciones, y las protestas, antes en las calles, ahora se podían silenciar dentro de sus burbujas en las redes sociales.

La psicología humana es predecible, y si le ofreces un canal por donde expresar y conducir sus frustraciones, a menudo ese desahogo será suficiente. Y si se coordinaban para hacer algo más…bien, entonces se podía contraatacar con opiniones de expertos en los medios de comunicación, dispuestos a defender a quienes les pagan, o, a una mala, no subir el precio del gas durante algún tiempo.

Lo mismo ocurría si se anunciaba una posible intervención en Venezuela, subir los tipos de intereses, retirar las tropas de Afganistán o acusar a China de ciberataques. Esto último formaba parte de la estrategia del juego de Leonardo. Muy pronto iba a necesitar que se culpase a alguien del caos global que estaba por venir.

A diferencia de un tablero de ajedrez, en el mundo real el valor de cada casilla va variando conforme a la evolución de la sociedad. Si en su día el poder residía en controlar las rutas comerciales o el armamento, dejó de serlo cuando la energía pasó a convertirse en vital para el desarrollo de las naciones. Los masones creyeron que era así, y sacrificaron con guerras el control del petróleo, aunque su renuncia al control de Afganistán, era algo que no esperaban.

Leonardo necesitaba que los enemigos de sus enemigos resistieran un poco más. Había calculado mal la velocidad del juego y algunas cosas evolucionaban más deprisa de como él había calculado. Debía evitar a toda costa que fueran derrotados.

Sus planes solo podían triunfar si  quedaban personas bondadosas con poder suficiente para hacer retroceder a La Familia lentamente hacia sus guaridas, perdiendo en su retirada todas esas casillas y piezas que creían controlar.

Por ello Leonardo les fue facilitando discretas ayudas para equilibrar la contienda. Algunas filtraciones de documentos en paraísos fiscales, Wikileaks, Panamá, Pandora, pruebas del amaño de las elecciones presidenciales por Facebook o pistas sobre la ingeniería fiscal de La Familia y de cómo atacarlos.

Nada había cambiado en ese último siglo. Los grandes delincuentes sabían muy bien cómo protegerse, y como en tiempos de Al Capone, solo quedaba su persecución acusándolos de evasión fiscal.

Sus ayudas fueron bien recibidas, y hasta neutralizaron a John MacAfee, otro de los peones importantes de La Familia.

Esperaba que tras su detención en el aeropuerto de Reus, cerca de Barcelona, para ser extraditado, los masones pudieran aprovechar la valiosa información que él tenía, pero la consigna ancestral de “poca lengua” seguía en vigor.

Nunca se averiguaría si su suicidio en la carcel fue decisión propia de John o fue llevado acabo por otras personas.

Leonardo llegó a conocer a John MacAfee personalmente y sabía de su frustración por no haber conseguido del consejo de los 12 el apoyo en las elecciones presidenciales de 2016, ya que finalmente decidieron apostar por Trump. Pero su valor real, más que para político, lo tenía como experto en virus. Él había creado el primer antivirus informático, y si algo necesitaba La Familia era que sus datos estuvieran a salvo.

John estaba obsesionado con establecer una semejanza entre virus computacionales y virus reales. Incluso montó una empresa en Bahamas para el desarrollo de antibióticos, y aunque Leonardo no tenía la certeza de su colaboración en el diseño del Sars-Cov-2, estaba convencido que fue uno de los padres de ese plan.

En cierta ocasión Leonardo y John hablaron largo y tendido en la casa de Bahamas sobre los virus, aunque sus intereses por ellos eran completamente antagónicos. John creía que los virus eran un defecto en la evolución de la vida, mientras que para Leonardo representaban la mejor herramienta evolutiva.

Ya sea en un sistema operativo informático o en un ser vivo, los virus ponen a prueba la viabilidad del código de sistema en uno o del código genético en otro. Por lo general, no existen apenas virus que sean letales, ya que al acabar con su huésped, ya sea una computadora o un organismo desaparecen con él y pierden la oportunidad de propagarse. Por eso el virus ideal es aquel capaz de instalarse, multiplicarse y expandirse a otros sistemas causando el menor daño posible.

De lo contrario, como en el caso del ébola, un ataque virulento es fácil de detectar y aislar, aunque lamentablemente suela acabar con la muerte del huésped.

Pero Leonardo lo veía desde otra perspectiva. Los virus representan una herramienta única para reescribir el ADN o el S.O. En la naturaleza las especies evolucionan porque los cambios genéticos entre una generación y la siguiente proporcionan una mejor adaptación al medio, aunque los virus pueden ser la llave para reescribir ese ADN sin necesidad de esperar a cambios generacionales.

Y eso es lo que ya se hace en el caso de los sistemas operativos. Los virus en estos particulares se llaman parches o actualizaciones, pero su función es la misma, introducirse en la programación del sistema y sustituir parte de ella por otra más eficiente.

Sin embargo John estaba en desacuerdo. No se puede crear un sistema operativo óptimo a base de parches, ya que a la larga se vuelve redundante, pesado e inestable. Por ello opinaba que cuando un sistema falla o queda obsoleto, lo mejor era escribir una nueva programación y cambiar el S.O. y por ello estaba obsesionado en el diseño de un antivirus que bloquease cualquier modificación de la programación fuente.

A Leonardo le sorprendía lo despreocupado que era John, ya que a menudo se le escapaban comentarios que podían resultar peligrosos en los trabajos que realizaba para La Familia. Aunque probablemente era el abuso de las drogas el que propiciaba una lengua más distendida de lo recomendable.

Como activo de grán interés, se le asignó una seguridad extraordinaria para evitar indiscreciones, hasta que finalmente ocurrió lo inevitable. Un vecino suyo en Belice escuchó más de la cuenta y el muy ingenuo llamó por teléfono a un periodista del Washington Post para destapar una primicia sobre John McAfee.

Por supuesto, la llamada fue detectada a tiempo y el vecino pasó a mejor vida, aunque en esta ocasión, no se fingió un accidente o una enfermedad mortal, sino que se optó por un disparo en la cabeza. De esta forma esperaban dar una lección a John y que aprendiera lo peligroso que podía resultar su falta de discreción.

Peró la lección tuvo un efecto contrario, ya que si antes John sospechaba abiertamente que los masones le seguían los talones, ahora estaba convencido de que el asesinato de su vecino era una trama para capturarle o acabar con su vida. 

Evidentemente huyó antes de ser detenido, pero las sospechas de que querían atraparlo fueron en aumento cuando fue detenido de nuevo en República Dominicana trasladando armas  para La Familia en su barco.

John no iba desencaminado cuando tras ingresar en prisión en Barcelona para ser extraditado avisó a sus carceleros que él se encontraba muy cómodo en prisión y que no quería acabar como su amigo Jeffrey Epstein, con el cuello rajado en su celda. Advirtió que si le ocurría algo parecido no sería por su voluntad.

Jeffrey ciertamente había sido otro peón que la familia tuvo que desechar cuando fue descubierto el tráfico de menores para la prostitución del que se encargaba.

Pero todos esos peones sacrificados que ofrecía a los masones así como los escándalos de corrupción e intentos para destapar los paraísos fiscales de La Familia, eran menos dañinos de lo que Leonardo esperaba. Vió como incluso los cambios legislativos necesarios para acabar con los paraísos fiscales  eran vetados en algunos países por el gobierno de turno o eternizados por los tribunales que encausaban los procedimientos e investigaciones.

Tampoco le sorprendía. Al fin y al cabo, La Familia se había encargado durante siglos de que no llegaran a la cúpula, tanto judicial como legislativa, más que aquellos que les eran fieles o que podían corromper, extorsionar o sustituir sin dificultades.

Y aunque los escándalos, eran realmente eso, un escándalo, la gente había aprendido a pasar de ellos y continuaba entretenida compartiendo su vida en las redes sociales, con juegos online, series televisivas y espectáculos a raudales, así que si esperaban que exigieran a sus gobiernos que pusieran luz en las tinieblas, podían seguir sentados hasta que las ranas criaran pelo.

Leonardo sabía que esa, el destapar los trapos sucios y sus blanqueos fiscales, no era la forma de acabar con La Familia, tan sólo suponía un retraso antes del de los últimos descendientes de la orden del temple.

La estrategia planeada por Leonardo era más sutil. Provocaría unos pequeños cambios en los hábitos de consumo a los que la gente se acostumbrarían. El peligro no sería perceptible hasta que ya fuera demasiado tarde para revertirlo.

No, evidentemente La Familia no iba a desaparecer, ni los gobiernos corruptos que controlaban, ni el poder de la banca, ni tan siquiera el de los jueces, que servían de último recurso ante cualquier amenaza contra ellos. Nadie desde la segunda guerra mundial había llegado a los tribunales supremos de la mayoría de países sin su previo visto bueno, aunque algunos jueces buenos debieran de ser eliminados por las armas, como en el caso de Giovani Falcone o inhabilitados por la pluma como a Baltasar Garzón.

Por supuesto que en la historia hubo intentos de enfrentarse a La Familia públicamente, aunque su nombre ni tan siquiera fuera conocido, como en los casos de Aldo Moro en Italia o Olof Palmer en Suecia, ambos con el mismo trágico final: la muerte.

Nadie descubriría jamás quién estaba tras las Brigadas Rojas que secuestraron al diputado  Italiano y posteriormente lo ejecutaron o qué impulsó a un drogadicto a disparar sobre el primer ministro sueco.

Tampoco acabaría el control religioso, aunque la fé se sustituyera por las películas de Hollywood o Disney que continuaban grabando en el subconsciente colectivo qué hacer para ser felices y cuáles deben ser nuestras prioridades en la vida para encontrar una felicidad que, únicamente resultaba alcanzable para los protagonistas de esas películas y series de ficción.

El asesinato no está en el ADN humano, sin embargo, se pueden lavar los cerebros para justificar que matar a otro ser humano enemigo en una guerra declarada por los intereses de otros, es bueno para todos.

La mayor parte de películas y series que se ven desde la infancia, incluidos los dibujos animados, nos han educado con esa idea. Hay que acabar con los malos y vengarse de quien ha hecho daño a los tuyos.

Y así se consigue asentar en nuestro subconsciente el sentimiento de patriotismo, nacionalismo o yihadismo. Al final, cualquier persona es susceptible de convertirse en un asesino a cambio de una medalla o un paraíso celestial, y eso es porque resulta tremendamente efectivo implantar en los seres humanos la idea de que matar a otro semejante por estar en contra de una bandera o creencia está justificado.

Hace ya tiempo que los psicólogos se dieron cuenta de que los humanos son tan obedientes como los perros, y si les educas debidamente repitiendo una y otra vez que la obediencia trae recompensas y la falta de la misma castigos, podrás controlar a la mayor parte de ellos.

Y de eso trataba precisamente la estrategia de Leonardo, de poner fin a esa manipulación. Pero poco a poco, sin llamar la atención y sin que nadie se diera cuenta hasta conseguir su objetivo: Hacer desaparecer el poder que tanto La Familia como sus oponentes han utilizado durante cientos de años para controlar a sus peones: El miedo.

Algunos individuos creen que son libres, pero esa ilusión tan solo dura el tiempo que tarde en desobedecer al sistema.

JAQUE (Los lobos no comen hierba)

Se llama “jaque” a la advertencia obligada que tiene un jugador respecto a su oponente cuando al mover una pieza el rey contrario es amenazado directamente.

Esto obliga al otro jugador a mover el rey o protegerlo del ataque. Si no puede hacerlo, entonces se denomina jaque mate.

Ocurre con frecuencia que el jaque mate lo realiza quien parece ir en desventaja.

Como Leonardo en su infancia aprendió muy bien, el primer paso para vencer a tu rival es convencerle de que está ganando y hacer que se confíe.

Esta era la partida de su vida. Ahora ya tenía el pelo canoso y durante años había desarrollado todos los movimientos que desde joven planeó. Internet iba a ser el penúltimo escalón en la evolución de la humanidad, y si tenía éxito, todo su trabajo no habría sido en vano y utilizaría toda esa infraestructura informática que con la ayuda de La Familia había construido para un fin muy diferente: Llevar a la humanidad al último escalón de cualquier civilización.

La sociedad está intoxicada y los subconscientes de sus individuos lavados con creencias insanas. Desde que se apoderaron de las armas, hicieron creer que unos pocos pueden someter al resto. Después vino la liberación de Cristo y las armas dejaron de funcionar. La gente cantaba mientras eran entregados para ser devorados por las fieras.

Pero a continuación aparecieron las religiones, y empezaron a sustituir la libertad del individuo por el miedo a los infiernos.

Luego siguieron el orden y las leyes injustas para justificar la apropiación del trabajo ajeno.

Finalmente vino la mala educación, que establecía cómo se debía vivir y a quien obedecer.

Y con estas ideas grabadas a fuego durante generaciones en nuestras mentes, la sociedad se ha convertido en un rebaño de ovejas custodiadas por lobos y buitres. Lobos que las acorralan y devoran y buitres que ayudan a los lobos a cambio de la carroña que les dejan.

Las ovejas perdieron al buen pastor y va siendo hora de que alguien las libere.

Los que conocen cómo se produce el sacrificio de animales en un matadero, saben muy bien la diferencia entre los berridos de un cerdo y el silencio de un cordero. El cordero ha nacido sabiendo que tiene un fin, y por ello acepta su muerte en silencio, así que no esperemos que su agonía despierte o altere al resto de corderos.

Millones de corderos ya murieron en África a mano de los lobos durante el pasado lustro sin que sus muertes perturbara al resto de rebaños, así que no hay ´que esperar que los corderos acaben con los lobos o los ratones con los gatos, la única forma de salvarlos es guiarlos de nuevo por la buena senda.

Cristo o Mahoma fueron buenos pastores de los que la sociedad actual se mofa. Pero el mensaje para liberar al ser humano de su esclavitud sigue siendo el mismo: NO TEMAS HACER EL BIEN.

El bien y el sentido de la justicia, anida innato en los corazones de todos los seres humanos. Situaciones y necesidades nos pueden hacer dudar de esta premisa, pero no por ello desaparece.

Los lobos han convencido a la humanidad de que hacer el bien es algo absurdo si no obtienes beneficio, y así es como consiguen que los corderos abandonen su buena senda para después aprovecharse de ellos y devorarlos.

Los malos pastores han dictado docenas de libros y tratados en los que corrompen el significado del bien. Jamás estará bien matar a un semejante o no asistirle ante una necesidad. Han sustituido el amor al prójimo por el amor a uno mismo, pero no por el amor a nuestro ser, sino por el deseo de tener cubiertas todas las necesidades que nuestro cuerpo necesita, ahora, mañana, el año que viene y por los siglos de los siglos para nuestros nietos.

Y somos capaces de defender ese erróneo amor por tener asegurado un bienestar para un futuro que tan siquiera conocemos. Dejamos al hambriento sin pan y nos peleamos unos contra otros por asegurarnos un buen pasto en una pradera cada vez más mustia y descuidada de la que los lobos se han hecho propietarios. Pero claro, ellos no comen hierba.

Ya hay demasiados gurús, maestros y guías que intentan aliviar al afligido, pero ellos no acabarán con los lobos y en una sociedad temerosa, el miedo se hace contagioso.

El camino a la libertad no es otra revolución bélica. Ya hubo demasiadas revoluciones y guerras bajo la bandera de una falsa libertad, pero aquello que se gana por la fuerza, más tarde o más temprano se acaba corrompiendo.

Lo primero que quería hacer Leonardo, era que la gente descubriera de nuevo que hacer el bien es bueno para todos. Que si a un prójimo le va bien, su bonanza beneficia a todos. Desterrar la envidia, la codicia y la resignación.

Y lo segundo, ofrecerles un gran regalo, algo que les permitiera sentirse libres y afortunados de por vida, haciendo desaparecer el miedo a la muerte.

DAMA POR TORRE

Ofrecer el sacrificio de una dama, la pieza más valiosa del ajedrez después del rey, por una torre, puede, y debe, hacer sospechar al jugador contrario que esa jugada esconde algún ataque peligroso. Pero de ser incapaz de profundizar y encontrar ese peligro, difícilmente se resistirá a ese botín.

Todo el poder de Internet se resume en su capacidad para almacenar datos y posteriormente procesarlos para dar unos resultados.

Ahora Leonardo controlaba en nombre de La Familia la mayor parte de esa red global llamada Internet.

Había comprobado y demostrado al consejo de los doce el gran valor que tenía en varias ocasiones. Los apagones que sufrían ocasionalmente grandes proveedores de servicios como Facebook, eran necesarios para emplear todo su potencial en beneficio de sus intereses.

Hay que entender que los miles de servidores y enrutadores que albergan la información de los usuarios, están trabajando casi al máximo día tras día, por lo que resulta imposible hacer un uso particular de todo ese potencial.

Se necesita desconectar a los usuarios y disponer así al 100% de la capacidad de la red.

Luego se introducen los algoritmos para que cotejen los diferentes grupos de perfiles sociales, y finalmente, esperar a que faciliten un pronóstico de respuesta de los usuarios registrados ante una acción importante solicitada por el consejo. Y así, en pocas horas obtenían las estadísticas aproximativas de respuesta global a sus pretensiones.

Para su movimiento final, Leonardo debía disponer de todo Internet, y había que buscar una justificación para que millones y miles de millones de usuarios dejasen de navegar, teletrabajar, vender, comunicarse… durante varios y eternos días de desconexión global.

Hasta ese momento solo habían sido horas, y únicamente de algunas redes concretas, y el caos ya se había hecho visible, así que para paralizar Internet durante varios días, había que buscar una cabeza de turco que justificara ese apocalipsis social.

Pero esa jugada final aún estaba por llegar, antes había que reeducar a los consumidores.

Era el momento de sembrar una nueva semilla, darla a conocer y dejar que creciese hasta que su tronco fuera lo bastante resistente para no ser cortado y que pudiera empezar a proporcionar frutos, aunque estos no fueran tan suculentos como La Familia esperaba.

Utilizó una vez más a Jeff Bezos para hacerle llegar otra idea genial: ¿Qué ocurriría si unos nuevos algoritmos nos permitieran conocer de antemano si el servicio que vamos a usar o el objeto que vamos a comprar es bueno o es malo?

Pero no bueno o malo en el sentido únicamente de la calidad del producto o servicio, sino de ir más allá y valorar quién y qué hay realmente detrás.

El plan era ofrecer a los usuarios una interfaz para que valoraran qué les parecía la empresa que fabricaba ese producto. ¿Pagaba bien a sus trabajadores? ¿Era sostenible? ¿Pagaba sus impuestos correctamente? ¿Reciclaba?

En resumen, las cinco estrellitas ahora iban a ser el resultado de unos algoritmos que calcularán el compromiso social de un jabón, una sartén, un móvil, una lavadora…o una compañía de telecomunicaciones.

Si le damos a un trabajador que se siente explotado la posibilidad de puntuar mediante cuestionarios anónimos a su empresa y destapar de forma segura sus trapos sucios, sin duda que lo hará. Serán ellos, los empleados, quienes mejor conocen su lugar de trabajo, los que facilitarán y puntuarán a sus jefes, al proceso de fabricación y al trato que reciben.

Los algoritmos se encargarán además  de detectar falsas evaluaciones, ponderarán resultados de diferentes países y grupos de usuarios y ofrecerán un resultado real del compromiso social de un producto o servicio mediante su calificación con estrellas: 5 estrellas para la mejor calidad, al precio más ajustado y sabiendo con certeza que el dinero del comprador va a parar a una empresa respetuosa y comprometida que trata correctamente a sus empleados. Y de cinco estrellas, ira bajando a 4, 3 2 o tan solo una para el explotador desconsiderado y defraudador.

Si todo salía como era de esperar, el uso de esos algoritmos se extenderían a nuevas plataformas para evaluar a bancos, aseguradoras, compañías de comunicación, eléctricas… todo tipo de empresas verían aflorar las opiniones de sus propios trabajadores. Y también algunos de sus turbios secretos.

Bien es cierto que al principio solo un pequeño porcentaje de los usuarios optarían por pagar más por un producto con un compromiso social elevado antes que por otro que no se preocupa tanto por el bien común, pero esas pequeñas fugas de beneficios causarían reacciones en las empresas que detecten pérdidas de ventas.

En poco tiempo se calcularía qué porcentaje de aumento de salario o reducción de horas de trabajo con el que podrían conseguir tener una estrella o dos más. Tal vez evadir al fisco resultase más pernicioso que pagar los impuestos correctamente para aumentar las ventas.

Este cambio en la educación de los consumidores podría durar varios años, pero Leonardo esperaba que tal vez fueran sólo meses. Todo dependía de poner de moda en las redes sociales, prensa y televisión la nueva forma de beneficiar al buen fabricante.

Porque no nos engañemos, son muy pocos los fabricante que deciden a posta contaminar, pagar poco a sus trabajadores y escatimar en la calidad de sus productos, pero la globalización ha conseguido que hasta los buenos empresarios tengan que emplear malos modos para poder mantener la viabilidad de su negocio ante una competencia sin escrúpulos.

Lo más difícil iba a ser convencer al consejo para que apoyaran la implementación de esos algoritmos y no los vieran como algo pernicioso. Por ello, Leonardo vendió su plan como la jugada maestra que finalmente les daría el control global absoluto, aunque para ello, era necesario un gran sacrificio para derribar la torre que era China.

China en las últimas décadas había inundado el mercado global de mercancías a unos precios tan competitivos, que resultaba imposible competir con ellos. Al principio se trataba de productos superfluos, pero ahora disponían de las tecnologías que les permitía vender todo tipo de productos con una calidad aceptable y a precios mucho más reducidos debido a su mano de obra barata.

Miles de empresas habían trasladado la producción de sus productos a este país y otros vecinos para poder ofrecer mejores precios a sus clientes.

Todos esos billones de dólares que China ingresaba, la habían convertido en el país más rico del mundo, dueña de media África y de la deuda pública de medio occidente, incluyendo a Estados Unidos.

Además había hecho los deberes, y ahora sus científicos estaban a la cabeza en el desarrollo de nuevas tecnologías. Ya no copiaban, sino que diseñaban.

Por otro lado, La Familia era dueña de la mitad de sus empresas, pero el control de las mismas empezaba a resultar incierto, ya que no controlaban su gobierno.

El plan que Leonardo proponía a la familia era que con la aplicación de los nuevos algoritmos, iba a hundir progresivamente las exportaciones de China, y sin consumidores, toda su economía se derrumbaría como un castillo de naipes.

Empezarían con la explosión del boom inmobiliario chino, lo que desataría una crisis económica interna, como ya antes habían hecho en occidente en el 2007.

GreenGrande sería su primer objetivo. La mayor constructora del país asiático había construido más de la cuenta, así que solo tenían que pedirle que devolviera el dinero prestado para provocar el derrumbe inmobiliario.

A eso seguiría una retirada estratégica de las empresas controladas por La Familia en China y otros países asiáticos, que serían las primeras en regresar a sus naciones de origen y las primeras en poder ofrecer a los nuevos consumidores productos y servicios cinco estrellas, ya que con la aplicación de los nuevos algoritmos, los consumidores occidentales y del resto de países empezarían a cambiar sus hábitos de consumo.

En poco tiempo, el resto de empresas extranjeras con factorías en China, tomarían ejemplo y acabarían abandonando ese país.

Intentar perjudicar a China de otra manera, mediante medidas legislativas o aranceles, ya pudieron comprobar con el intento de Donald Trump contra Huawai o más tarde contra Tick Tock, que los chinos se adaptaban sin demasiadas complicaciones.

Con el plan de Leonardo, la economía china se colapsaría rápidamente. Sin exportaciones, con una población hipotecada y perdiendo paulatinamente sus trabajos por el cierre de empresas, el consumo interior también se derrumbaría y con él, se propiciaría un caos que haría tambalear al gobierno.

Ya habían sembrado la idea del peligro que suponían los hackers chinos al servicio de su gobierno. Habían sido capaces de colapsar sistemas infiltrándose en la mensajería de más de 30.000 empresas norteamericanas, robado investigaciones de la vacuna contra el Covid en España, espiado objetivos israelíes haciéndose pasar por hackers iraníes.
Hasta tenían confesiones de Hackers disidentes que confesaban la existencia de un ciberejercito en barracones a las afueras de Shanghái.

¿Quién no iba a creer que en plena crisis interna en China, no fueran capaces de dejar al resto del planeta sin Internet?

Y si para colmo salían a la luz las pruebas de que el Covid había sido fruto de ingeniería genética llevada a cabo en laboratorios farmacéuticos en China… Qué importaría a quién pertenecían esos laboratorios.

Siempre hay alguien dispuesto a decir en voz alta lo que uno necesita a cambio de un precio razonable. Si las declaraciones son ciertas o falsas, poco importa. La Familia controlaba los grandes periódicos, cadenas televisivas y agencias de comunicaciones y era libre de difundirlas o silenciarlas. Y si aparecía alguien que cuestionara su veracidad, siempre se podía socavar su credibilidad o enterrar su carrera.

Leonardo emplearía todo el poder de La Familia para que su plan triunfara, costase lo que costase.

JAQUE MATE

El caballo es la pieza más versátil del ajedrez. Su singular movimiento le otorga una movilidad que dificulta su bloqueo a diferencia de alfiles y torres, aunque no es útil para ataques o bloqueos a larga distancia, su movilidad y control de múltiples casillas a la vez puede sorprender al contrario.

Es por ello que el caballo era la pieza preferida de Leonardo. Sus múltiples saltos y la posibilidad de atacar más allá de las filas de peones enemigos, permitía estructurar grandes jugadas que pillaban por sorpresa al adversario.

El mismo se consideraba un caballo en la partida que estaba librando. Su equipo, La Familia, jugaba con negras, ya que su primer movimiento  fue para contrarrestar el ataque inicial del ejército real de los Reyes Católicos al advertir su presencia.

Si una reina te amenaza al inicio del juego, lo mejor es utilizar un alfil, que a la vez que protege, se encarga de retirar a la reina, con lo que se gana un movimiento.

Y así los Borja se hicieron con el papado al que Isabel había jurado obediencia.

Pero al poco fueron descubiertos por los descendientes de los templarios, quienes a punto estuvieron de acabar con ellos, así que se disfrazaron de comerciantes, quienes con sus beneficios eran capaces de ayudar a las siempre necesitadas arcas reales.

Desde entonces, el sistema organizativo a través del consejo de los doce, había impedido que nadie penetrara en ese bien protegido enroque.

Por su lado las blancas también necesitaron enrocarse, ya que su enemigo demostró su capacidad y voluntad de derrotarles. Como respuesta, las logias se habían extendido por todos los países. Francmasones, Rosacruces y muchas otras logias, además de órdenes religiosas como los illuminati o el Opus Dei se habían convertido en eficientes comandos independientes con un mismo objetivo, evitar el control de La Familia y coordinarse entre ellas para detectar y atacar a sus miembros.

Ambos contrincantes habían aprendido a pasar desapercibidos ante el resto del mundo. No podían saber en quién confiar, así que ambos utilizaban a sus peones de turno para restarle poder al contrario y hacerse con el control del tablero.

Ahora las blancas estaban centradas en esa diagonal de peones que ocupaban el centro del tablero y que mediante el control de la energía parecía darles una gran ventaja estratégica para acorralar a las negras en su enroque.

Habían conseguido subir un peón que iba a romper el enroque de las negras y con las torres en línea todo auguraba una victoria segura, pero fue entonces cuando todo cambió.

Dama por torre y como respuesta inevitable, torre por dama, y el alfil que se encontraba tras la dama se encargó de comer la otra torre.

Esta jugada parecía perjudicar claramente a las negras, ya que al perder la dama y quedar el alfil negro desprotegido permitía a las blancas iniciar su ataque en diagonal con dama y alfil al enroque negro.

Sin embargo Leonardo ya contaba con esa jugada, y por ello precisamente calculó previamente su uso de las torres para acorralar a la dama y obligar a sacrificarla. Habían dejado a las negras sin su pieza más valiosa y ahora creían tener vía libre para romper el enroque del oponente.

Las negras perderían ahora además un caballo al intentar evitar el jaque mate al rey,  y tras el caballo seguiría una de sus torres. Pero las blancas precisaban aún de algunos movimientos para acorralar al rey y culminar el jaque mate.

Ahora es cuando Leonardo emplearía su caballo para destapar un jaque al rey blanco con el alfil que hasta ahora permaneía arrinconado frente a los peones del enroque negro. Y a la vez, ahora era la reina blanca quien también estaba en jaque por el caballo.

Una jugada que él había planeado desde que dejó que las blancas acorralasen a su alfil al inicio de la partida, cuando pocos sospechaban el poder que supondría Internet y la información que corre a través de él.

Había dado el dominio aparente del juego a sus oponentes pero sin embargo las piezas se encontraban justo donde él había planeado.

El jaque mate a las blancas era inevitable. Fueron incapaces de prever ese final, y con el apagón de Internet, el cálculo de las operaciones  necesarias para poner fin a la partida sería decisivo. O al menos esa era la idea que Leonardo había vendido al consejo de los doce.

CELADA

 Se denomina celada a las jugadas realizadas durante una partida de ajedrez que llevan a un jugador a caer en la trampa de ganar material ventajoso sin apercibirse de un jaque mate u otro cambio más beneficioso para el contrario.

Y llegó el día. Millones de routers, servidores y ordenadores de todo el planeta tenían oculto un código de control en su sistema operativo. Una rutina que por los puertos adecuados entregaba el control absoluto a las instrucciones que recibieran desde las IP’s asignadas, cerrando cualquier otra entrada de acceso.

Leonardo envió  a través de los nodos que él controlaba sus primeros algoritmos autoreplicativos con inteligencia distribuida que inundarían Internet. O para hacerlo más entendible, cualquier ordenador conectado a la red pasaría a estar bajo su control.

Lo único que podían hacer los encargados de seguridad informática ante un ataque de esa magnitud era resetear los servidores o intentar restaurar una copia de imagen previa, pero en ambos casos, les sería imposible recuperar el control, ya que la rutina formaba parte del núcleo de los sistemas operativos, y por ende, en todas las copias de seguridad desde hacía ya varios años, pasando inadvertida con el beneplácito de creadores de software y antivirus muy bien pagados por La Familia.


Ninguna empresa confiaría sus secretos a ningún programador, por ello la primera norma de seguridad cibernética era que diferentes equipos programaran las diferentes partes de los sistemas, de manera que ninguno de ellos conociera el conjunto.

Esta era una técnica rutinaria que se empezó a utilizar en el Proyecto Los Alamos, para el diseño de la primera bomba atómica. Cada equipo trabajaba en un aspecto del proyecto desconociendo el proyecto final. De esta forma dificultaban el espionaje, el sabotaje y conocer su finalidad.

Por suerte, el ensamblado de las programaciones en los sistemas más complejos y que debían garantizar su integridad y seguridad, corría a cargo de las empresas aseguradoras. Empresas que por otro lado eran propiedad de La Familia y a las que John MacAfee y otros como él habían asesorado y facilitado software garantista.

Para impedir este ataque tampoco era factible cortar la corriente o desconectar la comunicación, ya que en su mayor parte eran sistemas muy complejos y dependientes unos de otros. Además, los protocolos a seguir por los ingenieros informáticos tanto en Amazon, como en Cisco, Google, Facebook, Twitter, Instagram y miles de empresas más; habían sido redactados y supervisados por el mismísimo Leonardo.

Mientras los algoritmos se extendían por Internet a la velocidad de la luz, millares de bombas lógicas explotaban en aquellos servidores que rechazaban su control, con lo que empezó a cundir el pánico entre los ingenieros que no se arriesgaban a modificar nada que pudiera hacer perder toda la información que contenían.

En el resto de monitores de acceso a las terminales de todo el mundo, aparecía el mismo mensaje: No intenten desconectar el sistema o borraremos todos sus datos.

Bajo ese mensaje, un reloj con una cuenta atrás:” 167 H : 59M : 59S” y bajando.

Oficialmente,en las noticias un grupo disidente del ejército cibernético chino se había atribuido el ataque y reclamaban acciones internacionales en contra del gobierno popular chino que había sumido al país en una crisis sin precedentes.

Amenazaban con filtrar la información y posteriormente borrar las bases de datos de todas aquellas computadoras que intentasen  evadir su control. Y daban un plazo máximo de una semana para que accedieran a sus exigencias. De lo contrario, se perderían todos los datos ahora bajo su control, y restaurar Internet tal y como era antes del ataque, llevaría meses o incluso años.

Por su parte, los hombres más ricos del mundo se manifestaban a favor de cumplir las exigencias de los terroristas, ya que los daños serían mucho más graves que los anunciados por los terroristas chinos.

Habían detectado bombas lógicas en las copias de seguridad. Las copias llevaban años corrompidas y se autodestruían al intentar restaurar los sistemas con ellas.

Títulos de propiedad, valores de cuentas corrientes, multas de tráfico, informaciones personales de usuarios, contabilidad de empresas, bases de datos de laboratorios y centros de análisis…todo estaba en riesgo de ser destruido.

Por muy descabelladas que fueran las exigencias de los terroristas, había que aceptarlas. Aunque eso llevaría su tiempo, ya que poner de acuerdo a los políticos iba a hacer que siete días fueran demasiado justos.

La presión de la opinión pública en base a la información que les llegaba por los medios de comunicación que La Familia controlaba, estaba consiguiendo que se paralizase cualquier intento de retomar el control de los servidores.

No los podían apagar ni manipular, o las bases de datos y sus copias de seguridad se perderían para siempre.

Habían pasado seis horas desde que Leonardo introdujo los algoritmos autoreplicativos. Ahora tenía bajo su control toda la información que la humanidad había volcado tan generosamente en Internet y ahora era cuando llevaría a cabo su traición.

Sabía con certeza que eso le pondría en el punto de mira de todos los sicarios de La Familia, aunque aún guardaba esperanzas de encontrar refugio para él y su hermano en Arabia Saudí. Aunque primero tenía que dar esquinazo a su equipo de protección personal.

LA VICTORIA

Al acabar una partida de ajedrez, ambos jugadores de ajedrez suelen darse la mano y se entrega un premio como reconocimiento a su victoria al vencedor.

Sin embargo en esta ocasión no habría más apretón que el de las esposas al ser detenidos, aunque sí un regalo muy especial al vencedor.

Leonardo recordaba las cálidas mañanas en Bahamas con Jhon. Tumbados en la playa hablando de virus y del futuro que representaban para la humanidad. Tarde o temprano la biotecnología encontraría la forma de reescribir el genoma humano para corregir sus errores o implementar modificaciones.

Jhon, siempre era bastante pesimista en cuanto al destino de la humanidad, y estaba convencido que el cambio climático se encargaría de resolver otro problema mucho mayor: la superpoblación.

– La gente no va a dejar de follar, Leo, somos así. La única forma de acabar con la superpoblación es dejar que se achicharren. Esto se acabará más pronto que tarde. – Jhon dió otro sorbo de pisco y continuó. –  Pero si hemos sido capaces de sobrevivir en el espacio exterior, seguro que encontraremos la forma de hacerlo sin capa de ozono… Aunque tal vez solo haya sitio para unos pocos millones de personas. Pero tú y yo tenemos las plazas aseguradas…verdad?

Y levantó la copa para brindar por ello.

Sin embargo Leonardo tenía en mente otra solución que Jhon desconocía y que no podía compartir. Pero necesitaba su ayuda para contactar con los mejores virólogos y genetistas sin llamar la atención del consejo.

De cara al consejo, Leonardo supervisaba un proyecto para prolongar la vida mediante manipulación genética. Ya se había conseguido modificar la producción de telomerasa en ratones. La telomerasa es una proteína que protege los extremos de los cromosomas de las células, los cuales se van acortando progresivamente a medida que las células se duplican.

Con esta técnica los ratones habían triplicado su tiempo de vida, y nada impedía que funcionara igual en humanos.

Nadie por supuesto autorizaría a experimentar con embriones humanos, y aunque se pudiera hacer, era mucho más interesante emplear esas modificaciones en humanos adultos que en crear bebés superlongevos.

La dificultad estribaba que al hacerlo con ratones, lo que se manipula es el cigoto durante su concepción mediante un virus que corta el ADN para insertar varias copias de la secuencia que genera la telomerasa. Con ello, ese ADN manipulado se replicaba en todas las células conforme el embrión crecía.

Sin embargo, ver el resultado de esa técnica con humanos tardaría demasiado, por lo que había que encontrar la forma de que un virus se colase en todas las células de un ser adulto y regenerase los telómeros.

De conseguirlo, tanto los miembros del consejo como cientos de millonarios, pagarían fortunas por triplicar su esperanza de vida.

Pero todos los laboratorios y farmacéuticas en los que La Familia intentaba desarrollar ese virus, se encontraba con un problema insalvable. Desconocían cómo guiar al virus hasta las zonas correctas del ADN y cómo controlar las zonas a reescribir.

Sí, es cierto que la humanidad había empezado el siglo XXI secuenciado todo el genoma humano, pero tener un libro lleno de letras, no significaba en absoluto saber leerlo.

Aquí las letras eran las cuatro bases nitrogenadas que formaban el ADN, las famosas ACTG, pero de los miles de páginas que tenían cada capítulo o cromosoma, tan solo habían averiguado, mediante deducción, algunas frases sueltas que relacionaban una ausencia de letras con una disfunción orgánica o una expresión concreta.

Quedaban varias décadas para que los descubrimientos de cientos de laboratorios conectados mediante Internet fueran elaborando conjuntamente un mapa claro del significado de su contenido y la gramática empleada, ya que los grandes espacios vacíos entre letras también tenían su importancia.

Varias inteligencias artificiales ya trabajaban en la actualidad en ello, pero la ingente capacidad de datos a procesar superaba su capacidad computacional.

El reto de Leonardo era conseguirlo antes de siete días.

Millones de terabytes estaban siendo repartidos entre los servidores más potentes del planeta, y los algoritmos que debían descifrar de una vez por todas el ADN humano habían sido vertidos en la red.

Cuando finalizasen de interpretar el significado del libro de la vida, la humanidad por fin sería capaz de conocer el funcionamiento del cuerpo humano, y así, tal y como un programador informático conoce cómo actúa cada línea de código, podrían reescribirse las instrucciones a voluntad.

Si las células pancreáticas de los diabéticos carecían de la información para crear proinsulina (la proteína  que genera la insulina),si tenía éxito, los médicos podrían dirigir un virus que reparase ese código.

Si el corazón fallaba, podía ser regenerado, si las células se deterioraban o pasaban a ser cancerosas, igualmente podían ser reprogramadas. Las enfermedades desaparecerían y los humanos por fin dejarían de temer a la muerte.

Aunque por supuesto, eso suponía acrecentar el problema mundial de superpoblación. Pero Leonardo también había pensado en ello, por lo que una vez encontrado el código fuente de las células, era tan sencillo como implementar en la futura vacuna contra la mortalidad, un sistema de reconocimiento cromosomático, para que aquellas células con menos de 46 cromosomas se autodestruyeran.

Al eliminar las células sexuales, que contienen únicamente 23 cromosomas, cualquier persona que decidiese vacunarse contra la mortalidad, automática y voluntariamente dejaría de ser un problema para el crecimiento de la población.

Aunque eso sería algo que ya no estaría en manos de Leonardo. Él se limitaría a dar la llave a toda la humanidad. El código fuente y la forma de modificarlo se extendería por todos los ordenadores del planeta poco antes de que Internet volviera a estar operativo.

Y por si La Familia intentaba de nuevo averiguar cómo derrotar o manipular a sus enemigos, borraría antes algunas bases de datos mientras hacía públicas otras.

Los perfiles de las redes sociales desaparecerían, y tras hacer públicos los planes de La Familia para controlar el mundo, la gente se lo pensaría dos veces antes de regalar su información personal, aunque a partir de ese día, las nuevas redes estarían bajo un control más estricto.

La Familia por fin estaría descabezada. Sus nombres serían de dominio público, así como sus finanzas, empresas y organigrama.

Y el mundo tendría en sus manos una herramienta para dar el último paso evolutivo de cualquier especie que alcance una inteligencia como la nuestra: la autoprogramación.

No debía ser él quien en el futuro supervisara las decisiones de los hombres y mujeres de este planeta. Leonardo se había encargado de acabar con aquellos que precisamente pretendían eso, y ahora los hombres por fin tendrían la oportunidad de volver a ser libres.

La longevidad que les había regalado, les haría más sabios, y al final, estaba convencido de  que encontrarían el camino individual para hallar la felicidad.

ANÁLISIS DE PARTIDA

Tras una partida de ajedrez entre maestros, siempre suele haber un estudio de sus movimientos y estrategias para aprender de ellos.

Como se advertía al principio de este relato, toda esta historia no es más que un ejercicio de ficción.

Puede que las mafias y las organizaciones criminales que crecieron durante años en riqueza, fueran tan estúpidas para dejar de enviar a personas de confianza a las academias de policía, escuelas de derecho, empresariales etc.

Puede que no encontraran a políticos intachables a los que no se les podía chantajear ni sobornar.

Puede que dejaran de filtrar información de otros delincuentes, o de ellos mismos, a sus policías de confianza para que ascendieran a altos cargos; o que sus jueces dejaran de tener casos exitosos para llegar hasta el mismísimo Tribunal Supremo.

Puede que los hombres buenos acabaran en su día con todos esos delincuentes.

Puede que todo este relato sea únicamente un ejercicio imposible de ficción.

Pero es improbable que en la realidad las organizaciones criminales no hayan aprendido a defenderse, crecer y controlar los poderes cada vez más y más, tal y como en el caso de La Familia se cuenta.

Sea como sea, poner nuestra información en manos de personas que nunca sabremos si son buenas o malas, es un riesgo del que ya hemos constatado algunas consecuencias.

Filtraciones a terceras empresas, uso de las redes para fines ideológicos, desacreditación, fake news, bombardeo de sugerencias para comprar productos por los que hemos mostrado interés en nuestras búsquedas…

La información es poder, y quien controle esa información puede llegar a privarnos de nuestra libertad.

Algunos datos como los cuasi monopolios de Amazon Service, Google o Facebook, no son nada inventado, sino que existen realmente, aunque desconozcamos qué uso hacen de nuestra información.

Muchas empresas temen que Internet pueda colapsar tal y como expongo en el relato, ante un ataque cibernético o un fallo en cascada, y por ello surgen las nuevas tecnologías de Blockchain y redes descentralizadas para evitar un control excesivo de quienes ahora monopolizan Internet.

Cuando dejamos toda nuestra información en un servidor, ya sea el de un banco, una aseguradora o una red social, existe el peligro real de que ese servidor desaparezca, dejemos de tener servicio o nuestra información llegue a manos indeseables.

Como ya se ha explicado, esto ya ha ocurrido. Y si tus problemas de salud que comentabas por wassap algún día hacen que la aseguradora te suba la póliza, puede que no sea una casualidad.

De allí la importancia de cambiar los sistemas de Internet actuales, construidos a base de servidores centralizados, por otros que aseguren una distribución pública de la información.

Si un banco de repente te dice que tu saldo es cero o que has ordenado una transferencia que te ha dejado el saldo a cero, lo tienes complicado para demostrar lo contrario. Sin embargo en el caso de bitcoin que usa un sistema blockchain,tu saldo es reconocido por todos los usuarios de ese banco, con lo que puedes demostrar tu saldo y movimientos en cualquier momento.

Algo parecido ocurre con un archivo Torrent. cuando descargamos una película, No lo hacemos desde un servidor como Netflix o Youtube, que en algún momento puede denegarnos el servicio, sino que lo hacemos a través de trozos de películas que el resto de usuarios de Torrent poseen en sus ordenadores. Y si se cae un servidor, existen otros a los que te puedes conectar y que poseen la misma información para que sigas viendo la película.

Estas redes descentralizadas están basadas en la confianza y en el compartir. Una persona puede acceder a ellas, pero a cambio debe también ofrecer sus recursos al resto de usuarios.

Vivimos en un hermoso planeta durante una breve vida, preocupados por las cosas que otros dicen que nos deben preocupar. Llenos de miedos injustificados.

Si tan solo cambiáramos nuestro concepto  del valor de un dólar o un euro por el de la seguridad de tener comida suficiente para un día, nos daríamos cuenta de la tranquilidad que eso debería representar. Prueba de esa realidad es que en algunos países todavía sobreviven familias con salarios mensuales que no llegan a los 100€.

Sin embargo, no somos más felices que ellos, ya que la felicidad reside en vivir y compartir los momentos presentes. Nos han educado con la idea de que, solo consumiendo y llenando enormes casas de un sinfín de productos, seremos capaces de conseguir la sonrisa de los anuncios publicitarios o ese fin de tantas películas y cuentos: “fueron felices y comieron perdices”

Perdemos nuestro tiempo en alas de disponer en un futuro de otro tiempo que nunca llega, para disfrutar de un momento que nunca obtenemos, y cada vez esos días futuros se reducen más y más, ya que hemos olvidado COMPARTIR, clave esencial en la felicidad.

Y esa es la ancestral técnica para someter a un ser humano: llena de miedos a una persona y esta hará cuanto se le pida para librarse de ellos. Los miedos han ido cambiando con la historia: hambre, dolor, infierno…y ahora, perder las propiedades.

Podríamos pensar que forma parte de la condición humana el encontrar la felicidad en el confort y la seguridad, sin embargo no es así.

El hombre por naturaleza sabe hallar la felicidad sin posesiones ni comodidades, y prueba de ello son las tribus sin contaminar que aún existen en algunas regiones del planeta, donde sus jóvenes ríen y bailan en vez de organizarse en bandas o perder buena parte de su vida formándose para un trabajo que le asegure su felicidad.

Está claro entonces que si no es algo natural en nuestra especie, ha sido inculcado y extendido interesadamente por alguien. Y no precisamente por alguien que nos ame, sino por alguien que quiere someter nuestra libertad para su propio provecho.

Cuando se desclasificaron algunos informes de la CIA, se desveló a la opinión pública una pobre realidad humana, y es que necesitamos un enemigo externo para sentir que formamos parte de una identidad.

En aquel informe, ya se alertaba de que si en algún momento la Unión Soviética dejaba de ser una amenaza para los Estados Unidos, se debía encontrar otro objetivo que hiciera temer a los estadounidenses por su “libertad” y mantener así la unión de los estados.

Y así de fácil nació el “eje del mal”

Paradójicamente, existe un enemigo común que nos puede unir a todos. Una minoría que intenta dirigir el destino de la mayoría. Unos lobos, que són muy reales, y que aun a pesar de reconocer que existen, nuestra naturaleza de corderos hace que los aceptemos y nos movamos en el sentido contrario a sus ladridos, sin darnos cuenta siquiera de que esa es la dirección que precisamente quieren que tomemos.

Nuestra civilización ha evolucionado exponencialmente en el tiempo, y es cierto que, como se relata, nos acercamos a una singularidad que los expertos estiman que se producirá a mediados de este siglo. Y aunque parezca que esta evolución es fruto de la motivación para hacer desaparecer nuestros miedos, no es así.

La creatividad y curiosidad es innata en el ser humano, y ocurre todo lo contrario, se manifiesta mucho mejor en ausencia de miedos que bajo ellos.

Puede que en ocasiones, la falta de recursos en la población impida que ésta tenga tiempo y recursos para dedicarse a la cultura y la innovación, y que con los conflictos, los que tienen el dinero y el poder se dediquen interesadamente a repartirlo para tener una superioridad tecnológica sobre sus rivales. Pero de no ser por algunas pseudo esclavitudes que nos arrebatan nuestro tiempo a la vez que nos entretienen, la creatividad florece con naturalidad en todos los seres humanos.

Prueba de ello fue la antigua Grecia o el Renacimiento italiano, donde la prosperidad de la sociedad y los mecenas dieron un gran impulso al conocimiento.

El fuego, la rueda, la agricultura, la máquina de vapor, la energía eléctrica, la química, la radiación, los transistores, la computación, Internet… todos son realidades físicas que inexorablemente debíamos descubrir más tarde o más temprano y aprender a utilizar en nuestro provecho desde que apareció la inteligencia en nuestra especie.

Es algo que debemos dar por hecho que ocurre en todo nuestro Universo cuando en algún planeta surge la vida.

Los primeros organismos unicelulares aprenden a ser más eficientes colaborando y convirtiéndose en pluricelulares. Con el tiempo, grupos de células se especializan en detectar de dónde viene la luz, cómo moverse u otras funciones que hacen al organismo más eficiente.

Y así según la teoría evolutiva de Darwin, las esponjas pasaron a medusas, luego a peces…y así hasta que los reptiles y mamíferos conquistaron tierra firme.

Los simios con sus extremidades prensiles facilitaron aprendieron el uso de herramientas y la posterior evolución a homo sapiens.

Podría haber sido otra cualquier otra especie la que acabara desarrollando una inteligencia como la nuestra, pero hemos sido nosotros quienes ahora dominamos la pirámide del saber y el poder sobre el resto.

No cabe duda de que el siguiente paso será aprender a cambiar nuestro ADN para conseguir la inmortalidad. Ocurrirá lo mismo que cuando alguien se propueso ir a la luna. Se había calculado la distancia, la fuerza necesaria para alcanzar su órbita y el tipo de motores que se necesitaban construir. Existían cientos de problemas a resolver: la temperatura del espacio exterior, el oxígeno, la comida, el regreso… pero cuando se tiene un objetivo y lo único que te separa de él son los problemas técnicos, tan solo es cuestión de tiempo el encontrar cómo resolverlos.

De nosotros dependerá el uso que hagamos de esta nueva tecnología cuando llegue.

Sería deseable que no fuera controlada por ningún poder y que realmente fuera un regalo Universal para todos los habitantes de este planeta. Tal vez entonces podamos viajar durante miles de años hasta otras estrellas y conocer nuevas especies y formas de vida, aunque previamente, debemos aprender a compartir, cuidar y disfrutar del nuestro.

Pero es patente que mientras que lo que más importe sean los beneficios, la vida en nuestro planeta tiene el tiempo contado. Al menos para la gran mayoría.

Ahora es el momento en que es necesario despertar conciencias para que esto ocurra. Perder los miedos a desobedecer, aprender qué consumir y a quién comprar. Ese es el verdadero poder que cada uno tenemos en nuestras manos para provocar un cambio y alcanzar una auténtica libertad poniendo en jaque a quienes nos la intentan arrebatar.

Crucemos los dedos para que Internet nos ayude en este propósito. Y que no caiga nunca durante más de un día, o si lo hace, que exista un buen motivo para ello.

 FIN

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