Una tarde en el Museo del Baile Flamenco de Sevilla

Mientras presencio el espectáculo que ofrece el Museo del Baile flamenco, no puedo dejar de observar al público asistente. La mayoría son asiáticos que muestran caras totalmente expresivas, de ojos y bocas abiertas en su máxima potencia, de emoción contenida mientras las notas salen del guitarrista quien, vestido de un riguroso negro, nos lleva al ritmo de seguidillas. 

¡Qué profundo respeto me merece este momento! que delicado y elegante es el flamenco cuando escapa del tópico en el que a veces se ve envuelto e invita al visitante a introducirse en un mágico mundo que va más allá de Sevilla, de Andalucía e incluso de España

En el museo hemos comprobado que el Flamenco no entiende de fronteras, es un lenguaje universal.

El flamenco no entiende de fronteras

Siguen sonando los acordes de la guitarra, el maestro acaba y el público está enmudecido, no se siente un respiro, ni una tos.

La voz en off que presenta cada actuación explica que ahora llega una Soleá. “Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio…” el maestro empieza a cantar, de repente, entre las sombras aparece la figura de la bailaora para ejecutar este palo flamenco.

El Maestro interpreta una Soleá en el Museo del Baile Flamenco

Nadie respira, nadie parpadea nos olvidamos de las fotos y los vídeos.

El trepidante taconeo invade la sala al que siguen las palmas, los quejios y la guitarra. No puedo apartar la mirada de la bailaora quien expresa más con su cara que con el propio baile.

Aparece el duende, el embrujo, ella nos cautiva con el simple chasquido de sus dedos. Ahora entiendo que los viajeros románticos que llegaron hasta aquí a finales del siglo XIX se sintieran aturdidos y enamorados con los espectáculos flamencos.

Oigo los latidos del corazón de la bailaora, los del público, las palmas, el sonido que hacen los zapatos en el tablao, la caja flamenca y me siento fascinada.

Observo una profunda admiración en los jóvenes asiáticos que llenan la sala. Rompen en aplausos cuando la bailaora se enreda en pasos y pasos cada vez más cadenciosos que suben la adrenalina y te envuelven hasta elevarte al séptimo cielo, el cielo del arte, del duende, del embrujo. Al cielo de un arte universal declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Y el cantaor “se casa” con ella, en un matrimonio de voz y baile al que asistimos atónitos e hipnotizados en una teatralidad que nos mantiene vivos y en el presente.

Magia, duende y mucho arte

A la vez, mi cabeza se hace preguntas. ¿Porqué el negro? todos los maestros que salen a cantar o a tocar visten de este color.

No puedo evitar acordarme de algunos músicos que pudimos escuchar en Irán e incluso algunos jóvenes que con sus cítaras y guitarras cantaban y/o recitaban poesía… canciones y poemas de amor desgarrado, y siempre vestidos de negro. Tras la visita al museo comprendo esa cierta similitud.

Para entender un lugar, sus gentes, su cultura, para salir de los típicos tópicos, no basta con pasar por él rápidamente y hacer cuatro fotos. O paras y escuchas, o te dejas envolver, o te acercas con la mente limpia dejando de lado tus prejuicios, o no entiendes nada. Como decía San Agustín: “muchos leen libros, pero pocos los disfrutan.”

Dejo las reflexiones y pruebo a escuchar La Serrana con los ojos cerrados (otro palo flamenco que procede de la serranía de Ronda, Málaga). Me dejo fluir con los sonidos de la guitarra, con sus compases y con la voz del cantaor que parecen soplarme para moverme como el trigo en una tarde de verano.

Llegan después Las Seguidillas, tiritiritiri ai aiaiaiai……aaaaaaaaayyyy, y con ellas llega el sonido de las castañuelas. De nuevo enmudecemos ante el arte que condensan estos dos pequeños artilugios.

Ahora sale un bailaor, el embrujo ya es inevitable. No parece bailar, no se le nota el esfuerzo, él levita, se desliza por el tablao al ritmo de las castañuelas.

Solo hay una palabra que define lo que estoy presenciando, elegancia. Miro a las jóvenes asiáticas y las encuentro fascinadas, casi enamoradas, con amplias sonrisas en sus rostros mientras miran al elegante bailaor que mantiene, con todos nosotros, una mágica conversación sin palabras.

Veo el sudor en su frente, en su cabello, en las gotas que recorren su pecho. ¡Cuánto trabajo, horas de ensayo y esfuerzo físico hay detrás de cada actuación! Y es, en este momento cuando, por fin, he aprendido a respetar y a amar el flamenco.

Patio ecijano en el Museo del Baile Flamenco, un antiguo palacio del siglo XVIII

Unos minutos antes en el Museo del Baile Flamenco…

Después de un intenso día recorriendo la ciudad de Sevilla en el que hemos disfrutado de las joyas anadalusíes de la ciudad, del tapeo y curiosidades del Mercado del Arenal así como de agradables charlas junto a la antigua Torre del Bronce, llegamos al corazón del Barrio de Santa Cruz para visitar el Museo del Baile Flamenco.

Voy a ser sincera, me ha costado entrar, pero la insistencia de Carmelo (al que le agradezco su cabezonería) ha conseguido que hayamos pasado una mágica tarde en este lugar. La puerta y calle del museo están a tope de turistas, de colas de asiáticos y curiosos.

Unos esperan para entrar, otros salen y yo no puedo más que pensar que estoy frente a uno de esos mañidos tópicos andaluces que sirven para atraer a almas incautas, ¡que equivocada estoy! Es sorprendente ver como los tópicos y los prejuicios invaden hasta los espíritus de personas que nos creemos libres de ellos.

Con pocas ganas y enfadada, accedo al museo. Enseguida el equipo de recepción nos atiende, tenemos reserva para presenciar el espectáculo de flamenco además de hacer un recorrido por las salas del museo. Aquí la gente es muy amable.

El museo es un precioso edificio de varias plantas, antiguo palacio del siglo XVIII asentado sobre las ruinas de un templo romano construido con piedras de Tartesos. Solo por esto, la visita ya merece la pena.

Reconozco que el Museo del Baile Flamenco es muy bonito, está muy bien pensado y escapa de todos los tópicos que giran entorno de esta manifestación cultural universal.

Exposiciones sobre el arte flamenco. su historia y evolución

El de Sevilla es el primero y único en el mundo dedicado a dicho arte. A través de varias plantas, de una manera innovadora e interactiva conocemos una de las expresiones artísticas con más arraigo en la cultura andaluza.

La artífice de este lugar es la famosa bailaora Cristina Hoyos, quien fundó el museo con el objetivo de crear un espacio ameno desde el que explicar el flamenco, una manifestación artística cultural forjada a través de las diferentes civilizaciones que han pasado por Andalucía.

Además el museo es un símbolo a la paz y al entendimiento entre los pueblos, objetivo plasmado en sus cimientos donde se ha situado una caja que contiene la Biblia, El Talmud, el Torah, el Corán, el Vedas y el Tripitaka.

Tras el paso por las diferentes salas y disfrutar de las exposiciones permanentes y temporales, toca el punto final de la visita.

En la planta baja se sitúa el patio de estilo ecijano que sirve de tablao y que se prepara cada tarde para el espectáculo de baile y cante flamenco. Puedes sentarte también en el bar situado en un lateral para disfrutar de una fresca sangría o de alguna especialidad sevillana.

Patio y acceso a la taberna del museo

Datos de interés para visitar el Museo del Baile Flamenco

Ubicación: C/ Manuel Rojas Marcos, 3

Horario: Todos los días de 10:00 a 19:00

Imprescindible hacer reserva para presenciar el espectáculo, puedes hacerlo por teléfono: +34 954 34 03 11 o bien en su página oficial.

Sala de trajes flamencos. Al Museo no le falta detalle

Tras nuestro paso por este Museo del Baile Flamenco ha cambiado totalmente nuestra percepción y juicios sobre un arte que provoca las misma cantidad de adeptos que de detractores.

Si quieres conocer un poco más de nuestro paso por la capital andaluza te invitamos a leer nuestro paseo por la Sevilla andalusí mientras seguíamos los pasos del escritor Washington Irving.

Nota de autora: Agradecemos a la dirección del museo su permiso para poder hacer fotos y grabar durante el espectáculo flamenco.

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Un objetivo: la vuelta al mundo!

4 Respuestas

  1. Mª José Gragera

    Gracias, Eva por descubrirme ese lugar. Has descrito muy bien el arte del flamenco y eso es muy difícil. Para mi, el flamenco es arte a flor de piel y muchas veces lo aprecian más los de fuera. Increíble, pero es así. El flamenco se siente y eso no entiende de fronteras. Esta declarado Bien Inmaterial, por algo será…

    Anoto la visita para cuando vaya a Sevilla.
    Un abrazo.

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  2. jordi

    Desde luego entiendo poco de flamenco, pero cuando lo veo en la tv la verdad es que no me llega de ninguna manera. Eso del duende se ve que no va por mi. Y es raro, porque la verdad es que suelen gustarme los temas de folclore local.
    Probablemente yo también hubiera entrado refunfuñando y hubiera requerido de Carmelo para que me empujara. Y quizá, de esta manera, cambiaría algo lo que pienso del flamenco. Dicho con todo respecto, desde luego.

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  3. Mauxi Leal

    ¡Qué bonito y qué bien contado! Me sentí como si hubiera estado allí con ustedes, acompañándolos en cada momento. Y aunque no soy muy fan del flamenco, me encantaría visitar este museo, aprender, y vivir experiencias similares. Un abrazo viajero!

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    • Eva Puente

      Muchas gracias Mauxi!!! Yo tampoco soy muy fan dle flamenco, pero creoque todos tenemos un prejuicio sobre este arte que no nos deja disfrutarlo. Además, a cualquier manifestación de música andaluza se le llama flamenco y en este museo descubrí que no es así.
      Si vas por Sevilla, visiata el museo, ya verás que chulada de lugar y con que elegancía se muestra todo.
      Saludos,
      Eva

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