Orgosolo, murales reivindicativos en Cerdeña

En Orgosolo, la historia no se guarda en museos, ni se cuenta en libros o documentales. Se exhibe, desde los años sesenta, en sus calles, muros y paredes.

La reivindicación pintada se convirtió en símbolo de su identidad e imitada por otras localidades vecinas.

Más allá del concepto de street art, Orgosolo es la historia del siglo XX en pintura

Lo que fuera protesta política y social es ahora un foco de atracción cultural y turística que atrapa al viajero curioso, amante del arte y de las buenas historias.

De ruta por el corazón de Cerdeña 

Abandonamos la localidad de Teti con mucha pena. Los días junto a Alda y Emanuelle han sido inolvidables, repletos de autenticidad.

El corazón de Cerdeña se hace patente tanto por su localización geográfica en el centro de la isla, como por la bondad y amabilidad de sus gentes.

Conducimos por una progresión de carreteras sinuosas, difíciles y un tanto peligrosas debido a la temeraria conducción sarda.

Carreteras de paisaje cambiante. Ahora olivares, después colinas, más adelante un pantano, a la izquierda una sucesión de pueblos elevados.

Sin darnos cuenta recorremos una de las siete rutas del vino de la isla, en concreto, la Strada del vino Cannonau. ¡Qué emoción!

Un verde mar de viñas acompaña las curvas de camino a Orgosolo, lugar de leyendas, de fuerte arraigo cooperativista y de bandidos.

Orgosolo, cuna de una reivindicación 

Orgosolo es una localidad del corazón de Cerdeña tranquila, relajada, amena y turística.

Pero existió un Orgosolo de bandidos, reivindicaciones políticas, injusticias sociales y sonoro ruido en sus protestas.Ahora, el ruido solo se oye en las insufribles motos que cabalgan por el casco antiguo, irritando por igual a locales y visitantes.

Un muro sirve de denuncia contra esta moda juvenil que acapara las miradas incrédulas de los pocos turistas que llegan hasta el interior de la isla.

A pesar del estruendo, nuestros ojos no pierden detalle de lo observado.

Más de 150 pinturas cubren las fachadas de casas, tiendas, museos y/o paredes desquebrajadas por el paso del tiempo. Una joya de museo al aire libre.

Caminamos por el Corso Republica, pertrechados con audio guía y plano en mano (necesarios para no perder detalle de lo más interesante de la localidad) mientras, regresan las imágenes más impactantes de la segunda mitad del siglo XX.

Resulta difícil contener las lágrimas ante algunos murales que sacuden el corazón, el alma e incluso voltean tu estómago.La mujer que regenta el pequeño negocio turístico, explica con todo detalle el mapa que se incluye en el pack con el audio. Además, realiza una pincelada histórica sobre Orgosolo y sus murales.

La historia comienza en los años sesenta del siglo XX. 

Los habitantes salieron a la calle en contra de los planes gubernamentales para instalar un área militar en la zona, lo que repercutiría negativamente en su economía (bastante maltrecha ya) y en sus vidas.

Acabaría con sus pastos, con los pocos recursos necesarios para la supervivencia del pueblo.

Los vecinos tomaron las calles con pancartas. Una inoportuna lluvia redujo a simple papel mojado toda su protesta. 

Alguien cae en la cuenta de que la piedra resiste mejor que el papel. Además, atraía más miradas. Sobre todo la de jóvenes motivados por el mayo del 68 francés.

Mientras escucho las explicaciones del audio, veo a Carmelo anonadado frente a otro mural. “Feliz es el pueblo que no necesita héroes” grita una pared. No puedo evitar sonreír ante semejante verdad.

De repente, el nombre de Francesco del Casino aparece en las explicaciones del audio. Él es el máximo exponente de esta “locura” pictórica.

Nuestra atención gira de golpe hacia este personaje, ¿qué le incitó a venir hasta este lugar perdido de Italia? ¿Por qué lo hizo? ¿Quién le ayudó?

Un sinfín de preguntas que el audio va contestando frente a cada mural.

Un precioso patio nos desvía de los murales y de Francesco. El lugar ha despertado nuestra curiosidad y sin saberlo, accedemos a una quesería artesanal.

Tras la visita, seguimos obsesinados con el maestro. Queremos conocer su obra, su legado. No sabemos si vive aún o si murió.

Desde hace unas horas forma parte de nuestro viaje, de mis notas en el cuaderno, de las imágenes que Carmelo graba en el vídeo.

Versión del vídeo en 3D.

Al encuentro con las reivindicaciones, un paseo por los murales 

Las guerras mundiales, el hambre, el machismo, la corrupción política, la cultura, luchas populares, pero también las tradiciones sardas o personajes locales (como el Robin Hood de los bandidos sardos) se suceden a lo largo de las calles del centro.

Parece mentira, pero la mayoría de las denuncias que se exponen en las pinturas sigen igual de vigentes hoy día. Esta contrariedad nos provoca una sensación de desesperanza.

Se necesita un día entero para disfrutar de Orgosolo, no puedes venir con prisas con el objetivo de fotografiar los murales y ya.

En nuestro caso, pasamos todo el día en la localidad. Hemos caminado por sus rincones, charlado con los vecinos, comido en uno de sus restaurantes y, como perfecto final, la serendipia nos ha regalado la presencia del maestro.

Serendipia junto al maestro

La tarde cae de regreso al punto de partida. Ahora Orgosolo está repleta de vida.

Los niños corren por las calles al salir del cole, los coches taponan la calle principal, las mujeres salen a comprar. El ruido despierta a la localidad de su siesta.

Tiendas, terrazas llenas de gente y animadas conversaciones ensalzan lo cotidiano, haciendo de ello algo bello, un aporte de realidad a nuestra visita.

Carmelo adelanta mi paso lento. Decido perderme por las estrechas calles que mueren en la arteria principal. Descubro un mundo de color, de lucha y de discurso político pintado.

Orgosolo parece no tener fin, me desalienta no poder abarcar toda su esencia en una sola visita, siento que la localidad tiene mucho más que contar tras las paredes, tras cada muro y cada pintura.

Mientras sigo ensimismada en mis notas y pensamientos veo a Carmelo charlando con unos obreros, vestidos con monos azules, subidos a un andamio, trabajando sobre una fachada.

Al llegar al lugar me encuentro con una mirada cómplice, emocionada, “es el maestro” me dice Carmelo. Soy incapaz de reaccionar ¿qué maestro?

Antes de que me conteste Carmelo, una joven mujer cubierta de manchas de pintura contesta: “Il maestro, Francesco del Casino”.

En ese instante creo en la existencia del destino, de las casualidades, de los viajes con final feliz, de la maravillosa serendipia que siempre nos acompaña.

Francesco del Casino no parece un afamado artista, al contrario, parece un pintor de brocha gorda. El desgastado peto azul, las viejas gafas de pasta e incluso el fuerte bronceado de cara y brazos.

Enseguida entablamos conservación, nos sentamos y una mágica sintonía nos envuelve. Me olvido de Orgosolo, de las pinturas, incluso de Carmelo.

El maestro me pregunta por España, por la política, por los movimientos sociales que han llevado a la creación de nuevos partidos.

Estas conversaciones son un resurgir de mi profesión (soy politóloga), de mis creencias, de mis luchas y reivindicaciones.

Junto a él recordamos canciones de Ibañez, de Lluís Llach. Francesco nos sorprende con un magnífico conocimiento de la historia y política española.

Hablamos de nuestro viaje, de mi Ítaca personal. Recito en voz alta la frase inicial de mi poema favorito.

El mejor regalo es ver como de la mano del maestro esos versos se convierten en el protagonista de su nuevo mural. Y la esperanza vuelve a resurgir en mi corazón.

No queremos entretener por más tiempo a Francesco. La noche se acerca y debe seguir con su homenaje a Ítaca. A todas las ítacas que mueven al ser humano y llenan de esperanza cada rincón del planeta.

Caminamos de regreso al coche como atrapados en un sueño. Uno nunca sabe cómo llegan determinadas experiencias o quizás no lo recuerda.

Otras veces, sencillamente ocurren, suceden, se producen sin que ni el mismísimo destino o las casualidades tengan algo de culpa en ello.

En Orgosolo quedó demostrado que las cosas pasan cuando menos te lo esperas, y es, en esos momentos cuando toma sentido EL VIAJE.

Nosotros le llamamos Serendipia, la misma que nos llevó hasta el corazón de la Cerdeña reivindicativa, rural, de arraigadas tradiciones e interesantes personas.

Qué ver y hacer en Orgosolo

Más allá de sus famosas playas, Cerdeña sorprende al visitante con historias cotidianas que te dejan sin aliento y con interesantes localidades como Orgosolo, que por cierto, merece también la visita por otras razones a parte de los murales.

Elevado a unos 600 metros de altitud en las laderas del monte Lisorgoni, Orgosolo es un paraíso del senderismo y ofrece vistas de la Cerdeña  interior encantadoras, evocadoras e intemporales.

El río cedrino ha creado un impresionante valle a los pies del macizo del Gennargentu, lo que nos hace creer que estamos en medio de la nada, aún así, el Mediterráneo se siente en el aire.

Una Cerdeña casi salvaje, profunda, rural, repleta de tradiciones como el Canto a Tenore o el su Lionzu, una tela que esconde parte del rostro de las mujeres en los espectaculares trajes regionales.

El centro de Orgosolo está repleto de tiendas locales en las que degustar panes, quesos, vinos. Imprescindible visitar alguna bodega de vino Canonnau o destilerías de mirto, otro de los licores nacionales.

Imprescindible comer en alguno de sus restaurantes. Los platos sardos no tiene nada que ver con la manida pasta italiana, aunque la mayoría de ellos se nutren de los mismo elementos, solo que aquí se hacen artesanales y al momento.

Puedes hacer de Orgosolo tu campamento base en la región histórica de la Barbaglia y realizar todo tipo de excursiones e incursiones naturales, culturales, gastronómicas e históricas en el corazón de Cerdeña

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Desde octubre de 2018 me encontrarás también al frente de Penedes Lovers Enoturismo, una agencia receptiva especializada en la cultura del vino.

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