Fin de semana por la desconocida Cantabria (Asón, Agüera, Trasmiera)

¡Qué ganas teníamos de viajar a Cantabria! de empezar a conocer una tierra que sea por los motivos que sea siempre se nos quedaba pendiente en nuestra agenda viajera. A veces, las oportunidades para cumplir un sueño viajero se producen por casualidad, o quizás el destino tiene una forma curiosa de ponerte en el camino tus sueños. Gracias a la invitación recibida por nuestra colega bloguera Lily and Spain, ¡por fin ponemos rumbo hacia la desconocida Cantabria! para disfrutar durante un fin de semana de algunos lugares emblemáticos de la comarca de Asón-Agüera-Trasmiera en la zona oriental de la provincia.

Un fin de semana parece poco, pero si planificas bien los lugares y puntos de interés a visitar, puedes sacar provecho a los cortos días de finales de otoño y principios de invierno.

Tras un largo viaje por carretera desde Barcelona llegamos hasta la localidad de Valle el viernes por la noche. Traemos una inseparable compañera de viaje, la lluvia a la que sigue una bajada de temperatura, pero nos da igual ¡qué un poco de agua y frío no te desanime a viajar o a emprender nuevas rutas!

Imágenes de postal en la desconocida Cantabria: Asón – Agüera – Trasmiera

En el hotel Palacio de Ruesga nos espera una confortable acogida y un sueño reparador entre viejas historias de señores de otra época. Nuestra habitación está situada en una de las dos magníficas torres que dan personalidad a la vieja casona.

Como es de noche no somos capaces de apreciar el entorno natural que nos envuelve, pero en cuanto amanece y abrimos las ventanas, el valle del Asón nos hechiza.

Entorno del hotel Palacio Torre de Ruesga

El desayuno siempre es un buen momento para tomar contacto con la zona, degustar productos típicos y conversar sobre las oportunidades que nos ofrece un lugar.

El primer destino del día nos espera a pocos kilómetros, Asón, localidad de la que parte una de las joyas del senderismo cántabro, la ruta al nacimiento del río de mismo nombre quien provoca, en su alumbramiento, una de las cascadas más impresionantes de la zona.

Dejamos el coche bien aparcado junto a la ermita de San Antonio, en una zona preparada para acoger a visitantes. Un conjunto de casas rurales y una pequeña oficina informativa dan el toque “urbano” al lugar. En ese momento somos las únicas personas interesadas en hacer la ruta, no vemos más gente, ni ningún otro coche en el aparcamiento.

Complejo rural en el inicio de la ruta

Nada más salir del coche caemos rendidos ante la belleza del paisaje que tiene su culminación en la cola de caballo del río Asón. La lluvia se hace más fuerte, pero un poco de agua no nos detendrá (o eso creemos). Abrimos paraguas y nos dirigimos al sendero PR S14. 

Sorteamos el río a través de un puente. Los contrastes otoñales que provocan robles, fresnos y hayas dan un toque mágico al lugar, ¡sonreímos contagiados por el buen rollo que desprende este sitio!

El otoño, la niebla y la cascada del Asón

Las imágenes que nos regala el entorno, los delicados colores otoñales, el fuerte rumor que provoca el río y la magia del paisaje nos atontan durante un buen rato, parece que una mano misteriosa nos tenga enganchados ente el puente y la senda, bajo el cobijo de un impresionante árbol que filtra las gotas de lluvia.

Inicio del sendero al nacimiento del Asón

Tras el momento ensoñación seguimos la senda que transita junto al bosque ribereño que nos da la bienvenida en este húmedo y frío día de otoño.

El otoño da color  a la desconocida Cantabria 

El bosque da paso a amplios prados de hierba verde, en este punto nos topamos con un grupo de curiosos y desconfiados compañeros, un rebaño de cabras que sigue nuestros pasos inudando el valle con el cadencioso sonido de sus campanas.

A lo largo del camino encontrarás alguna zona vallada con puerta ¡no te preocupes, puedes traspasarla! solo debes tener cuidado de dejarla cerrada para que los animales no se escapen.

Compañeros de ruta junto al río Asón

Buen calzado, ropa de abrigo y paraguas, el mejor remedio para la lluvia

La lluvia y las neblinas son cada vez más persistentes, a pesar de caminar con paraguas, buen calzado y ropa de abrigo no nos queda más remedio que dar media vuelta si no queremos acabar empapados.

Aún así, disfrutamos de un camino muy agradable que invita a la continua pausa para respirar el paisaje. El Asón baja muy cargado de agua por lo que forma pequeños saltos de agua y bellos remolinos de los que hemos disfrutado igualmente aunque nos queda la espinita de no haber llegado hasta su nacimiento.

En el punto de partida coincidimos con un grupo de espeleólogos. Nos informan que la zona es famosa por la numerosa red de cuevas que se pueden visitar. ¡No lo sabíamos! Ya tenemos otro motivo para regresar.

Símpatico grupo de espeleólogos que nos cuentan anecdotas y curiosidades del Alto Asón

La lluvia cesa cuando llegamos a la localidad de Arredondo. El color de los árboles, los brillos que producen las gotitas de agua, la típica arquitectura y un cartel que indica Centro Ictiológico nos hacen parar.

El río Asón fluye ahora más abierto y tranquilo dibujando un fotogénico paisaje de montaña. Además, la pureza de sus aguas ha generado la creación de un centro de recuperación y cría del salmón.

Centro Ictiólogico de Arredondo

El centro se ubica en las instalaciones de un antiguo molino harinero que posteriormente se utilizó como central eléctrica. De ambos usos aún se pueden apreciar algunos elementos.

La visita es imprescindible si te encuentras por la zona, sobre todo si vienes con los más pequeños que disfrutarán del gran acuario que contiene especies autóctonas de los ríos de la zona.

Arredondo deja bonitas estampas en nuestra retina que se suman a la aportación pedagógica del centro de interpretación, el primero que hemos visto de estas características en nuestros viajes por España.

Se acerca la hora de la cominda, tomamos de nuevo el coche hasta la próxima parada. Dejamos atrás el maravilloso entorno del Asón. A unos cincuenta kilómetros nos espera el valle del río Agüera. Me asombra la cantidad de valles que contiene Cantabria, no me extraña que lleve el sobrenombre de infinita, ya que así lo parece.

LLegamos a Trebuesto en plena fiesta de Santa Catalina. La localidad celebra un popular mercadillo de productos locales conocido como “El Tardiego”. La música y el buen ambiente nos enganchan enseguida y antes de comer en la Posada Cantabria nos dejamos embriagar por la celebración.

Mercadillo “El Tardiego” en la localidad de Trebuesto

Imposible no pobrar los ricos productos que venden los productores y artesanos locales. Pasiegos, vinos, torrijas, quesos, miel. Algunos de ellos vendrán para casa.

Enfrente del espacio festivo se encuentra el restaurante donde nos espera un buen yantar. El festín que nos damos es inolvidable. La posada es restaurante y hotel, una apuesta acertada en pleno ruta del Camino de Santiago del Norte a pocos kilómetros de la costa del Cantábrico.

¡Nos ha costado levantarnos de la mesa! Son casi las cinco de la tarde cuando abandonamos el lugar para proseguir nuestra ruta, quedan pocas horas de luz y antes de que caiga la noche queremos llegar a uno de los lugares emblemáticos de la región.

Buena selección de platos en la Posada Cantabria

Por suerte, todavía hay luz natural cuando arribamos a Ampuero, desde allí, una carretera local sube hasta la localidad de La Aparecida, sede del Santuario de la Virgen de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria.

El lugar, elevado sobre los cercanos valles es muy bonito. Las instalaciones son muy buenas, cuenta con aparcamiento gratuito, tienda de souvenirs, restaurantes y área de ocio.

La hora azul nos deja mudos, los contrastes entre el verde de la montaña, el reflejo del santuario en los charcos que ha provocado la lluvia, los colores narajas de las luces recién encendidas y el magnífico gris del santuario forman un conjunto único.

En el interior del santuario destacan la diminuta imagen de la virgen y los magníficos retablos churriguerescos del altar. Me soprende lo sencillo del lugar, nada sobrecargado, pero de fuerte componente emotivo para los cántabros.

Santuario de la Bien Aparecida

Nuestra Señora de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria

Antes de regresar al hotel hacemos una visita rápida a Laredo que se encuentra cerca de Ampuero. Es ya de noche cuando llegamos, pero la ciudad está muy animada, sobre todo la zona del casco antiguo que nos sorprende con su rico patrimonio y pasado histórico.

Laredo nos causa buena impresión ¡volveremos en primavera o verano! El agotador día hace mella en nuestros cuerpos, por consenso decidimos regresar al hotel para disfrutar de sus acogedoras estancias antes de cenar.

El merecido descanso del viajero

Un nuevo día amanece en Ruesga. Nos levantamos temprano para aprovechar la mañana antes de regresar a Barcelona. Nuestro destino para hoy es la Cueva de Covalanas en Ramales, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2008.

El reparador desayuno recarga las pilas. Nos cuesta abandonar el hotel ¡se está tan bien! pero, nuevas aventuras nos esperan por la desconocida Cantabria, así como un largo viaje de regreso hasta casa.

Ramales está a diez kilómetros de Valle. Las indicaciones para llegar hasta Covalanas son muy buenas por lo que resulta imposible perderse. Para visitar la cueva es imprescindible hacer reserva previa ya que cada hora entra un grupo de ocho personas máximo debido a la sensibilidad e importancia de las pinturas y por el pequeño tamaño de la oquedad.

Nosotros hemos reservado. Llegamos con tiempo de sobra para disfrutar del espectacular mirador de Covalanas, punto estratégico y bien ubicado a pocos metros de la cueva. Y aquí caemos rendidos ante la belleza de Cantabria.

Mirador de Covalanas – Ramales

La lluvia juega con el sol durate un rato hasta que consiguen crear un tímido arcoiris, ¿qué más podemos pedir?

Esta es la cara que se te queda en medio del paisaje infinito de la desconocida Cantabria

Para acceder a la cueva hay que subir un sendero de unos 400 metros que te va elevando al cielo. Cantabria al final nos regala un precioso día de sol para mostrarnos su infinita belleza.

Sendero hacia la cueva de Covalana

La visia guiada es muy interesante. Aprendemos que estas cuevas son más antiguas que las de Altamira y que en ellas se utilizó la técnica del trazado punteado o baboso. Se aprecia un conjunto de pinturas de gran realismo que representan a dieciocho ciervas, un caballo y un uro. 

La cueva visitable no llega a 500 metros de profundidad y siempre se entra con guía. El recorrido dura una hora aproximadamente y es muy entretenido tanto para mayores como para los más pequeños.

Acceso a la cueva de Covalanas

Una vez en el interior no se permite hacer fotos ni filmar. Nos parece muy bien este tipo de medidas, a veces la obsesión por la foto o por una toma de vídeo acaba con la magia de los lugares y mitiga las excepcionales explicaciones de los guías.

Con los ojos cargados de bellas instantáneas nos despedimos de la desconocida Cantabria. Prometemos regresar en breve para continuar descubriéndola. Un fin de semana sirve como toma de contacto y permite conocer algunos lugares puntuales, pero Cantabria bien se merece un pausado recorrido.

Vídeo la desconocida Cantabria

Versión del vídeo en 3D

Nota de autora: Este artículo forma parte del blogtrip #LadesconocidaCantabria. Agradecemos a turismo de Cantabria Rural Oriental su invitación. Nuestras opiniones son independientes y se basan en nuestra propia experiencia. Este tipo de colaboraciones nos permite seguir adelante con nuestro proyecto viajero.

Sobre El Autor

Viajera empedernida, me encanta descubrir historias, personas y lugares anónimos, curiosos, ocultos a los ojos. Un objetivo: la vuelta al mundo!

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